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miércoles, 13 de enero de 2021

ASALTO AL PODER

 

Dentro de unas semanas se cumplirá el 40 aniversario del golpe de estado del 23F. El 27 de octubre de 2022 hará un siglo de la ‘marcha sobre Roma’ de las legiones fascistas de Mussolini. El día de Reyes las huestes de Trump asaltaron el Capitolio, sede de la soberanía popular en EEUU. ¿Hay algún parecido entre estos acontecimientos? Los tres hechos intentaron reconducir una situación política que no agradaba a sus protagonistas. Los tres fueron la punta del iceberg de un golpe de estado para imponer por la fuerza los deseos de la élite más reaccionaria. Los tres usaron la fuerza (incluida la movilización de masas) para consolidar el dominio de los privilegiados. La rebelión de los ricos. Pero hay diferencias. Además del tiempo transcurrido, no concurrieron las mismas circunstancias históricas. El asalto al Capitolio fue la guinda con la que Trump cerró su autoritario mandato. Fue el resultado de años de actos, arengas y descalificaciones para deslegitimar el sistema democrático que lo encumbró. ¿Sólo eso? Claro que no.

No había nada anecdótico ni imprevisible en que Trump, llevado por su megalomanía y sus intereses, intentara perpetuarse en el poder. Como no lo hubo en su elección por el Partido Republicano. Trump es populista, histriónico, hijo de papá, multimillonario, showman durante 12 temporadas de The Apprentice, programa de la cadena NBC a su medida, en el que se interpretaba a sí mismo, y que le sirvió para reflotar sus negocios. Gracias a ese capital y a la reforma de Bush Jr., pudo presentarse a las primarias republicanas sin el apoyo del aparato de su partido. Así labró su imagen de outsider, de antisistema contra el establishment. Miembro del clan de especuladores amamantado por el capitalismo, Trump tejió con tuits y donaciones su red de apoyos incondicionales, entregados creyentes de sus fake news, retuiteadores acríticos, milenaristas creyentes en la próxima invasión marciana, supremacistas blancos temerosos del fin de su mundo. Sólo necesitó adobar su discurso de odio con cantos de sirena a las víctimas de la globalización para tener la fórmula del éxito. Trump es Trump y Steve Banon su profeta. Aquí tienen hooligans.  

Admitido como ‘elefante’ del Partido Republicano, amplió su electorado integrando a la extrema derecha. Eso explica su incremento de votantes. La Covid-19 le pilló en otra onda. Y sumó negacionistas y antivacunas a su nómina de frikis y evangelistas, neofascistas y desencantados. Una de las imágenes más icónicas del asalto al Capitolio fue la de Jake Angeli -‘QAnon Shaman’, líder de la secta ‘Q’- ataviado como Yellowstone Wolf, con pieles y cornamenta. Trump es el ‘Q+’ de esa secta. ¿Era Trump el elefante blanco que esperaban en el Capitolio? Poco antes del asalto, Trump incitó a sus fieles a invadir a lo bárbaro el Capitolio. Había que romper las urnas del penúltimo acto del proceso electoral. La minoría supremacista blanca no podía perder la oportunidad que le brindaba el aún presidente de consolidar su revolución reaccionaria. Pero hay más. EEUU ha perdido la hegemonía ante una China imparable, hasta en el campo tecnológico más avanzado. La lógica capitalista y la globalización neoliberal han deslocalizado millones de empresas, llevando a la ruina y al paro a amplias capas de la población. La desigualdad aumenta, y con ella el descontento.         

Insurrection”, así calificó Joe Biden lo ocurrido en Washington el 6 de enero. Insurrección, rebelión, golpe de estado son grados de un mismo acto: romper las reglas del juego democrático. Sólo la enmienda 25 o un nuevo impeachment pueden sacar a Trump - Hitler made in USA- de la carrera política. Zuckerberg lo ha expulsado de sus redes sociales (Facebook y Twitter) por incitar al odio. ¿Ahora? ¿No debería haberlo hecho un juez?, se pregunta Borja Adsuara, autor de Libertad de expresión y discurso del odio en Twitter.      

