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jueves, 17 de junio de 2021

GOOD VIBRATIONS

“Capto buenas vibraciones”, cantaban The Beach Boys, y me gustaba, claro que eso era antes de que supiera el suficiente inglés para entender la letra de sus canciones. Debía captarlas -las buenas vibraciones, digo- Susana Díaz cuando fue a votar el domingo 13 en las primarias de su partido. Al menos convocó a las meigas con su camiseta. Pero las vibraciones no le hicieron mucho caso, si atendemos al resultado de las urnas. Nadie sabe aún si se ha dado por enterada. Perder Andalucía después de haber sido el partido hegemónico desde las primeras elecciones autonómicas no es plato de gusto para nadie. Y mucho menos para ella que se sentó a comer con la mesa puesta. La vida interna de los partidos suele ser menos compleja de lo que parece a simple vista. No en todos los casos. Hay formaciones cuya complejidad aconseja ir con un hilo de Ariadna para no perderse. No es el caso de los socialistas, cuyas cartas individuales quedaron al descubierto cuando Pedro Sánchez se lo jugó todo por negarse a dar un voto de confianza a M. Rajoy. Pedro perdió el apoyo de la élite dirigente, pero ganó el aplauso de las bases. Aquella jugada contra la nomenclatura del PSOE catapultó a Sánchez con tal fuerza que aún le dura el impulso. 

Una de las socialistas que más se destapó fue Susana. Ximo Puig también, que apostó por la andaluza siguiendo la voz de su amo. A más de uno dejó descolocado. Luego Ximo se resituó. Por ahora no hay nadie que amenace con quitarle la silla. Susana se enrocó en Sevilla. Tocaba cambiar de cartel. 

CALMA CHICHA

Vivimos tiempos relativamente bonancibles tras la angustia de una pandemia que aún no ha terminado. La vacunación va a todo tren, y uno de los focos de mortandad de la Covid-19, las residencias de la tercera edad, ha recuperado una bien merecida calma. Si no hay sorpresas, no habrá elecciones hasta dentro de dos años. En tiempos de calma chicha es cuando aprovechan los partidos para hacer sus ajustes.

 Los acaba de hacer Podemos y el PSOE en Andalucía. También el PP de aquí cambió de cartel. Bonig fue defenestrada, a pesar de haberse hecho cargo de un PP en horas bajas. Para el relevo, dos por uno. El titular y su valido. Digo de Carlos Mazón, presidente de la Diputación de Alicante, y M.ª José Catalá, portavoz del PP en el Ayuntamiento de València, presidente y secretaria general, respectivamente, del PPCV, pendientes de ser confirmados por el próximo congreso. El primero, ariete contra la fortaleza Botànica desde la taifa alicantina; la segunda, bien relacionada con la jerarquía eclesiástica y transterrada a València desde su cortijo torrentí. A ambos les tocará mimar al neofranquismo, y bregar con el ectoplasma de Camps que amenaza, como Nosferatu, volver desde su tumba. Zaplana ya está amortizado.

También prepara cambios de calado el Bloc, la parte contratante de la primera parte de Compromís. El 26 y 27 de junio celebrará su VIII Congreso. Además de ampliar al máximo su baúl ideológico, el partido de Enric Morera tiene previsto cambiar de nombre y reforzar los liderazgos de Àgueda Micó y Vicent Marzà. Adaptar el valencianismo a los retos del siglo XXI no es poca cosa.

La otra pata de la coalición o casi federación que es Compromís, Iniciativa del Poble Valencià, el partido de Mónica Oltra, también calienta motores para su cónclave. Hace unos días reconoció a Més Iniciativa, més Compromís, una corriente dentro de la formación, nacida a su vez de una corriente de Esquerra Unida. Todo apunta a que en el próximo congreso de IdPV desparecerá el requisito de votar las corrientes para ser reconocidas. Un paso más en la construcción de espacios amables en los partidos para que todo el mundo esté cómodo. Eso también es la nueva política del siglo XXI: respetar las identidades.           

