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domingo, 16 de agosto de 2020

TOCATA Y FUGA


El último movimiento por ahora de Juan Carlos I no es digno de la obertura con que inició la sinfonía de su mandato. Más bien parece un remake de El Ángel Azul, la película de Josef von Sternberg, con una joven Marlene Dietrich como cantante de cabaret, y un Emil Jannings encarnando a un anciano profesor capaz de perder la cabeza por la seductora Lola. Como en tantas ocasiones, la realidad supera a la ficción.
Lunes 3 de agosto. Ese día de calor sofocante en la península ibérica y más allá de los Pirineos, conocimos el último capítulo del culebrón juancarlista: se había ido de su querida España. Nada para lo que no estuviésemos prevenidos desde aquella jornada de caza en Botsuana, en abril de 2012, en la que un escalón y un elefante se cruzaron en su camino. La sorpresa, como la caza mayor, surge donde menos la esperas. La segunda década del siglo XXI llegó con aires de crisis financiera. Ante las medidas neoliberales adoptadas para salvar a la banca a costa de la ciudadanía, estalló el 15-M indignado. Como para ir de safari.
Casi una década después y en medio de una crisis sanitaria, un Juan Carlos abdicado y convertido en emérito hace méritos para emborronar su expediente. Feo epitafio. Y llegó su fuga, huida, poner tierra u océano de por medio, todo menos llamarle exilio. Exiliarse es otra cosa, siempre más dramática. No hay más que recordar el amargo exilio de miles de republicanos que tuvieron que abandonar su país ante la única razón de las armas cargadas por el fascismo. Lo de Juan Carlos ha sido otra cosa. Poco a poco, a cuentagotas, mientras la Casa Real piensa qué decir, y el que debería decir algo calla para no hablar más de lo necesario, nos enteramos que el Ministerio de Interior se encarga de la seguridad emérita. Una pasta. También nos enteramos que el emérito está tirando de tarjetero para sablear unas vacaciones a sus amigos más potentados. Para eso están los amigos. De paso fomenta el turismo en tiempos de pandemia, que también debe ser bueno para la causa. Y todos nos preguntamos: ¿dónde está Wally?
Hoy es jueves y esto es Abu Dhabi. Mientras los paparazis buscaban infructuosamente a Juanca en una urbanización de lujo en la República Dominicana, el emérito dormía plácidamente en un exclusivo hotel del emirato árabe, al módico precio de 11.000 € la noche. Más el coste de alojar al emérito séquito. ¿Quién paga?, ¿el jeque? No es tema para chistes. Y menos con la ley mordaza aún vigente. Una asociación ultracatólica de defensores del emérito se ha querellado contra varios políticos por decir lo que piensan de la monarquía. Al neofranquismo no le gusta que nadie se tome a cuchufleta los viajes del emérito. Les jode tanto el humor como la democracia y la crítica. A falta de algo constructivo que hacer, han tachado, censurado el mural que el grafitero valenciano J. Warx pintó en el barrio de Benimaclet. ¡Viva las cadenas!
Nadie hace tanto mal a la monarquía como el comportamiento de algunos monarcas. De casta le viene al galgo. Juan Carlos I no ha sido el primer Borbón que ha caído en la tentación de beneficiarse privadamente de sus privilegios públicos. Su pecado no ha sido como el del abuelo Alfonso. Juan Carlos que debía a un dictador que el trono volviera a la familia, no quería perderlo por otro. Lo suyo se parece más a las debilidades de la tatarabuela Isabel. No hay más que bucear en la magnífica biografía de la hija de Fernando VII que hizo Isabel Burdiel para ver las semejanzas. Ella sola -Isabel II- llena con sus luces y sus sombras gran parte de nuestro siglo XIX. Por cierto, la ley sálica que tantos disgustos nos dio, sigue vigente.
La crisis juancarlista también es una crisis borbónica, y pone en cuestión las bondades de la monarquía como forma de Estado. Si dio beneficios en su momento, están más que amortizados. La monarquía de Juan Carlos sirvió de puente para cruzar el peligroso barranco de la dictadura. Ahí terminan sus méritos. No hay dos monarquías iguales, como no hay dos repúblicas que lo sean. No es lo mismo una república bananera que la grandeur de la francesa. Ni el presidencialismo de ésta que la discreción de la alemana. No es lo mismo una república unitaria y centralista que una federal. Por eso sería conveniente ir afinando el deseo, no sea que en el debate entre monarquía y república salga perdiendo la democracia.
Juan Carlos logró hacer creíble el relato de una restauración monárquica útil para el país y para la democracia. No había antecedentes en su familia. Con ese relato bajo el brazo, le fue más fácil obtener una legitimidad que de partida no tenía. Los jefes de Estado en las repúblicas someten periódicamente su legitimidad al dictamen de las urnas. ¿Y los monarcas? Su legitimidad es eterna y transferible genéticamente. ¡Vaya cuento chino!
 URBANO GARCIA
urbanogarciaperez@gmail.com
Imagen:
1. Juan Carlos I y el jeque de Abu Dhabi. EFE