FILOMENA

                Apenas comenzado 2021, en medio de la pandemia y del asalto al Capitolio, nos llegó la anunciada tormenta perfecta. A pesar de la acertada previsión meteorológica, la previsión técnica brilló por su ausencia. La combinación de la borrasca Filomena y una bolsa de aire polar provocó un temporal de frio y nieve en la península sin precedentes desde hacía medio siglo. Más del 10% de las infraestructuras viarias (incluido el ferrocarril) quedó fuera de juego. El eje mediterráneo fue el cordón umbilical con el continente.

                Fenómenos extremos como Filomena cada vez son más frecuentes. Muestra de la crisis climática. La peor de las muchas que arrastramos. Todas confluyen y se potencian en ese magma de miedo, injusticia, malestar y rabia en el que medran quienes asaltan el poder para mantener sus privilegios. ¡Atentos!

URBANO GARCIA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Asalto al Capitolio USA, Washington, 6 de enero de 2021. Republica.com

martes, 5 de enero de 2021

PRESUPUESTO

 

Participio del verbo presuponer. Es una de las acepciones contempladas en el diccionario de la Academia, pero no es la única. Presuponer es como prever lo que se supone, o suponer lo que se prevé. Motivo, causa o pretexto con que se ejecuta una cosa. Adelantar lo que está por ocurrir. Una bola de cristal.   

Presupusimos que 2020 sería un buen año. La simetría de su construcción, la redondez de sus guarismos, la belleza del “0” que diría Umberto Eco, o el desfile de “patitos” que recitaría Gloria Fuertes. Todo nos llevaba a presuponer que un año tan redondo no podía traer nada malo. ¡Qué equivocados estábamos! A veces el aspecto defrauda. La apariencia engaña. Suelen hacerlo engatusadores y mercachifles. Detrás de su buen aspecto ocultan las malas artes del estafador. Tras la máscara de ser gente corriente camuflan la tramoya del engaño. A veces nos autoengañamos presuponiendo que algo irá mejor, sin querer ver que todo apunta en sentido contrario. Presuponemos, por ejemplo, que con la creación de una vacuna contra la Covid-19 tenemos ya resuelta la pandemia. Como si el tiempo no existiera. Como si entre su descubrimiento y la vacunación generalizada no hubiera un largo tránsito, un vía crucis lleno de obstáculos, de dificultades, de abismos de desigualdad insalvables. Como si entre un momento y otro no existiera la muerte. Como si el tiempo se parase y la primera peste del siglo XXI quedara en suspenso. Como si entre la inmunidad de rebaño y el rebaño a secas no hubiera distancia. Olvidamos que lo presupuesto sólo es una previsión, oráculo de un futuro por confirmarse. Para llegar a esa meta hay recorrer todo el camino.       

FRACTURAS  

                Cuando 2020 llegaba a su fin, Esperanza Obrera, el grupo que desmontó el happening fascista y patriotero de las banderas de plástico en la playa de la Malvarrosa, ocupó la antigua y céntrica sede de Unicaja en València y abrió un banco de alimentos para los miles de desahuciados que está dejando la pandemia. Qué mejor uso para una entidad bancaria que convertirse en un banco de alimentos para dar de comer a quien apenas tiene nada. Sin cuotas ni carnets identitarios, sin purezas de sangre ni otras zarandajas. Solidaridad sin etiquetas, sin exigir pedigrís racistas que tanto gustan a la extrema derecha.

Presuponíamos que “el bicho” nos haría más humanos, más solidarios con el dolor ajeno, más empáticos. Es posible. Pero también en cierto que la brecha de la desigualdad se ha ahondado, que la mayoría es más pobre que ayer, y que sólo unos pocos se han aprovechado de la situación para hacerse más ricos. La pandemia está profundizando la fractura social. Nada nuevo. Lo cuenta José Enrique Ruíz Doménec en El día después de las grandes epidemias, un relato en el que el historiador nos enseña cómo actuaron la nuestra y otras sociedades ante episodios pandémicos que diezmaron sus poblaciones. No aprendemos.

Presuponemos que cuando todo pase, que pasará, zurciremos los rotos y descosidos que la pandemia está dejando. Que sustituiremos el remedio temporal de los ERTE por un sistema productivo más justo y sostenible. Que priorizaremos la solidaridad y la amistad frente al egoísmo y la usura. Que mejoraremos nuestros sistemas públicos de sanidad y educación. Que las residencias para la tercera edad dejarán de ser aparcamientos de ancianos con los que seguir haciendo negocio con la vejez. Presuponer no significa que ocurra. Para pasar de la presuposición a la realidad hace falta voluntad, exigencia y tesón.