NAZIS

                Hablemos ahora de otra política, de la genocida y criminal que se asentó en tierras valencianas, acogida con los brazos abiertos por el franquismo. Hace unos días, en el Festival de Cine de Málaga, Pablo Azorín y Pedro de Echave presentaron el documental El hombre más peligroso de Europa. Cuenta el refugio y cómodo asentamiento de un grupo de criminales nazis en la Marina Alta. Gerhard Bremer, miembro de las SS y protegido por la dictadura, se dedicó al negocio inmobiliario y al turismo. Todos los 25 de julio, celebraba su cumpleaños rodeado de uniformes nazis y con la Banda de Música de Dénia animando la velada. Por aquellas fiestas pasaron destacados nazis que igual servían al franquismo que a la CIA, como Johannes Bernhardt, enlace de Franco con Hitler, o el criminal nazi Otto Skorzeny. La historia era conocida. Hace años la contó el periodista valenciano Joan Cantarero en La huella de la bota, un relato sobre este privilegiado retiro para asesinos nazis jubilados. Aunque aún no tiene fecha de emisión, el documental se pasará por TVE. Espero no haber fastidiado con esta reseña las buenas vibraciones de un día de verano.

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: The Beach Boys. KLEIFRI RECORDS 


viernes, 11 de junio de 2021

JUSTICIA FISCAL

 

No hay duda de que la pandemia va a cambiar muchas cosas. Aunque seguramente menos de las necesarias. Algunos cambios están llamando a la puerta. Me refiero al de la fiscalidad de las llamadas empresas transnacionales. Sí, esas que hace unos años llamábamos multinacionales, porque tenían la sede en el país donde residía la parte principal de su producción y descentralizaban la parte comercial y las ventas. Esa geoestrategia empresarial hace tiempo que se quedó obsoleta.

El capitalismo avanza que es una barbaridad. Ahora las grandes empresas son policéntricas. Tienen sedes centrales en varios países, o al menos así se comportan. Un ejemplo de manual es Apple. Con un centro en EEUU, pero con varios centros a los que deriva parte de su negocio. El ser empresas policéntricas les permite ubicar cada fase de la producción en un país, generalmente el de fiscalidad más reducida. Eso les facilita vender productos en países fiscalmente menos atractivos, pero apuntar los beneficios en donde pagan menos impuestos. Un escándalo, vamos. De este modo, estas empresas transnacionales buscan sus paraísos fiscales y allí instalan su centro logístico. Es lo que hacen yéndose a Irlanda, por ejemplo. Bajar impuestos a las grandes empresas, tiene un efecto “llamada” a la codicia. Puestos a elegir dónde instalarse, prefieren hacerlo donde menos pagan. Sin escrúpulos ni complejos. Son las leyes del mercado, o sea del capitalismo, que diría el reo Rodrigo Rato. Antes eran otros factores, ahora sólo cuenta el balance de beneficios. No hay más que ver qué pasa con Madrid, ¡qué se jodan los feos!

Para corregir este desequilibrio, Piketty, Stiglitz y otros prestigiosos economistas piden desde hace tiempo una reforma fiscal. También la Unión Europea y el gobierno español de coalición reclaman una fiscalidad más justa de las empresas digitales. Pero ha sido Joe Biden, con su keynesiano y ambicioso plan de transformación económica, quien ha roto con el bloqueo de Trump. Son las leyes no escritas de la globalización. La llamada tasa Google tiene una doble justificación, por un lado, establece una compensación para quienes crean los contenidos que luego la empresa digital ofrece gratis. El caso más sangrante es el de los artículos de prensa. Los diarios y revistas no suelen cobrar nada a las empresas digitales por distribuir sus artículos. “Así les damos más difusión”, argumentan como mezquina excusa. La otra utilidad de la tasa Google sería la de reequilibrar esa injusta balanza fiscal.

 AVIDA DOLLARS

                Así llamó André Bretón a Dalí por la gula de dinero que tenía. Así podríamos llamar a las empresas energéticas. Aunque les va mejor lo de oligopolio energético. Entre Naturgy, Iberdrola y Endesa controlan el 80% del mercado energético español. ¿Es o no una posición de oligopolio? Además, fijan los precios de la electricidad en función del kilovatio hora más caro del mercado. La banca nunca pierde, se dice en el juego del Monopoly. El precio del kwh se ha vuelto a disparar. Ya ocurrió cuando la tormenta Filomena nos dejó tiritando. Y ahora ocurre de nuevo, víspera de que vuelva a rugir la marabunta del aire acondicionado. ¿Algo habrá que hacer? No puede ser que aumente el uso de renovables y sigamos pagando la energía a precio de caviar. El gobierno lo ha puesto en manos de la Comisión Nacional de Mercados y Competencia.