martes, 28 de julio de 2020

EL ESPEJO EUROPEO


Nadie dijo que fuera fácil la construcción de una estructura federal. Desde que Alemania y Francia decidieron unir sus intereses y sus esfuerzos para hacer una gran comunidad europea del carbón y del acero, hasta lo que ocurrió el lunes 20 de julio, ha llovido mucho en el viejo continente. Más de una vez, la Unión Europea -ahora más unión que nunca- se asomó al abismo de su desintegración, desde el ya lejano 25 de marzo de 1957 en que se firmó el Tratado de Roma, primitivo embrión de lo que hoy llamamos simplemente Europa. Las dificultades siempre se superaron con diálogo y más diálogo. Tal vez ese sea el secreto para poner de acuerdo a 27 estados con sus filias y sus fobias, con sus dinámicas internas y sus dependencias externas. Tener una moneda única ayuda, aunque a veces parece lo contrario. El caso es que las decisiones políticas, pero sobre todo las económicas, unen más que una maroma de barco. Los anteriores intentos de unión siempre estuvieron presididos por una bota militar. La de las tropas napoleónicas o las del fascismo rampante. Tras comprobar la brutalidad de la milicia en esa larga guerra civil que ocupó la primera mitad del siglo XX, los europeos optaron por resolver sus conflictos con el arma de la palabra y no con otras armas menos inofensivas. Y llegados a este punto, de nuevo surge el eterno debate: ¿federados o confederados? La larga cumbre de julio también fue un pulso entre los pequeños y los grandes, entre los países con más población y PIB, y los menos poblados y con menor peso económico, países pequeños, pero no por ello con menor renta per cápita. Unos acostumbrados a imponer su voluntad, otros habituados a ser comparsa. Un país, un voto. Parece justo. ¿Pero es justo que la suma de pequeños Estados frene el avance de la mayoría de la población? ¿Cómo ir hacia un mayor federalismo cuando hay grandes diferencias entre los federados?    

DE LO MACRO A LO MICRO
               El debate federal no es nuevo en la construcción europea. Ya se planteó cuando se quiso dotar al espacio europeo de una Constitución que marcase derechos y deberes. Algunas contradicciones se han resuelto acudiendo a instancias menores, a los Estados nación. Pero no siempre funciona. ¿Qué ocurre cuando la mayoría de la ciudadanía de un Estado decide de forma diferente a las mayorías del resto de Estados? ¿Existe el derecho a la secesión? ¿Es justa la dictadura de la mayoría? ¿Es justo el veto de la minoría? Lo que sirve para la UE también es útil en ámbitos más pequeños. Es fácil rastrear temas similares en la política española. La estructura cuasi federal de nuestro Estado plantea debates parecidos, salvando las distancias, claro. El Estado Autonómico no deja de ser un invento made in Spain, un quiero y no puedo. Una clara ruptura del estado unitario franquista, pero sin apostar claramente por una alternativa federal. Y ahora, ¿hacia dónde vamos? Las autonomías, apuntadas en la Constitución del 78, han madurado y han introducido dinámicas propias que exigen soluciones más federales, además de una urgente revisión de la Carta Magna.
Y en eso llegó el Sars-Cov-2 y mandó parar. Para combatir mejor la pandemia se centralizaron decisiones, sanitarias y políticas. Y se amplió el marco para su resolución, al menos hasta vencer el pico de contagios. Lo urgente era evitar el colapso. ¿Lo hemos conseguido? Parece que sí, al menos por ahora. Y llegó la desescalada. Se devolvió a las autonomías su capacidad de decisión. ¿Tienen medios para seguir afrontando el reto? Las respuestas han sido desiguales, como desigual es el impacto territorial de la pandemia. Y no todas las autonomías disponen de los mismos recursos. Ahí llegamos al meollo de la cuestión, a nuestro meollo. Al déficit acumulado en la financiación valenciana. Nos pasa como a algunos países europeos. Hay territorios más ricos que otros, más poblados, más industriales, … también mejor financiados. Algunos, además, hacen dumping fiscal. Facilitan la instalación de empresas a cambio de pagar menos impuestos. Vamos, como Luxemburgo, Holanda o Irlanda sin ir más lejos. Pues eso hace Madrid. A las ventajas de ser capital del Estado y autonómica (sobredimensión digna de un régimen centralista) suma privilegios fiscales de poca justificación. Y aquí no hay como en la Unión Europea cheques compensatorios.      
               Al día siguiente del gran acuerdo en Bruselas, volvió a escenificarse en la Carrera de San Jerónimo el desacuerdo español. El drama de una derecha que rechaza el ejemplo europeo y prefiere mirarse en el espejo de la madrastra de Blancanieves, para verse más diestra y siniestra de lo que a los empresarios les conviene y el país necesita.   
URBANO GARCIA
Imagen: Madrastra de Blancanieves frente al espejo mágico. Disney.