FACTURAS

                El año de la pandemia deja un cajón lleno de facturas sin pagar, a cuenta de unas ayudas europeas condicionadas a planes de desarrollo sostenible. La UE ha entendido que con austeridad es difícil construir un futuro ilusionante. De los austeros polvos sembrados por las derechas -las europeas y las hispanas-, los lodos que siguen asfixiando la sanidad pública y lastrando nuestro escuálido estado del bienestar. Tener Presupuestos Generales del Estado es la primera condición para recibir las ayudas europeas. Son fundamentales para diseñar una sociedad más justa e igualitaria. Los nuevos PGE pusieron punto final a los presupuestos pergeñados por Montoro & Rajoy para mayor gloria de la desigualdad y la injusticia. Nadie presuponía que esos presupuestos de recorte y austeridad se alargarían hasta la extenuación. ¡Feliz 2021! 

URBANO GARCIA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen:

1.       Antigua sede de UNICAJA en València okupada por Esperanza Obrera. Última Hora.

lunes, 28 de diciembre de 2020

CUANDO LA TORMENTA PASE...

 

“… Y se amansen los caminos, y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo, con el corazón lloroso y el destino bendecido nos sentiremos dichosos tan solo por el hecho de estar vivos…”, el poema atribuido a Alexis Valdés, Mario Benedetti y Kitty O’Meara, corre por las redes como una descarga de adrenalina empática. Lo más importante es lo que dice el poema, no quien lo dice. Nada mejor que un canto de esperanza al final de un año de pesadilla. El inicio de la vacunación llena los bolsillos de esperanza, aunque los datos sobre la infección por el virus SARS-CoV-2 siguen siendo muy preocupantes. Las cifras se disparan en todo el mundo, poniendo las unidades de cuidados intensivos de los hospitales al borde del colapso. La emoción del momento no debería nublarnos la prudencia. De las muchas mutaciones que ha tenido el coronavirus, la más contagiosa, hasta ahora, saltó de las “aisladas” islas británicas al continente. No hay fronteras para un virus globalizado, ni con Brexit ni sin él.         

FUTURO

Dicen que los ideales es lo primero que empeñamos. Que los sueños, sueños son, y apenas cotizan en el mercado de las chuches. Pero mientras nos tienen cautivados, los sueños son capaces de causar grandes estragos. El agónico acuerdo para la desconexión británica de la Unión Europea es un buen ejemplo. Muchos británicos sueñan con volver a glorias imperiales hace tiempo perdidas. Muchas de las páginas del acuerdo con la Unión son cautelas europeas para un socio que no siempre ha sido leal. Si no hubo lealtad cuando más lazos e intereses tenía con los miembros de la comunidad europea, no hay motivos para pensar que a partir de ahora va a ser diferente. Gran Bretaña no sólo no se integró en la eurozona, sino que hizo de su City el buque insignia para especular contra el euro. Es bien conocida la pasión británica por el juego, por la apuesta, por la especulación. El Brexit es su última gran lotería nacional. Desde que los euroescépticos consiguieron convencer -mediante fake news y manipulaciones- a una escuálida mayoría de las bondades del divorcio, la espiral de desencuentros no ha hecho más que crecer, mientras el contexto internacional experimentaba importantes mutaciones. El gran aliado del Brexit, digo de Trump, ya es agua bajo el puente de la historia, aunque sigue teniendo margen para continuar haciendo fechorías durante los pocos días que le quedan como residente en la Casa Blanca. Tampoco figuraba en la bitácora de la escisión la pandemia que aún nos tiene asolados. Ni la fortaleza de una Unión Europea capaz de hacer frente a uno de sus mayores retos, sin deshacerse como un azucarillo. Nadie sabe aún cómo repercutirá el Brexit sobre la Unión Europea, ni sobre Gran Bretaña. Por lo pronto, estamos contemplando el tráiler de una película de catástrofes.              

