domingo, 16 de agosto de 2020
martes, 28 de julio de 2020
EL ESPEJO EUROPEO
Nadie dijo que fuera fácil la construcción de una
estructura federal. Desde que Alemania y Francia decidieron unir sus intereses
y sus esfuerzos para hacer una gran comunidad europea del carbón y del acero,
hasta lo que ocurrió el lunes 20 de julio, ha llovido mucho en el viejo
continente. Más de una vez, la Unión Europea -ahora más unión que nunca- se
asomó al abismo de su desintegración, desde el ya lejano 25 de marzo de 1957 en
que se firmó el Tratado de Roma, primitivo embrión de lo que hoy llamamos simplemente
Europa. Las dificultades siempre se superaron con diálogo y más diálogo. Tal
vez ese sea el secreto para poner de acuerdo a 27 estados con sus filias y sus
fobias, con sus dinámicas internas y sus dependencias externas. Tener una
moneda única ayuda, aunque a veces parece lo contrario. El caso es que las
decisiones políticas, pero sobre todo las económicas, unen más que una maroma
de barco. Los anteriores intentos de unión siempre estuvieron presididos por
una bota militar. La de las tropas napoleónicas o las del fascismo rampante. Tras
comprobar la brutalidad de la milicia en esa larga guerra civil que ocupó la primera
mitad del siglo XX, los europeos optaron por resolver sus conflictos con el
arma de la palabra y no con otras armas menos inofensivas. Y llegados a este
punto, de nuevo surge el eterno debate: ¿federados o confederados? La larga
cumbre de julio también fue un pulso entre los pequeños y los grandes, entre
los países con más población y PIB, y los menos poblados y con menor peso
económico, países pequeños, pero no por ello con menor renta per cápita. Unos
acostumbrados a imponer su voluntad, otros habituados a ser comparsa. Un país,
un voto. Parece justo. ¿Pero es justo que la suma de pequeños Estados frene el
avance de la mayoría de la población? ¿Cómo ir hacia un mayor federalismo cuando
hay grandes diferencias entre los federados?
DE
LO MACRO A LO MICRO
El debate federal no es nuevo en
la construcción europea. Ya se planteó cuando se quiso dotar al espacio europeo
de una Constitución que marcase derechos y deberes. Algunas contradicciones se han
resuelto acudiendo a instancias menores, a los Estados nación. Pero no siempre
funciona. ¿Qué ocurre cuando la mayoría de la ciudadanía de un Estado decide de
forma diferente a las mayorías del resto de Estados? ¿Existe el derecho a la
secesión? ¿Es justa la dictadura de la mayoría? ¿Es justo el veto de la minoría?
Lo que sirve para la UE también es útil en ámbitos más pequeños. Es fácil
rastrear temas similares en la política española. La estructura cuasi federal
de nuestro Estado plantea debates parecidos, salvando las distancias, claro. El
Estado Autonómico no deja de ser un invento made in Spain, un quiero y
no puedo. Una clara ruptura del estado unitario franquista, pero sin apostar
claramente por una alternativa federal. Y ahora, ¿hacia dónde vamos? Las
autonomías, apuntadas en la Constitución del 78, han madurado y han introducido
dinámicas propias que exigen soluciones más federales, además de una urgente
revisión de la Carta Magna.
Y en eso llegó el Sars-Cov-2 y mandó parar. Para combatir
mejor la pandemia se centralizaron decisiones, sanitarias y políticas. Y se amplió
el marco para su resolución, al menos hasta vencer el pico de contagios. Lo
urgente era evitar el colapso. ¿Lo hemos conseguido? Parece que sí, al menos
por ahora. Y llegó la desescalada. Se devolvió a las autonomías su capacidad de
decisión. ¿Tienen medios para seguir afrontando el reto? Las respuestas han
sido desiguales, como desigual es el impacto territorial de la pandemia. Y no
todas las autonomías disponen de los mismos recursos. Ahí llegamos al meollo de
la cuestión, a nuestro meollo. Al déficit acumulado en la financiación valenciana.
Nos pasa como a algunos países europeos. Hay territorios más ricos que otros,
más poblados, más industriales, … también mejor financiados. Algunos, además,
hacen dumping fiscal. Facilitan la instalación de empresas a cambio de pagar
menos impuestos. Vamos, como Luxemburgo, Holanda o Irlanda sin ir más lejos.
Pues eso hace Madrid. A las ventajas de ser capital del Estado y autonómica (sobredimensión
digna de un régimen centralista) suma privilegios fiscales de poca
justificación. Y aquí no hay como en la Unión Europea cheques compensatorios.