martes, 21 de julio de 2020

FUNERALES


La vida está llena de ritos y ceremonias. Elaboraciones culturales que nos hacen más llevaderas las mudanzas, las transiciones. Nacer y morir son nuestros tránsitos más importantes. Somos cuando nacemos y dejamos de serlo cuando se nos va la vida. A veces de forma sonora, otras “tan callando”. Para la llegada, la alegría y el gozo están más que justificados. El problema lo tenemos con la salida. Llevamos mal la muerte. Nos cuesta admitir las pérdidas. Más si son de seres queridos. La Covid-19 nos está poniendo a prueba, diría un evangelista. El patio de la Armería del Palacio Real se vistió de luto para homenajear a los muertos por el virus SARS-Cov-2. Ni cruces, ni medias lunas, ni estrellas de David, los funerales de Estado fueron laicos. Creo que es la primera vez que el Estado cumple la Constitución en un tema como éste. Siempre hay una primera vez, aunque llegue con demasiado retraso. Pocos medios de comunicación se hicieron eco de la novedad.
Los funerales en la catedral de la Almudena fueron otra cosa. Fueron unos funerales de la jerarquía católica para calmar la ansiedad de sus feligreses, pero no fueron unos funerales de Estado, por mucho que la diestra siniestra vociferara su añoranza del nacionalcatolicismo. Por cierto, ni Abascal ni Felipe González acudieron a los funerales de Estado. Ellos sabrán. Sí hubo una representación de las instituciones europeas. Aunque no vino Mark Rutte, el ministro holandés, ocupado en vendernos tulipanes como si fueran motos.      