VACUNAS

                Dicen que son el principio del fin. Permitirán que esta tormenta pase. Al menos, ese es nuestro sueño, que termine la pesadilla. Con buen criterio, la administración de las vacunas ha comenzado por dónde más golpeó la pandemia: las residencias de ancianos. Araceli, 96 años, residente, y Mónica, 48 años, enfermera, ambas de la residencia Los Olmos de Guadalajara, fueron las primeras en ser vacunadas. Después comenzó una campaña que permitirá doblegar la Covid-19 que tanto daño nos está haciendo. Pero hasta entonces no hay que bajar la guardia, como insisten las autoridades sanitarias.

                Cuando esta tormenta pase… nada volverá a ser igual. La pandemia está dejando una profunda huella. Y no sólo por los seres queridos que nos ha arrebatado. La Covid-19 ha trastocado vidas y haciendas, costumbres y ritos. Durante 2020 hemos establecido nuevas prioridades. Algunas perdurarán. Durante 2020 hemos relativizado valores que pensábamos inmutables. Hemos descartado viejas e insanas costumbres que no deberían volver. Hemos diferenciado lo importante de lo urgente. Lo útil de lo accesorio. Lo fundamental de lo prescindible. Cuando esta tormenta pase… nos seguiremos acordando de ella. Y aunque volvamos a viejas rutinas, tendremos que desempolvar la agenda y retomar asuntos pendientes. Tormentas que siguen amenazando nuestro horizonte. Y pienso en la crisis climática, por ejemplo. Cuando esta tormenta pase…

URBANO GARCIA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: El cielo anuncia vendaval. 



lunes, 21 de diciembre de 2020

DIGNIDAD EN EL AÑO DE LA PANDEMIA

 

El viernes 18 amanecimos siendo un país más digno. Un país que amplía derechos, que protege más la verdadera libertad. Un país alejado del uso torticero al que nos tienen acostumbrados unas derechas liberticidas, sin escrúpulos, pero con muchos intereses. Amanecimos siendo un país más digno, un país que protege el derecho de vivir y morir con dignidad, cuando vivir es morir día a día bajo tormentos insufribles, cuando el paraíso de la vida se transforma en el infierno de vivir una vida que no es vida. Un país más digno no impone nada a nadie. Un país más respetuoso con las personas. El derecho a una muerte digna es eso, un derecho. Los derechos no son obligaciones, ni comulgar con ruedas de molino, ni el dogma con sangre entra… Un derecho es un derecho. Un derecho a libre disposición de quien lo necesite. Ampliar derechos es ganar en dignidad, nos hace más libres.

                La educación también es un derecho. El Estado debe garantizar que todo el mundo tenga acceso a ella con la máxima igualdad posible. Lo dice la Constitución. La educación elitista o segregada no es un derecho. Es una opción. No parece muy justo ni muy digno pedir que el Estado la financie, mientras faltan recursos para una enseñanza pública de calidad. Somos uno de los países de la UE que menos invierte en educación, y somos uno de los que más dinero da a la enseñanza privada. La fórmula de los conciertos, provisionales y limitados, se creó para completar la educación pública allá donde ésta aún no llegaba. Los gobiernos del PP hicieron de la ley una trampa para desviar recursos. Así se han seguido financiando la gran mayoría de centros privados, cumplan o no con sus obligaciones, educativas y constitucionales. Esa sigue siendo otra de las fuentes de financiación de una iglesia católica que confunde educación con dogma, y libertad con monopolio ideológico.      

CORONABREXIT

                No hemos terminado aún de contar ataúdes a causa de la pandemia. La vacunación contra el SARS-CoV-2 está a la vuelta de la esquina, pero aún no la tenemos. Y el virus sigue tan activo como siempre, o más. Una mutación ha puesto al descubierto una cepa del coronavirus con más capacidad de contagio, si cabe. La mutación se detectó en Gran Bretaña, cuando aún no había acuerdo para su desconexión de la Unión Europea. Vivimos una realidad compleja que encima está siendo sacudida por la primera peste del siglo XXI. Gran Bretaña decidió aislarse la víspera de su divorcio comunitario. Las islas optaron por adelantar el corte del frágil cordón umbilical que las mantenían unidas al continente europeo, como si quisieran ensayar el Brexit y prepararse para el previsible caos que le acompañará. El populismo de los tories ha situado a la Pérfida Albión al borde del precipicio.