De nuevo está sobre la mesa la necesidad de una empresa pública de suministro energético. Un instrumento eficaz para abordar el cambio de modelo productivo y la lucha contra la crisis climática. Pero, ¡ay!, con la iglesia hemos topado, amigo Sancho. ¿Cuántos ex ministros y ex altos cargos se sientan en los consejos de administración de las empresas del lobby energético?

                Somos el país europeo que pagamos más cara la energía. El PP privatizó el sector eléctrico, y al PSOE no le vino mal para colocar a algunos de sus ex. Así estaba hasta hace poco un Felipe González, por lo visto necesitado de mejorar su jubilación. No hay vergüenza. Mientras, la pobreza energética se ha disparado con la crisis. Según FACUA, la factura media de la luz subió el 45% en un año. En consonancia, las ganancias de las eléctricas crecieron exponencialmente: Endesa ganó en 2020 ocho veces más que en 2019. En el mismo período de tiempo, las ganancias de Iberdrola fueron de 3.610 millones de €.

Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”, lo dice la Constitución de 1978 en su artículo 128. Pues ya toca.

NOTA: No quiero terminar estas líneas sin saludar la carta de Junqueras publicada el 7 de junio. Un paso necesario para empezar a desenredar la enmarañada madeja del encaje catalán. Así sea.

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Billete de 1 dólar. Vilssa. 


miércoles, 2 de junio de 2021

NEOFASCISMOS

 

La bandera ondeará en la fachada de los colegios; sonará el himno nacional, mientras los alumnos van entrando; la foto del rey estará al lado del crucifijo en un lugar preferente del aula. Este podría ser el texto resumido de algún decreto de Franco o de su precursor, Miguel Primo de Rivera. Se parece mucho a la moción aprobada por el ayuntamiento de Murcia para “la defensa y protección de los símbolos nacionales desde las escuelas públicas”. Un ligero matiz: los dictadores lo hubieran impuesto por decreto, la propuesta murciana sólo puede ser una propuesta a considerar por las direcciones de los centros. Eso sí, aprobada por las tres derechas que en este tema van de la mano, ¿añoran el franquismo?

Hace unos días, tras haberse producido en poco tiempo el asesinato de 5 mujeres y el hijo de una de ellas, la Comisión de Igualdad del Congreso hizo un minuto de silencio por las víctimas de la violencia machista. Minuto al que la representante de la derecha más a la derecha se resistió a sumarse.

El jueves 27, en medio de la crisis humanitaria en la ciudad de Ceuta, el portavoz ultraderechista Carlos Verdejo insultó a los ceutíes musulmanes y a Fátima Hamed, diputada del Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía, intentando sembrar el odio en una ciudad multireligiosa y multicultural. A la derecha más extrema le gustaría poder eliminar de la faz de la Tierra a quienes no opinan como ella.

Ultranacionalismo doctrinario, machismo, xenofobia y racismo, son algunas de las características de la extrema derecha comunes con los fascismos institucionalizados. Allí donde los neofascistas tienen capacidad de imponer su dogma, lo aplican sin pestañear. Lo hicieron en Madrid, con la complacencia de las otras derechas, cuando arrancaron la placa de Largo Caballero o de las Trece Rosas, o cuando proponen levantar un monumento a la Legión en la Plaza de Oriente, lugar de oración para la nostalgia franquista.

El 13 de junio, las 3 derechas volverán a cogerse de la mano para dinamitar cualquier diálogo que mejore las relaciones con Cataluña. Al PP y a C’s les salió cara la foto de Colón, ¿Lograrán evitarla ahora?

INDULTOS

                Detrás de esta postura tramontana de las derechas hispanas está la posibilidad de que se otorgue el indulto a los condenados del Procés. Las derechas se agitan cuando se trata de indultar a políticos, como los catalanes, con los que no están de acuerdo. Sintonizan más cuando son los suyos los indultados.

El 23 de diciembre de 1988, el gobierno de Felipe González indultó a Alfonso Armada, uno de los principales actores del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Había sido condenado a 26 años, 8 meses y un día, sólo cumplió 7 años de prisión. Diez años después, el 23 de diciembre de 1998, fue el gobierno de Aznar el que indultó parcialmente a Vera y Barrionuevo, condenados a 12 y 10 años, respectivamente, por su implicación en el secuestro y asesinato del ciudadano francés Segundo Marey, llevado a cabo por los GAL en 1983. Tan sólo cumplieron 3 meses en prisión. Sobran las palabras.