RECONSTRUCCION EUROPEA
               Tras 5 días de maratonianas reuniones, y dejarse muchos pelos en la gatera, la cumbre de la Unión Europea dio su visto bueno a un ambicioso plan de reconstrucción. A nosotros nos tocarán 140.000 millones de €. Mitad y mitad a fondo perdido y como préstamos. No está nada mal. La ayuda está condicionada a que la Unión apruebe la próxima reforma de la mal llamada reforma laboral, la de Rajoy. Los gobiernos más neoliberales no aflojan ni en tiempos de pandemia. Veremos si son tan gallitos cuando llegue la hora de la armonización fiscal. Los Países Bajos no son frugales, son tacaños, insolidarios y hacen dumping fiscal al resto de países de la Unión. “La economía de Holanda es un parásito peligroso que desestabiliza y pone en peligro a Europa, aunque lo sorprendente no es que los holandeses se aprovechen de eso, sino que los demás países lo sigan consintiendo”, dice el economista Juan Torres en Público.
Cada vez que Europa otea una crisis, la Unión se asoma al abismo. Y es que la UE es una realidad política compleja y en permanente construcción. Más o menos despejado el futuro sin Gran Bretaña, la complejidad no ha disminuido. Las dinámicas nacionales, los programas de los grupos políticos, las presiones de los lobbies, la gestión de la moneda única, la lucha de clases, … Todas esas redes construyen una tupida malla que en ocasiones no deja pasar la luz.     
Las ayudas europeas estarán condicionadas a su rentabilidad. Nos vendrá bien fijar criterios, más allá de los ideológicos. Ahí está el eje ferroviario por el litoral mediterráneo esperando inversiones como agua de mayo. O recuperar el liderazgo en energías limpias y sostenibles. Todo muy en sintonía con los olvidados objetivos del milenio. No creo que la Unión Europea desapruebe el plan. Tampoco creo que vea mal la paralización de una ampliación norte del puerto de València, cara, innecesaria e insostenible. Hay alternativas mucho más respetuosas con el medio ambiente, otro de los ambiciosos objetivos europeos.        
Cada vez que una crisis asoma por Europa, oímos los coros acompañando los funerales por la Unión. En 2008, con la crisis financiera, los coros de góspel fueron unánimes y todas las voces cantaron acompasadas la partitura neoliberal. Con la crisis sanitaria no ha sido así. ¡Menos mal! Dos grandes, Alemania y Francia, se han puesto del lado de los países del sur. No es lo mismo una crisis desatada por la especulación y la falta de reglas, que una causada por un virus altamente contagioso y bastante mortal.
“Una de las páginas más brillantes de la Unión Europea”, dijo, en referencia al acuerdo, un Pedro Sánchez eufórico tras superar una semana de infarto. A falta de ser ratificado por el Europarlamento, el plan de reconstrucción, en líneas generales, supone mancomunar parte de la deuda a cambio de caminar hacía una economía más verde y más digital, más limpia y más eficiente. Objetivos que no deberían de estar en contradicción con los de cualquier gobierno progresista. A pesar de los momentos críticos vividos, aún no ha habido funeral por Europa. Esperemos que tampoco lo haya en la letra pequeña.      
URBANO GARCIA
Imagen: Cumbre Unión Europea Reconstrucción, 20 julio 2020. NEWTRAL

martes, 14 de julio de 2020

VIRUS Y VOTOS


Domingo 12 de julio. Todos pendientes de Euskadi y Galicia. Ambos territorios decidieron elegir su parlamento autonómico en plena desescalada de la COVID-19. En ambos países ganaron las opciones políticas con un discurso más territorial, nacionalista y regionalista, respectivamente. En Euskadi, el PNV ha vuelto a demostrar su hegemonía. Detrás EH-Bildu, también nacionalista pero mucho más a la izquierda. En Galicia, Feijóo ha ganado su cuarta mayoría absoluta, envolviéndose en la bandera gallega para ocultar la agenda política que le marcaba Génova y Casado, o Aznar y la FAES, que vienen a ser lo mismo. Hace tiempo que Feijóo cultiva un regionalismo conservador parecido al que el PP valenciano lució en sus años de vino y rosas, de eventos y corrupción. El PP vasco hizo lo que le mandó el aparato del partido: un frente españolista con C’s. Gran apuesta de Casado, gran fracaso político. Tarda en dimitir el líder de la diestra siniestra.
Galicia y Euskadi, dos estrategias diferentes del PP, dos formas de entender la construcción de la derecha. Una victoriosa, la otra un desastre. El PP mira a Galicia y calla en Euskadi. ¿Cuánto tardarán los barones del PP en quitarse de encima ese perdedor llamado Casado? ¿Esperarán al próximo batacazo en Catalunya? Ahí lo dejo. La abstención vasca fue mayor de la esperada. Y afectó a los resultados electorales. El escaño neofranquista por Álava, por ejemplo, costó únicamente 4000 votos. Todos nuestros sistemas electorales pecan de lo mismo, son terriblemente desproporcionales. No todos los votos valen lo mismo.

FEDERALISMO
            Desde aquí, la dirección de Compromís siguió atenta los resultados electorales. El crecimiento exponencial del Bloque Nacionalista Gallego le transmite buenas vibraciones. También el aumento de escaños de EH-Bildu en Euskadi. Los ecosistemas políticos vasco y gallego tienen sus propias dinámicas, no siempre coincidentes con las de unas elecciones generales. Una parte importante de los votos perdidos por la marca gallega de Podemos ha ido al BNG; en Euskadi, a EH-Bildu. El electorado socialista ha mostrado su fidelidad. También su incapacidad de crecer a costa del socio de gobierno. En 2018, en Andalucía, ocurrió al revés. UP, o sea Adelante Andalucía, liderada por Teresa Rodríguez, fue incapaz de capitalizar la debacle de Susana Díaz y el PSOE andaluz. Primera conclusión: avanzan los factores federalizantes. ¿Aprovechará el gobierno de Pedro Sánchez la coyuntura favorable para ir hacia el estado plurinacional? ¿Corregirá Podemos su pulsión centralizadora a favor de un federalismo más integrador? Cuando se vota de forma separada autonómicas y generales, el electorado diferencia su voto. Tal vez por eso, Ximo Puig prefirió poner las últimas autonómicas bajo el paraguas de las generales. Un marco claramente favorable para los socialistas y desfavorable para Compromís. ¿Lo volverá a hacer en la próxima ocasión? Nunca hay que descartar nada.        
   