La magnífica serie Years and years apenas es una broma comparada con la caótica realidad a que Boris Johnson, mentiroso compulsivo e iluminado, ha abocado a su país. Es difícil imaginar alguien tan estúpido, capaz de dispararse un tiro en el píe pensando que no es el suyo. Vuelos cancelados, túnel del canal de la Mancha cerrado al tránsito, colas interminables de camiones cargados de mercancías para una isla que ha hecho de su aislamiento una seña de su identidad. Lástima que John le Carré ya no esté con nosotros para contarlo.

                La extensa colonia británica residente en tierras valencianas, mayoritariamente contraria al Brexit, debe de estar al límite de su flemática paciencia. Era difícil imaginar un final tan agónico en la negociación de la ruptura.    

EL AÑO DE LA PESTE

Y es que termina el año de la pandemia con claros síntomas de que la normal anormalidad no volverá, que normalizaremos una nueva anormalidad, como la llama Nicolás Sartorius en su último libro. Algunos lloran por unas navidades que tampoco están siendo como años anteriores. Nada lo está siendo. Para seguidores de augures y pitonisas, les diré que este año la sangre de San Genaro no se ha licuado. Júpiter y Saturno se alinearon el lunes 21 en una conjunción planetaria que se dio por última vez hace 8 siglos, y que no volverá a darse hasta dentro de 60 años. ¿Mal presagio? Lo dudo. Peor que el 2020 no puede ser. El año que se va pasará a los libros de historia como el de la peste del siglo XXI, o del coronavirus. Año de confinamientos y balcones, de cuarentenas y anulaciones. Año sin fallas ni Semana Santa, sin fiestas ni procesiones. Sin verano ni primavera. Año de ERTES que evitaron algunos ERES. De cierres y paro. Año en que hubo que optar entre salud y economía, como si fueran incompatibles, como si fuera posible que sobreviviera la economía sin que sobreviviera el resto. Año que aumentaron las desigualdades. Los ricos más ricos, los pobres más pobres… Año en que la mayoría cumplió con sus obligaciones, mientras unos pocos dieron la nota saltándose las recomendaciones sanitarias. Lo digo por esos estudiantes descerebrados del Colegio Mayor Galileo Galilei que volvieron a ponerse las normas por montera.

En resumen, y a pesar de la que está cayendo, hemos vuelto a poner muy alto el listón de nuestra dignidad.  

URBANO GARCIA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Muerte digna. MATS Sanidad.  


miércoles, 16 de diciembre de 2020

DE VACUNAS Y SAQUEOS

                La ciencia avanza gracias a la cooperación internacional. Bajo ese principio hemos llegado, en un plazo impensable hace unos meses, a un horizonte con varias vacunas contra el SARS-Cov-2. Y de repente, en medio de una realidad aún estremecida por el terrible impacto de la pandemia, emergen, como si fueran tiranosaurios salidos de El Mundo Perdido de Conan Doyle, las empresas farmacéuticas buscando el mejor bocado en la Bolsa. Por encima del mundo cooperante y solidario se impone el cosmos competitivo de las finanzas. La “mano invisible” que mueve el mercado hace con la salud lo mismo que hizo Ana Botella con las viviendas sociales de Madrid, dárselas a fondos “buitre” para especular con el derecho a una vivienda digna. Algunos mal pensados dicen que es el capitalismo. No digo que no. Es lo que parece. Por lo pronto, y cuando aún no ha comenzado la vacunación, salvo en China, Rusia, Gran Bretaña y EEUU, el 14% de la población del planeta ya se ha asegurado el 53% de las vacunas. Sobra decir que ese 14% corresponde a los mal llamados países ricos. Y en estos, sólo en los que haya sanidad universal, y en los que primen criterios universales para atajar la pandemia -se supone que en todos-, la vacuna llegará a todas sus poblaciones. Cuando redacto estas líneas, sólo Sudáfrica y la India se han sumado a la petición de las ONGD, encabezadas por Oxfam, solicitando a la Organización Mundial del Comercio que anule las patentes y facilite la tecnología necesaria para llevar a cabo una vacunación masiva contra el coronavirus. ¿Qué harán las farmacéuticas? Por lo pronto han rechazado participar en el Fondo de Acceso a la Tecnología Covid-19, creado por la OMS para compartir conocimientos, propiedad intelectual y datos. El negocio es el negocio, con o sin pandemia, deben pensar.   