Creo no equivocarme si digo que una gran mayoría quiere que se solucione cuanto antes el conflicto del Estado con Catalunya y de ésta con el Estado. El error fue judicializar un problema político, en vez de darle soluciones políticas. Una vez juzgado y condenado el asunto, ¿cómo volver a la senda del diálogo? Esa es la cuestión. Y no caben medias tintas: o negociar o seguir con la espiral del desencuentro.

Los neofascistas lo tienen claro: cuanto peor, mejor para ellos. No contemplan otra solución que el uso de la fuerza. ¿Dónde conducen las mesas petitorias del PP? Ya lo vimos. Cuando recogieron firmas contra la reforma del Estatut catalán lo único que consiguieron fue marginarse más de la política catalana. El anticatalanismo que sembraron les sirvió para sacar algunos réditos electorales por el resto de España. Poco grano para tan amarga siembra. La competencia por el espacio de la derecha es feroz, aunque lo único que parece estar en pugna es quién ocupa la postura más extrema. Quién se hace con las banderas y los apoyos que sustentaron al franquismo. El C’s de Arrimadas anda como alma en pena, mendigando que no se convoquen elecciones en Andalucía antes de tiempo. Mientras el PP de Casado, subido a la grupa del pandémico éxito electoral de Ayuso, cree que todo el monte es orégano, y que la pradera de San Isidro se extiende de Algeciras a Perpiñán.

 Luego está el poder judicial. Su Consejo General lleva años sin ser renovado. A pesar de eso, no ha parado de hacer nombramientos y de pronunciarse sobre el bien el mal con la competencia que se le supone. El mal funcionamiento de las instituciones deteriora la calidad de nuestra democracia, deslegitima sus instrumentos y deteriora la convivencia hasta niveles extremos. Como diría aquel, menos mal que somos una ciudadanía sana y madura. Y si no, siempre nos quedará el Villarreal para soñar con Europa.

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Prietas las filas en la Plaza de Colón de Madrid. AFP/Óscar del Pozo.


miércoles, 26 de mayo de 2021

DIPLOMACIA

Se tumba una pieza en un extremo y van cayendo todas las demás. Es como poner las fichas de dominó una detrás de otra, verticales, separadas por la distancia justa para que cuando una caiga empuje a la siguiente. Algo parecido ocurrió hace unos días en los dos extremos del Mediterráneo. La primera pieza se tumbó en la costa más oriental, en Gaza, esa estrecha franja de tierra entre el mar y un Estado cada vez más sionista y militarizado. En Gaza se hacinan más de tres millones de palestinos gobernados por la facción más radical del espectro político de Palestina, por Hamás. El resto de palestinos, diseminados por Israel, la última vez que votaron lo hicieron mayoritariamente por la OLP, la organización que Arafat lideró hasta su muerte. Hay una lucha por la hegemonía en el seno de la Autoridad Nacional Palestina.

Al lado de los palestinos, engulléndolos territorialmente, un Estado -Israel- autoproclamado “pueblo elegido de Yahvé”, liderado por un político sin escrúpulos -Netanyahu- cuyo quinto mandato contó con el apoyo incondicional de un Trump dispuesto a dinamitar cualquier atisbo de paz. Netanyahu, acusado de corrupción, gobierna con el apoyo de los sectores más ortodoxos del judaísmo. Estaba a punto de perder el poder a manos de una coalición alternativa, hasta que lanzó una tempestad de fuego sobre el gueto de Gaza. Excusa: acabar con la dirección de Hamás. Resultado: 300 palestinos muertos, un centenar de ellos niños, y una docena de judíos. Algunos misiles lanzados por Israel destruyeron hospitales y medios de comunicación. El edificio de 12 plantas en donde estaba la sede de la agencia Associated Press y de la TV Al Jazeera saltó por los aires. Netanyahu no quiere testigos. Antes de dejar de caer bombas sobre Gaza, volvió la tensión a la explanada de las mezquitas y a las calles de Jerusalén. David y Goliat.    

CEUTA

                A 5000 kilómetros de Gaza, en el extremo occidental del Mediterráneo, en Ceuta, en la linde europea con el reino alauita, miles de marroquíes -muchos menores de edad- cruzaron la frontera ante la pasividad de la policía de Marruecos. Mohamed VI usó la emigración como válvula de escape a sus tensiones internas. En enero, el hijo de Hassan II fue condecorado por Trump, que bendijo la ocupación del Sahara a cambio del reconocimiento por Marruecos de Israel. Favor con favor se paga.