BROTES Y REBROTES
Sábado 11, jornada de reflexión, pánico ante un más que posible aumento de la abstención. Todo el mundo miró el espejo francés. Macron separó con el confinamiento la primera de la segunda vuelta de las municipales. Patinó en la primera, y se dio de bruces en la segunda. La abstención creció en el país vecino a niveles desconocidos. En Marche, su proyecto político, obtuvo un resultado catastrófico. Édouard Philippe, su mano derecha, hizo las maletas y se fue a su feudo de Le Havre. Macron se quedó con el culo al aire.
Mientras el electorado vasco y gallego reflexionaba, se multiplicaron los brotes de Covid-19. Ambos gobiernos prohibieron ir a votar a las personas contagiadas. Una prohibición dudosamente constitucional. Aunque sólo el confinamiento, el uso de mascarillas, el distanciamiento físico y extremar las medidas sanitarias se han mostrado eficaces para ralentizar la transmisión del virus. Y es que sigue tan virulento como en marzo y en abril, cuando el vértice de la pandemia parecía no tocar nunca techo. Los brotes y rebrotes de la infección por Sars-Cov-2 no han cesado desde que salimos del confinamiento. Sin estado de alarma, ponerles freno es más complicado. Depende de los gobiernos autonómicos, pero éstos no tienen todos los medios de que dispone el Estado. La Generalitat catalana quisiera confinar la comarca leridana de La Segrià, pero una juez lo ha impedido. No creo que sea el mejor momento para echar estúpidos pulsos. Hasta ahora, el virus no parece influir demasiado en los votos. Esperemos que siga así.   
URBANO GARCIA
urbanogarciaperes@gmail.com
Imagen: Elecciones gallegas del 12-J de 2020. EFE/ LAVANDEIRA JR.


lunes, 13 de julio de 2020

FOTOS


Finalmente hubo foto en la escalera del Palacio de la Moncloa. Pedro Sánchez la buscaba desde hacía tiempo, pero la patronal se resistía. Hubo que reducir objetivos y recortar ambiciones, pero al final hubo firma. “Pacto para la reactivación económica y por el empleo”, así se llama el acuerdo. No es poco. Es la llave para otros pactos, tal vez más ambiciosos. Todos, salvo la extrema derecha y la derecha extrema, se apuntaron al festejo. Los agentes sociales llegaron al photocall monclovita con la lección aprendida. Nadie osó mentar la bicha en casa del ahorcado. Nadie mencionó los idealizados Pactos de la Moncloa del 77 que propiciaron posteriores consensos. Aún no toca. Por ahora. ¿Quién sabe si algún día volverán las oscuras golondrinas al jardín presidencial? Las emergencias son muchas y la pandemia está lejos de haber acabado. En la foto de familia los miembros del gobierno y los agentes sociales mantuvieron la distancia que recomienda la autoridad sanitaria. Pero nadie llevaba mascarilla. Mal ejemplo. No se me vayan relajando que luego pasa lo que pasa.
Ribó ha conseguido una imagen parecida en el consistorio valenciano. Sólo los neofranquistas se han quedado fuera de la foto de la reconstrucción. Ellos sabrán. La decidida apuesta por los servicios públicos es un triunfo para el equipo que gobierna el municipio. Ahora la batalla está en la política fiscal.  