LA BLACK Y O PAZO

                Aún colea la mordida de algunos consejeros de Bankia a cuenta de las tarjetas black de la entidad financiera, y aparece otra black, esta coronada, a la vuelta de la esquina. Dicen los cronistas del reino y el fiscal suizo que instruye la causa “Corinna” que la tarjeta se la dio al emérito el empresario mexicano Allen Sanginés-Krause para que hiciera uso de ella a discreción. Y vamos si la usó. Hasta la infanta Elena cargó a cuenta de la opaca tarjeta una yegua para su hija Victoria-Federica. Otro nieto, digo de Froilán, también se benefició de tan discreto y esplendido fondo. Al menos en ese banquete, la familia Borbón comparte mantel.

                Hay tradición familiar. Tras morir Franco, poco después de que Juan Carlos fuera nombrado Jefe de Estado y Rey, su padre, don Juan, viajó de Estoril a Barcelona para reunirse con algunos amigos empresarios. El mensaje que les transmitió fue claro: apoyo a su hijo y un donativo para la causa. Había que reponer las arcas familiares después de tantos años de exilio. Desde que Carlos IV “fue exiliado” por Napoleón a Bayona y abdicó en su hijo Fernando, los Borbones en España no han conocido más que exilios y restauraciones manu militari. La última la hizo Franco. Así no hay forma de amasar fortuna, debe pensar el emérito.

                El 10 de diciembre, casi al mismo tiempo que Juan Carlos I saldaba parte de su deuda con Hacienda, el Pazo de Meirás, construido por Emilia Pardo Bazán y usurpado por Franco, pasó a ser propiedad pública. “O Pazo é do pobo”, decía una pancarta del BNG desplegada a la entrada del caserón. En 1940, Franco pasó de vivir de su sueldo y de la herencia de su mujer a tener una fortuna equivalente a 388 millones de €, cuenta Ángel Viñas en La otra cara del caudillo. Capital amasado en solo 4 años, gracias a apropiarse de las donaciones a la causa golpista. Es fácil imaginar el expolio tras 40 años de poder absoluto. El Pazo de Meirás es la punta del iceberg de un saqueo que empezó el 18 de julio del 36 y no terminó hasta el 20-N de 1975.    

 MEMORIA

                Como decía Vázquez Montalbán, “la transición no fue una correlación de fuerzas sino de debilidades”. Ninguno de los actores tuvo suficiente fuerza o destreza como para imponerse a los demás. El resultado fue un cúmulo de renuncias, inexplicables con la perspectiva del tiempo. Tal vez por eso se corrió un estúpido velo por los breves periodos democráticos que hemos tenido. Sin memoria de ese pasado nos hemos sentido un poco huérfanos, diferentes y raros. Había que cerrar con siete llaves la caja de Pandora, para que no saliera ningún trueno. La nueva ley nace con voluntad de solventar cuestiones pendientes. Por ejemplo, qué hacer con una fundación que glosa la figura del dictador. Un anacronismo que dura ya 42 años.

URBANO GARCIA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Entrega de las llaves del Pazo de Meirás, 11 diciembre 2020. EFE


lunes, 7 de diciembre de 2020

SEDICIÓN


Golpe, pronunciamiento, sublevación, rebelión, alzamiento, … ¿Cómo calificar las amenazas a la democracia lanzadas en WhatsApp por un grupo de militares? Retirados, ¡sí!, pero que cobran del erario sus pensiones y sobrepensiones a base de múltiples medallas y laureadas. ¿Cómo llamar a quienes lanzan amenazas de muerte a decenas de diputados y a millones de ciudadanos por no comulgar con sus opciones franquistas? “No queda más remedio que fusilar a 26 millones de hijos de puta”, dice Francisco Beca, exgeneral de división, con el aplauso de los neofranquistas que ocupan escaño en el Congreso. ¿Cómo calificar una Justicia que ve sedición en unos titiriteros y no la ve en estos golpistas? No hablan del pasado. No lo dicen desde el rincón de la nostalgia. No añoran el ayer. Es lo que les gustaría para hoy y para mañana.