Los marroquís están indignados por la actitud de su monarca ante la masacre de Israel sobre Gaza. La teocracia alauita puso como excusa a la apertura de su frontera el ingreso en un hospital de Logroño del líder del Polisario Brahim Ghali, enfermo de Covid-19. Resultado: la mayor crisis de Marruecos con España desde el asalto a la isla Perejil. Pero la frontera sur española es la europea. El chantaje es a la Unión. A una UE que da millones de euros a Marruecos por controlar sus flujos migratorios y el terrorismo yihadista. Externalizar las fronteras no parece buena solución, tampoco devolver niños a Marruecos sin garantías legales, como han denunciado las ONG.    

CARA Y CRUZ

                Pocos días antes de que estallara la crisis humanitaria en Ceuta, el líder del PP se reunió con representantes del gobierno de Marruecos. Mohamed VI preparaba la caja de resonancia para el órdago que estaba a punto de montar. Casado no ha tenido inconveniente en usar la crisis humanitaria para sus fines torticeros, alimentando las pulsiones más infames y la mierda en donde medra el odio. No hay comparación posible con el exquisito comportamiento de Zapatero en 2002, en la crisis del islote Perejil.  

También en la antípoda, imágenes como las de Luna, cooperante de Cruz Roja, consolando a Abdou, un migrante senegalés que llegó a Ceuta tras cinco años de travesía. Un bálsamo en medio de la intolerancia. Luna ha cerrado sus cuentas en las redes sociales ante algunos comentarios más propios de hienas que de seres humanos. Por desgracia, no siempre la empatía es lo más visible en internet.

Israel y Marruecos, dos terrenos en los que Trump sembró el odio con sus minas. En el primero dándole su nihil obstat para que siguiera con su expansiva política de asentamientos judíos, esquilmando tierras y casas a los palestinos, y abocando a la solución de un solo Estado, Israel, con políticas de apartheid. Al segundo, reconociendo su propiedad sobre el Sáhara, en contra de la decisión de Naciones Unidas de convocar un referéndum de autodeterminación, a cambio de que Marruecos estableciera relaciones diplomáticas con Israel. Ambos territorios a las puertas de Europa. Hará falta mucha diplomacia europea para deshacer estos dos nudos gordianos.  

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: La cooperante Luna consuela a Abdou tras llegar a la playa de Ceuta. REDUAN/ EFE.


jueves, 20 de mayo de 2021

DIGNIDAD

 “Somos el tiempo que nos queda”

Caballero Bonald (1926-2021)

 

                Las casualidades dibujan extrañas coincidencias que los augures de otro tiempo no hubieran dudado en calificar de sorprendentes. Una de esas casualidades hizo coincidir el décimo aniversario del 15-M con la segunda fase de la denominada operación Azud. Las primeras investigaciones de este caso destaparon una red corrupta que tenía el despacho de José María Corbín, cuñado de la difunta ex alcaldesa Rita Barberá, como centro de operaciones. Su hija y, por tanto, sobrina de Rita, Asunción Corbín, mediaba en los oscuros negocios. Por cierto, en las mimas fechas que se procedía a registros y detenciones, Asunción Corbín pasaba a ocupar su despacho como asesora municipal de María José Catalá, la recién catapultada a las altas esferas del PP valenciano. En el lado más político de la trama estaba Alfonso Grau, vicealcalde y mano derecha de Rita, además de responsable de urbanismo del Consistorio durante años. ¿Alguien puede creerse que Rita no estuviera al tanto? El mayor ciego es quien no quiere ver.

La parte contratante de la primera parte de la trama era para el sector empresarial. Empresarios sin escrúpulos son los más interesados en operaciones especulativas que tenían y tienen el urbanismo como campo de juego. Ese hilo llevó a la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil hasta el empresario Jaime Febrer, que anotaba en su agenda todos los movimientos de caja para asegurarse apoyos y silencios.

Tan necesarios son los políticos que firman como los que callan. Y el silencio tiene un precio. Es lo que le preguntará la juez que instruye el caso a Rafael Rubio, hasta hace poco subdelegado del gobierno, y, durante muchos años, artífice de la política urbanística socialista en el ayuntamiento de València. Ahora entendemos mejor determinados apoyos del PSPV a proyectos urbanísticos ruinosos para la ciudad.