POBREZA
               Como suele ocurrir, las crisis desencadenadas por la pandemia se han cebado más en quienes menos tienen. Informes como los de Oxfam o Cáritas ya lo habían adelantado. La foto de la pobreza crece con la crisis. Y la desigualdad aumenta. Ahora ha sido Philip Alston, ex relator de la ONU para la extrema pobreza, quien ha puesto el dedo en la llaga: “la pobreza existe a causa de decisiones políticas, y los gobiernos pueden optar, si lo desean, por eliminarla”. Más claro, agua. En su larga estancia por España, Alston no dejó rincón sin visitar. “Las autoridades hacen la vista gorda con las condiciones de los jornaleros inmigrantes”, dijo tras ver cómo vivían los trabajadores en un asentamiento agrícola. Si en 2018, más del 26% de la población española estaba en riesgo de exclusión social y el 55% tenía dificultades para acabar el mes, es fácil imaginar la situación actual. En la última década, las rentas del 1% más rico crecieron un 24%, mientras que el 90% más pobre empobreció más si cabe. Las bases de ese incremento de la desigualdad están en un sistema fiscal injusto mantenido en el tiempo. Por eso Alston sugiere en su informe cambios de gran calado en la fiscalidad que garanticen un “fuerte efecto redistributivo, reducir el fraude y evitar la elusión de impuestos”. Elusión y evasión, claro.

LOS MÉRITOS DEL EMÉRITO
               La foto de la monarquía reinstaurada por Franco está virando a sepia a velocidad supersónica. En 1976, Juan Carlos I pudo, supo y quiso apostar por transitar a un régimen democrático homologable. O no le quedó más remedio. Renovó su legitimidad como jefe del Estado con su actuación oficial en el golpe del 23F. ¿Es suficiente para consolidar una dinastía? No creo. La historia de los borbones está plagada de corruptelas, exilios y restauraciones. No hay más que repasar los últimos siglos. El rey emérito no es el primero. Debe ser duro para cualquier monarca mirarse en el espejo de la corona británica. Pocas hay en el mundo tan ricas y con tanto lustre. Su Graciosa Majestad es la excepción, no la regla.
La monarquía fue el peaje que pagamos por la Transición, dice Javier Pérez Royo. ¿Hasta cuándo durará la deuda? Terminada la cuarentena, Felipe VI y Letizia han emprendido una visita por los rincones del reino. Nada que ver con la excursión a las Hurdes del bisabuelo Alfonso. Aquello fue más épico. El heredero de la corona llegó a València, poco después de que Sandra Gómez, concejala socialista, declarase su fervor republicano. Más de uno contuvo la respiración en el PSOE. La investigación de la fiscalía suiza sobre los negocios del emérito en paraísos fiscales nos dará más de una sorpresa. Los tiempos han cambiado, y la tolerancia del personal no es la misma que tras la muerte de Franco. Y menos en época de tributación.
               Tampoco los méritos de la jerarquía eclesiástica durante la crisis son para tirar cohetes. El chiringuito de las rogativas no da más de sí. Lo único que le queda a la cúpula católica es tapar con el humo de sus botafumeiros la vergüenza de una actuación que ha brillado por su ausencia.  
URBANO GARCIA
Imagen: Juan Carlos I y el jeque. www.wordpress.com

martes, 30 de junio de 2020

CONSENSOS


En apenas unos días, todo pareció cambiar. Hay tantas ganas de que ocurra, que, con frecuencia, confundimos deseos con realidad. Pero sí, hubo síntomas, indicios, señales de humo en la lejanía. La convocatoria electoral en Galicia y en el País Vasco amansó a las fieras. No son sólo percepciones. Los primeros en dar el paso fueron sindicatos, patronal y gobierno prolongando los ERTE. Delante y detrás de los consensos siempre hay estrategias y declaraciones… Las hubo hasta en los mitificados Pactos de la Moncloa, y eso que en 1977 todo el mundo sabía de donde veníamos. Ahora también, pero se disimula más. La patronal reunió su cónclave para poner altavoces a la polifonía empresarial. “No desmontar lo que está funcionando”, dijo Pablo Isla de Inditex en referencia a la mal llamada reforma laboral del PP, aún vigente. “No introducir rigideces”, “más seguridad fiscal”, “no subir impuestos”, o “la economía española debe ser más competitiva”. ¿Les suena? Son algunas de las recetas de la CEOE. El discurso hegemónico del empresariado. Eso sí, hubo un llamamiento general al consenso. No parece mala idea con la que está cayendo desde la diestra siniestra. Pero la derecha, la de aquí y la europea, está en otra cosa. Los posicionamientos respecto al nombramiento de Nadia Calviño lo dejan claro. Casado dice sí con la boca chica a Nadia. Pero el Grupo Popular en el Europarlamento tiene otro candidato, y en Bruselas, el PP de Casado pinta poco. Eso sí, para dar pasta, aquí y allí, la derecha pone condiciones. Nada de dar cheques en blanco para salvar personas. A la derecha no le gustan esas zarandajas.    