El Ministerio de Defensa ya lo ha puesto en manos de la Fiscalía del Tribunal Supremo de Madrid. Veremos qué hace Felipe VI, exjefe de esta cuadrilla de facinerosos. A Juan Carlos, mejor no preguntarle. Podríamos llevarnos una desagradable sorpresa. Desde los púlpitos de la derecha hablan de ámbito privado cuando se refieren al WhatsApp de los exmilíticos. No sé si esperan que actúen a cara descubierta, con premeditación, ensañamiento y alevosía para distanciarse de ellos. En 1981, en vísperas del intento de golpe de Estado del 23F, circulaban con profusión por los cuarteles El Alcázar, ABC, y los chismes propagados por Fuerza Nueva llamando a la sublevación militar. Ahora circula el golpismo digital. Entonces, Blas Piñar era el único diputado que tenía el neofranquismo. Ahora, los que se consideran hijos ideológicos del dictador ocupan decenas de escaños. “Sí, son de los nuestros”, dijo una iracunda diputada sujetándose el brazo para que no la delatara. El neofascismo gobierna en Andalucía y Madrid gracias al PP y a C’s. No hay más que oír a Ayuso, la monja alférez del Manzanares, para saber quién marca el paso de oca en la capital del reino.

 ¡SALVAD AL REY!

                Felipe VI, el ahora titular, mantiene su silencio, a pesar de los llamamientos que recibe desde las filas de la red de ex militares facciosos, mientras que su padre -el emérito- ha escrito a Hacienda pidiendo regularizar su situación de defraudador del fisco. ¿Querrá Juan Carlos I comer los turrones en Madrid con la familia? Lo que ahora pide “el campechano” es saldar una parte mínima de su deuda fiscal, apenas medio millón de €. Quedará pendiente la deuda política, incluida la derivada de las comisiones del AVE a La Meca.

Como ocurrió en ocasiones anteriores, en que la monarquía borbónica entró en crisis, la culpa fue de los errores del propio monarca. Así llegaron la primera y la segunda repúblicas, breves periodos en los que la democracia asomó la cabeza. No hay dos sin tres. Quienes más reman a favor de la república son quienes defienden de forma acrítica una monarquía que, hace tiempo, da más problemas que soluciones.       

CONSTITUCIÓN

                Mientras que el jefe de Estado que la firmó se relajaba en un oasis junto con los reyes magos de Oriente, los que ni la querían ni la apoyaron se rompen ahora las vestiduras por ella. Entre la abstención y el “no” estuvo Alianza Popular, antecedente inmediato del PP, ambos fundados por Fraga y otros ex ministros de Franco. En el “no” se situó Fuerza Nueva, representante del franquismo más rancio y padrino de los Abascales. La Constitución de 1978 puso fin a las leyes fundamentales del Régimen, pero fue fruto de un acuerdo, de un pacto entre “no iguales”. Mientras unos, los herederos del Régimen, tenían la sartén por el mango y el mango también, los otros sólo tenían la fuerza de la razón y el apoyo de la calle. Poca cosa. La Carta Magna no tocó ni la ley sucesoria, que sigue estando como en tiempos de Fernando VII, esperando una Pragmática Sanción que permita la sucesión dinástica. La Constitución también introdujo importantes avances en derechos humanos y sociales. Y puso las bases de un Estado descentralizado, que 42 años después nada tiene que ver con el de 1978. Por cierto, hablando de Constituciones. Hay que recordar que Franco juró la de 1931 y eso no evitó que se levantara en armas contra ella, provocara una cruenta guerra y una larguísima dictadura que acabó con las libertades, instaurando un régimen represivo que murió matando. ¡Ah!, un detalle que se me olvidaba. Hasta 2006, una estatua ecuestre de Franco, similar a la que había en València, presidió la Academia Militar de Zaragoza. Hay contagios que no se cortan ni con zotal.

                URBANO GARCIA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imágenes: Ilustración militares. Uniformology  


miércoles, 2 de diciembre de 2020

FRACTURAS PATRIOTERAS

            Madrid rompe España. No es broma. Pero ha sido decirlo Rufián y armarse la marimorena. Felipe II hizo de Madrid la capital de la Monarquía imperial en 1561. Fijó su Corte en la Meseta, en un lugar de la Mancha al lado del Manzanares, y descartó Barcelona, la otra candidata. Madrid estaba y está en el centro de la península. Los caminos empezaron a entrar y salir de Madrid en un diseño radial digno de una utopía absolutista. Cuando los Borbones se hicieron con la corona hispánica, vieron en Madrid su nuevo París. Más lejos del mar y con un rio más pequeño, eso sí, pero con un imperio tras las bambalinas. De Sevilla y Cádiz salía la flota, pero eso era lo de menos. Lo importante era dónde llegaba el oro de las Américas.