El núcleo del caso Azud era el circuito de Fórmula 1. Capricho de Camps y Rita en tiempos de vino y rosas. Cuando la mayoría absoluta del PP tapaba todas las corruptelas. Y el dinero corría a raudales por redacciones y despachos a cambio de bendiciones. Con la Fórmula 1, el entonces dúo dinámico del PP valenciano se ganó el aplauso de Ecclestone, dueño de la franquicia automovilística, y de su socio Alejandro Agag, yerno de Aznar. La pareja valenciana no daba puntada sin hilo. Habría que revisar la hemeroteca para ver qué periodistas adaptaron sus opiniones a la calidad del unte.  

UNA ATE QUE ATA

                Los caminos del urbanismo, la política y el deporte se entrecruzan en València y no sólo en la Fórmula 1. El caso más escandaloso es el del Valencia C.F. Tenemos claro que el fútbol es más que un deporte. Alrededor de ese panal de rica miel revolotean miles de moscas. El nuevo Mestalla es otro de los proyectos urbanísticos herencia de la era Rita. Su inacabada estructura luce sus ruinas como un mega monumento a la burbuja inmobiliaria, mientras que el Valencia C.F. sigue sin cumplir sus compromisos con la ciudad, sin desarrollar la ATE, la Actuación Territorial Estratégica “Valencia Dinamiza”. Un plan que Peter Lim, dueño absoluto del equipo merengue, se comprometió ante Rita. Ahora, el empresario chino quiere otra prórroga de 5 años para retomar las obras. Pero al Consistorio encabezado por Ribó se le ha acabado la paciencia, al no ver en Lim la más mínima voluntad de cumplir su palabra. Ahora la pelota está sobre el tejado del propietario y de la Generalitat Valenciana, firmante del acuerdo.

                La ATE del Mestalla también incluyó, por deseo de Rita y Grau, los terrenos donde se levantaba el edificio del llamado nuevo Ayuntamiento -construido durante la alcaldía de Clementina Ródenas- y que fueron permutados para que el promotor Antonio Mestre hiciera el hotel que quería edificar en el solar de Jesuitas. Un logro tras años de resistencia de Salvem el Botànic, recuperem ciutat. Su heredero, Jordi Mestre, dueño también de Expo Hotel y de la cadena Selenta Group, tampoco parece dispuesto a cumplir la ley. Al Ayuntamiento de Ribó le tocó la ingrata tarea de derribar el edificio municipal y dejar libre el terreno para no ser obligado a pagar el lucro cesante que exigían los herederos de Mestre. ¿Qué hacer ahora?, cuando ni Lim ni Mestre cumplen sus compromisos.

EL MONOLITO

                Recuperada la plaza del ayuntamiento para el peatón, el Consistorio ha querido recordar el décimo aniversario del 15-M y rendir un homenaje a la sociedad civil organizada. Un monolito recuerda esas luchas que hicieron de València lo que es hoy en día. Tal vez se queda pequeño para la dimensión que supuso durante la Transición la lucha por un Saler per al poble y un Llit del Túria, nostre i verd. A veces es necesario recordar el pasado para recuperar un poco de nuestra maltratada dignidad.

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Monolito homenaje a los movimientos sociales en la plaza del Ayuntamiento de Valencia. EFE 

 


miércoles, 12 de mayo de 2021

CHURROS Y MENINAS

Alguien tenía que inventar el recreo. La idea se la tomo prestada a Peridis. Madrid es España, pero España no es sólo Madrid. Por suerte. Madrid es una excepción en un Estado más plural de lo que algunos dicen y quieren pensar. Por cierto, suelen ser los mismos que vacían la palabra libertad de su verdadero sentido. Y rellenan su cáscara hueca con falsas libertades. Ir de botellón, por ejemplo.

Todo el mundo está agotado tras año largo de pandemia. A todos nos afecta la fatiga pandémica, salvo a quienes el virus arrebató su bien más preciado: la vida. Políticos sin escrúpulos hacen de la lucha contra la Covid-19 su caballo de Trolla para asaltar las instituciones. Como no es tiempo electoral, lo pintan. Eso hizo el PP, aprovechar que el Segura pasa por Murcia para poner las urnas en Madrid. Había que sacarle jugo al cansancio, a las ansias de salir a la calle a tomar unas cañas. O unos churros con chocolate. Era cuestión de llamarle libertad, y vendernos la moto. Y hacerlo antes de que avanzase la vacunación.  