SINDICATOS
               Los dirigentes sindicales saben que tienen un aliado a tiempo parcial en el gobierno de coalición, pero van con tiento. No es la primera vez que fuego amigo les ha pillado fuera de las trincheras. Guardan sus fuerzas para oponerse a falsas salidas como las de 2008. Aquel desastre financiero cayó casi exclusivamente sobre las espaldas de los currantes. El rescate de la Banca, sin contraprestaciones y con dinero público, dejó el paisaje lleno de cadáveres proletarios. Y los responsables del latrocinio salieron de rositas. Los sindicatos lo recuerdan con declaraciones y en la calle. Y es que la pandemia también afecta a unas clases más que a otras.    
Poner al ralentí la actividad social ha dado algunos beneficios. Frenó el exponencial aumento del contagio vírico y mejoró la calidad del aire. Esto último duró poco. Con la vuelta a la antigua anormalidad han aparecido repuntes y ha vuelto la contaminación. La economía regresa donde estaba, pero renqueante y quejumbrosa. Algunos cambios llegaron para quedarse. El teletrabajo, por ejemplo. Habrá que luchar para impedir que empresarios con pocos escrúpulos resuciten fórmulas laborales del siglo XIX. Y habrá que mejorar y abaratar la red informática, una de las más caras de la Unión Europea. En eso también tienen mucho que decir los sindicatos. Y en reducir la precariedad y el trabajo temporal, fuentes de importantes plusvalías. La tercera revolución industrial está en marcha, habrá que hacer todo lo posible para no perder el tren como en las otras dos anteriores. El Ingreso Mínimo Vital era necesario, pero insuficiente. Hacen falta más medidas.              

MAREA VERDE
               Temerosos ante la pandemia vírica, nos olvidamos con frecuencia de otras emergencias menos inmediatas, aunque no menos urgentes. Pienso en la crisis climática y sus desastrosas consecuencias. Hace poco supimos que una parte importante del permafrost siberiano se había descongelado. Eso ha liberado gran cantidad de metano a la atmósfera, incrementando el efecto invernadero. La espiral del cambio climático va camino de incrementarse exponencialmente, como si fuera la Covid-19. Y no hay suficientes UCI para atender una crisis ambiental planetaria de la magnitud de la que se avecina. El Sars-Cov-2 podría ser el aperitivo.
               En Francia parece que lo han tenido claro. El voto verde ha sido fundamental para frenar a la extrema derecha. Con la popularidad de Macron a la baja y una izquierda desorientada, el ecologista es el único voto que parece tener un proyecto de futuro para Francia y para Europa. El inquilino del Elíseo se ha percatado enseguida. Le ha faltado tiempo para convocar unos “estados generales verdes”. En lenguaje del republicano, un grupo de ciudadanos elegidos por sorteo que darán diagnóstico y aportarán soluciones. ¿Y los expertos?
               Aquí, EQUO, el partido que fundó López de Uralde en 2011, lleva años intentado aglutinar el voto verde. Ante el fracaso de tan ardua misión, los ecologistas hispanos han vuelto a la antigua táctica del contagio. Con mayor o menor suerte, lo hacen en Compromís, en IU y en Podemos. Y ahora en el gobierno de coalición de Pedro Sánchez. Una parte importante de la reconstrucción debería llevar su sello. ¿Hay consenso?              
URBANO GARCIA
Imagen: Concentración sindical ante las Cortes Valencianas. EDUARDO RIPOLL