Ser capital imprime carácter. Cuando el franquismo pasó por encima de la II República y de la democracia, hizo de Madrid la capital de su imperio de trampantojo y “zarzueleo”. Durante 40 años, Franco concentró en Madrid gran parte del gigantesco aparato de la dictadura y la burocracia a él asociada. Madrid, además de gozar de las ventajas de ser capital del Estado, centralizó todo lo centralizable y lo siguió centralizando cuando la descentralización hizo de la Capital también capital de una autonomía creada exprofeso. Capital del Estado y capital autonómica sin más identidad que serlo por partida doble. Sus símbolos identitarios: la plaza de Oriente y el estadio Santiago Bernabéu. Hasta que el PP descubrió que el mejor símbolo de Madrid era convertirlo en paraíso fiscal. Sirvan estas breves, superficiales y sesgadas notas a modo de preámbulo.

 ARMONIZACIÓN

                ¿Quién puede bajar los impuestos sin que se resientan sus cuentas? Sólo quien obtiene ingresos por otras vías. La fiscalidad autonómica deja poco margen de maniobra: parte del IVA, un tramo del IRPF, y algunos impuestos como el de patrimonio o el de sucesiones. Estos dos últimos, algo más importantes, están bonificados al 100% por la comunidad madrileña. Un informe del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas de la Generalitat (IVIE) sobre la fiscalidad de Madrid lo dice claro: “sus beneficios fiscales se concentran considerablemente en los contribuyentes de mayor renta y riqueza”. Eso es el dumping fiscal. Desde 2011, los millonarios con residencia fiscal en Madrid han escamoteado al fisco unos 6.000 millones de €, sólo en el impuesto de Patrimonio. Estos “no ingresos” han mermado las arcas públicas, repercutiendo en la calidad de los servicios. Servicios que, por cierto, los ricos sólo echan de menos en tiempos de pandemia.

El PP que hasta hace poco defendía la armonización autonómica a la baja, ahora defiende los privilegios fiscales en Madrid para grandes fortunas. El PP ha encontrado otra moto para vendernos: baja los impuestos. Habría que preguntarse a quién se los baja. No sé si, además de Roig, habrá muchos valencianos que se identifiquen con esa política fiscal sólo para ricos. Es difícil olvidar que la Valenciana es la autonomía peor financiada, y una de las que recibe menos inversiones del Estado. Así se construye la desigualdad.

Ayuso, adalid de la inequidad por gracia de Casado, se fue a Catalunya a vender su receta: bajar impuestos a los ricos y recortar servicios públicos a los pobres. Clave de bóveda del capitalismo. Ante la previsible debacle de C’s, el PP se ha lanzado a pescar en el supuesto caladero de votos catalán. Veremos qué dicen las urnas el próximo 14 de febrero. ¿Será un nuevo y sangriento San Valentín para las derechas?       

HOSPITALES

                El famoso hospital de pandemias junto a Barajas, sin personal ni equipos, inaugurado el 1 de diciembre a bombo, platillo y con cientos de banderas, iba a costar 50 millones y lleva gastados más de 100. ¿Quién paga los sobrecostes? ¿Quién está pagando las autopistas radiales de Madrid? ¿Quién paga el lucro cesante del proyecto Cástor frente a las costas de Castellón? Las políticas económicas construyen vasos comunicantes para transferir recursos de un lugar a otro. No es lo mismo dar mucho a los pocos que más tienen, quitando un poco a cada uno de los muchos que tienen poco, que hacer una política fiscal más justa y redistributiva. La economía es la madre de todas las políticas. Por eso es tan importante saber que sin impuestos justos no es posible sostener el Estado del Bienestar. Y como dice el magistrado Joaquim Bosch, “en un Estado Social hay que proteger más a los enfermos que a los millonarios”. Pues dicho está.  

                URBANO GARCIA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imágenes: Skyline de Madrid. Barbarella Blow.