A veces las palabras no dicen lo que deberían decir. A veces las palabras camuflan lo que significan de verdad, su verdadero sentido. Ni el dos de mayo de 1808 los madrileños gritaron en la Plaza Mayor “¡viva la libertad!”, ni el franquismo trajo la democracia. Tampoco los ejecutados por los golpistas fueron quienes se rebelaron contra la República. Cuando el programa se diluye y las vísceras se desparraman por la mesa, ganan el populismo y la demagogia. Lecciones de la historia. Con esas cartas, la derecha tiene todas las bazas para ganar la partida. Ya sé que es fácil hablar a posteriori. ¡Qué le vamos a hacer!

Pocas veces hay una única razón para explicar el comportamiento humano. La complejidad de la vida no suele caber en una caja de cerillas. Aunque hay vidas tan poco complejas que caben en un dedal del dedo meñique. Todo empezó con una chapucera moción de censura en Murcia. ¿De quién sería la idea? Y, ¿si fue un montaje para desencadenar la operación de desmonte de C’s? Todo es posible.    

IDENTIDADES

                Madrid, ciudad de aluvión. Su identidad es la suma de las identidades de quienes van a vivir en ella. Ciudad abierta, los churros y el chotis, eso era Madrid. Digo bien, era. Franco la hizo capital de su fantasioso imperio, y el IBEX35, capital del capital. Décadas de gobiernos del PP la han convertido en una especie de sobrefinanciado paraíso fiscal. Capital por partida doble: del Estado y de su comunidad. ¿Quién da más? Algunos madrileños se identifican con un nacionalismo de charanga y pandereta, de pestiños y chulerías, de juergas y toros, de rojigualdas y paradas militares. Frente a nacionalismos periféricos, el de Madrid se considera el único. “Hay gente que vota en contra de sus intereses, pensando que vota a favor de sus principios”, dice el gallego Antón Gómez-Reino, impulsor de Las Mareas. No le falta razón.  

Debajo del cachondeo que da la falsa libertad etílica, bulle el Deep State, un estado profundo lleno de corruptelas y amenazas, de fondos de reptiles y de reptiles sin fondo, poblado de cavernas mediáticas y de mediáticos charlatanes listos para derribar prestigios y honras. También eso es Madrid.     

DEL 15M AL 4M

                Sólo ha pasado una década desde aquella primavera de 2011 en que las plazas se llenaron de indignación. Entonces, una nueva generación se asomó a la política con ganas de cambiarlo todo. ¡Y vamos si lo cambió! El 15M sacó a flote el malestar. Una década después, ¿qué queda de aquel grito pidiendo libertad? Fue un grito generacional, sí, pero no sólo. La crisis financiera de 2008 se saldó mal y de forma injusta. Pagaron los menos responsables de crearla, mientras sus verdaderos artífices se fueron de rositas.

La crisis actual, causada por la pandemia, es distinta. Su origen no está en la avaricia del capital. Por eso resiste ser analizada y es más fácil su manipulación. La crisis sanitaria aún no ha terminado. Sigue muriendo gente a causa de la Covid-19 y no sabemos qué secuelas deja. Aún así, el estado de alarma ha terminado. Ahora entre los jueces anda el juego. Del Superior al Supremo y tiro porque me toca. Sentencias diferentes ante medidas similares. Lo que en el País Vasco no le vale a un juez, aquí sí. Lo que allí es limitación de derechos, aquí es defensa del derecho a la salud. ¿En qué quedamos?

Pero volvamos a Madrid. Aunque sus cifras de la pandemia doblen la media nacional, el caso es acusar al gobierno de lo que haga y de lo que no. Todo sea por reverdecer viejas glorias, y de paso, como quien no quiere la cosa, ver si se puede tapar un poco el tema de la caja B del PP, que esa es otra. A veces, no es suficiente limpiar con zotal para que se vaya el mal olor.

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Juerga en las calles de Madrid tras decaer el estado de alarma. OLMO CALVO. 

 

martes, 4 de mayo de 2021

POSPANDEMIA

Tras más de un año viéndonos arrasados por la primera gran peste del siglo XXI, comenzamos a vislumbrar la salida del túnel. Tenemos vacunas y un sistema sanitario digno que está lleno de buenos profesionales, a pesar de las brutales mutilaciones de todo lo público sufridas en las últimas décadas. No estaría mal que cuando esto pase -o antes, si es posible-, prestemos la atención que se merece a nuestra sanidad pública, tan maltratada y minusvalorada por tantas y tantos.