miércoles, 24 de junio de 2020

DE LA ALARMA A LA ALERTA


Salir del confinamiento. Poder viajar más allá del patio de nuestra patria chica. Reencontrar los espacios de sociabilidad aparcados durante la pandemia. Recuperar una movilidad oxidada por el desuso. Hacer recuento de pérdidas. Retornar a una nueva normalidad demasiado parecida a la vieja anormalidad que dejamos en barbecho. ¿Qué hay de normal en ese retorno? Todo y nada. Dejar de estar en estado de alarma no es dejar atrás el peligro. El virus no se ha ido, y por ahora no hay remedio para combatirlo. Su capacidad de infectar sigue siendo la misma que cuando nos confinamos en marzo. ¿Qué ha cambiado? Todo y nada. El Sars-CoV-2 sigue ahí, tan peligroso como cuando la OMS declaró la pandemia. Pero hemos logrado frenar el crecimiento exponencial de contagios. El personal de las UCI puede rebajar su nivel de estrés. Y hemos detectado algunos fallos del sistema. Tal vez los peores. Por ejemplo, nos hemos percatado que el funcionamiento de las residencias para personas mayores es francamente mejorable. No es un problema sólo nuestro. También ha ocurrido en otros países de la egocéntrica Europa. Pero no consuela. El modelo neo liberal de gestión de las residencias es el que está en crisis. Como lo está el sanitario. Los dos hacen aguas por todas partes. Hacer negocio de las necesidades vitales es la ruina de la humanidad. A eso hemos llegado. Apenas una década después del financiero, nos topamos con otro crack. El de 2008 fue del bolsillo a la salud. Este ha ido al revés. En ambos, tanto la salud como el bolsillo han salido malparados. Más la primera, claro. Y aún no ha terminado. Viejos y pobres, primero. Es el dramático triaje de la Covid-19. Por eso la percepción del riesgo no es la misma en todo el mundo, aunque corra el mismo peligro. Sólo hay que dar un garbeo para ver cómo responden unos y otros a la silenciosa amenaza vírica. Ahora toca estar alerta, más que nunca. Y mascarillas.

RECONSTRUCCIÓN
               Suena bien. Pero es lo más difícil tras una devastación como la que estamos viviendo. No es sólo cuestión de voluntad. Hacen falta muchos recursos económicos. Tras la hecatombe europea que supuso la II Guerra Mundial, los EEUU acudieron raudos a reflotar un mercado necesario para sus exportaciones. Ahora, Europa tiene que salvarse sola. ¿Lo hará? No le queda otra. Una vez cedidas las soberanías monetarias nacionales al Banco Central Europeo, es éste el que tiene que apechugar con la crisis. Las dos principales opciones que se plantean son ideológicas: mancomunar la deuda o hacer un préstamo a cambio de recortes que llaman ajustes. La decisión es política. No es cuestión de norte y sur. Por eso el PP no ha dudado en sumarse a los gobiernos que piden condicionar los préstamos. Ha vuelto a hacer lo que siempre hizo, traicionar a su país, a su gente. Los países de la Unión tienen recursos de sobra para hacer frente a la crisis derivada de la pandemia. ¿Serán capaces de anteponer el esfuerzo solidario al egoísmo nacional? Esa es la cuestión. La UE se juega su futuro. Volviendo a la crisis financiera de 2008, entonces la UE sacrificó los servicios públicos y a las personas en aras de salvar la Banca. ¿Volverá a hacerlo? Sería un grave error. La actual crisis no tiene nada que ver con la que inauguramos el milenio. Lo sabe Ángela Merkel y su porquero.
               La complejidad de la realidad política, obliga a adoptar medidas a diferentes niveles. Les nostres Corts han creado una Comisión para estudiar posibles soluciones autonómicas. Por ella están pasando algunas de las mentes mejor dotadas del País. El pasado 12 de junio, Joan Romero desgranó su diagnóstico. Desde mejorar el sistema de financiación, a reforzar la sanidad y la educación, pasando por apostar por el necesario cambio del modelo energético y productivo. Pocas cosas quedaron en el tintero. Tal vez la cultura, pariente pobre de todas las crisis, merecería mayor atención. ¿Cómo es posible poder ver una corrida de toros y no un concierto en la misma plaza? Todo el mundo coincide en que es necesario invertir más en sanidad, en educación y en I+D+i, o sea en investigación y ciencia. Pero invertir de verdad, no hacer el juego trilero de dar el dinero a concesiones privadas y recortar en servicios públicos. Esa fórmula ya ha demostrado su rotundo fracaso. ¿O hace falta una prueba más contundente? También habrá que poner límites a la deslocalización de industrias básicas. No puede ser que la UE haya cerrado todas sus fábricas de mascarillas, respiradores o geles hidroalcohólicos, por poner unos ejemplos que todos tenemos presentes. Claro que para que eso se produzca hace falta que la UE sea algo más que un club de jugadores de Bolsa. Habrá que hacerlo posible.
Y eso, ¿cómo se paga? Pues con una fiscalidad más justa. Por ejemplo, pagando impuestos las plataformas digitales que han hecho su agosto con la pandemia. Tasa Tobin o Covid da igual como se llame.
URBANO GARCIA
Imagen: Equipo médico de una UCI con un enfermo por Covid-19. OMS