A pesar de los pesares, somos unos privilegiados. Tendemos a olvidarlo con frecuencia. No tenemos más que asomarnos al balcón catódico para percatarnos de cómo está el panorama en el mundo pandémico. Hablo de India, pero también de Brasil, por poner dos ejemplos suficientemente conocidos. La vacunación va a diferentes velocidades según países. Incluso hay diferencias internas. La más sangrante es la de Israel, donde la exitosa vacunación ha sido selectiva, dejando fuera de ella a los palestinos, una parte importante de su población. Una segregación por razón inconfesable que debería provocar la rápida intervención de las organizaciones internacionales. El panorama pospandemia tiene múltiples paisajes.

Mientras la vacunación avanza, el SARS-Cov-2, como todo virus, muestra su capacidad mutante. Su gen egoísta le lleva a adaptarse lo mejor que puede a las circunstancias, para sobrevivir y seguir reproduciéndose colonizando seres vivos. Eso son las cepas con apellido que no han parado de surgir desde que se declaró la pandemia. Una de las últimas detectadas ha sido la cepa india, su mayor capacidad de transmisión no significa que sea más mortífera. En cierta forma, es como si la vacuna y el coronavirus disputaran una carrera a ver quien llega antes a la meta. Por eso la velocidad de vacunación es tan importante, y el debate sobre la liberación de la patente de las vacunas tan oportuno y urgente. 

BRECHAS

                Escribo estas líneas al borde del acantilado. Sin conocer el resultado de las urnas madrileñas, e ignorando cómo funcionará la gestión de la pandemia sin el eficaz instrumento del estado de alarma.

A partir del sábado 8 de mayo, las autonomías tienen que bregar con el virus sin salvavidas estatal. Cuando anteriormente han tenido que hacerlo, siempre ha habido algún juez dispuesto a limitar las competencias autonómicas, veremos qué ocurre ahora. Cada gobierno autonómico tendrá que apechugar con sus responsabilidades. Las medidas que se tomen sobre cómo gestionar la economía y la pandemia, serán responsabilidad única y casi exclusiva de los ejecutivos autonómicos, y a ellos, única y casi exclusivamente, habrá que pedir responsabilidades. Se acabó jugar con la pandemia para ganar votos.

                Una de las peores brechas que dejará la pandemia será la económica. No nos hemos librado del virus, y algunos espabilados ya ocupan la pole, la mejor posición de salida para la segura recuperación. Es lo que está intentando hacer la Banca. Quienes viven del crédito y la confianza no iban a desaprovechar la oportunidad para remodelar su negocio. En apenas unos días, tres grandes bancos han anunciado importantes ajustes de sus plantillas. En total, cerrarán más de 4.000 sucursales y despedirán a casi 20.000 trabajadores. CaixaBank, tras haber fagocitado a Bankia y sin haber devuelto el dinero público prestado a ésta para evitar su ruina, despedirá al 18% de su plantilla y cerrará una de cada cuatro sucursales. No hay que ser un lince para adivinar que la mayor parte de este ajuste recaerá en la antigua Bancaja/Bankia (la niña de los ojos del PP valenciano con Zaplana y maese Camps). El BBVA se desprenderá de casi 4.000 trabajadores y cerrará el 22% de sus sucursales. Mientras que el Santander, cerrará más de mil sucursales y despedirá a 3.500 empleados/as. La Banca volverá a personal y sucursales similares a las de los años 70.

                Casi al mismo tiempo que las entidades hicieron público este hachazo sobre plantillas y servicios, conocimos la nómina de algunos de sus ejecutivos. Por ejemplo, Goirigolzarri, ahora presidente de CaixaBank, cobrará nada menos que 1,65 millones de euros, más un plus de 200 mil si el banco cumple sus objetivos. Esta propuesta de remuneración se votará el 14 de mayo en la próxima junta de accionistas.

MAYOS

                Ya estamos en mayo. El mes empezó con la reivindicación anual de los sindicatos de una salida social para una crisis de la que temen ser los principales perjudicados. Siguió con una traca final de campaña madrileña digna de un esperpento valleinclanesco, con una castiza presidenta saltándose a la torera cualquier normativa electoral. Luego llegó lo de la banca y sus escandalosos agravios. Aún no hemos llegado al ecuador del mes. Sólo falta que nos digan que los dinosaurios tenían plumas. Todo es posible.

    URBANO GARCIA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Piras funerarias en Nueva Delhi víctimas Covid-19. ADNAN ABIDI (REUTERS)