Al día siguiente del gran acuerdo
en Bruselas, volvió a escenificarse en la Carrera de San Jerónimo el desacuerdo
español. El drama de una derecha que rechaza el ejemplo europeo y prefiere mirarse
en el espejo de la madrastra de Blancanieves, para verse más diestra y
siniestra de lo que a los empresarios les conviene y el país necesita.
URBANO GARCIA
Imagen: Madrastra de Blancanieves
frente al espejo mágico. Disney.
martes, 21 de julio de 2020
FUNERALES
La vida está llena de ritos y ceremonias. Elaboraciones
culturales que nos hacen más llevaderas las mudanzas, las transiciones. Nacer y
morir son nuestros tránsitos más importantes. Somos cuando nacemos y dejamos de
serlo cuando se nos va la vida. A veces de forma sonora, otras “tan callando”.
Para la llegada, la alegría y el gozo están más que justificados. El problema lo
tenemos con la salida. Llevamos mal la muerte. Nos cuesta admitir las pérdidas.
Más si son de seres queridos. La Covid-19 nos está poniendo a prueba, diría un
evangelista. El patio de la Armería del Palacio Real se vistió de luto para
homenajear a los muertos por el virus SARS-Cov-2. Ni cruces, ni medias lunas,
ni estrellas de David, los funerales de Estado fueron laicos. Creo que es la primera
vez que el Estado cumple la Constitución en un tema como éste. Siempre hay una
primera vez, aunque llegue con demasiado retraso. Pocos medios de comunicación se
hicieron eco de la novedad.
Los funerales en la catedral
de la Almudena fueron otra cosa. Fueron unos funerales de la jerarquía católica
para calmar la ansiedad de sus feligreses, pero no fueron unos funerales de
Estado, por mucho que la diestra siniestra vociferara su añoranza del nacionalcatolicismo.
Por cierto, ni Abascal ni Felipe González acudieron a los funerales de Estado.
Ellos sabrán. Sí hubo una representación de las instituciones europeas. Aunque
no vino Mark Rutte, el ministro holandés, ocupado en vendernos tulipanes como si
fueran motos.
RECONSTRUCCION EUROPEA
Tras
5 días de maratonianas reuniones, y dejarse muchos pelos en la gatera, la
cumbre de la Unión Europea dio su visto bueno a un ambicioso plan de
reconstrucción. A nosotros nos tocarán 140.000 millones de €. Mitad y mitad a fondo
perdido y como préstamos. No está nada mal. La ayuda está condicionada a que la
Unión apruebe la próxima reforma de la mal llamada reforma laboral, la de Rajoy.
Los gobiernos más neoliberales no aflojan ni en tiempos de pandemia. Veremos si
son tan gallitos cuando llegue la hora de la armonización fiscal. Los Países
Bajos no son frugales, son tacaños, insolidarios y hacen dumping fiscal al
resto de países de la Unión. “La economía de Holanda es un parásito peligroso
que desestabiliza y pone en peligro a Europa, aunque lo sorprendente no es que
los holandeses se aprovechen de eso, sino que los demás países lo sigan
consintiendo”, dice el economista Juan Torres en Público.
Cada vez que Europa otea una
crisis, la Unión se asoma al abismo. Y es que la UE es una realidad política compleja
y en permanente construcción. Más o menos despejado el futuro sin Gran Bretaña,
la complejidad no ha disminuido. Las dinámicas nacionales, los programas de los
grupos políticos, las presiones de los lobbies, la gestión de la moneda única,
la lucha de clases, … Todas esas redes construyen una tupida malla que en
ocasiones no deja pasar la luz.
Las ayudas europeas estarán
condicionadas a su rentabilidad. Nos vendrá bien fijar criterios, más allá de
los ideológicos. Ahí está el eje ferroviario por el litoral mediterráneo esperando
inversiones como agua de mayo. O recuperar el liderazgo en energías limpias y
sostenibles. Todo muy en sintonía con los olvidados objetivos del milenio. No
creo que la Unión Europea desapruebe el plan. Tampoco creo que vea mal la
paralización de una ampliación norte del puerto de València, cara, innecesaria e
insostenible. Hay alternativas mucho más respetuosas con el medio ambiente, otro
de los ambiciosos objetivos europeos.
Cada vez que una crisis
asoma por Europa, oímos los coros acompañando los funerales por la Unión. En
2008, con la crisis financiera, los coros de góspel fueron unánimes y todas las
voces cantaron acompasadas la partitura neoliberal. Con la crisis sanitaria no
ha sido así. ¡Menos mal! Dos grandes, Alemania y Francia, se han puesto del
lado de los países del sur. No es lo mismo una crisis desatada por la
especulación y la falta de reglas, que una causada por un virus altamente
contagioso y bastante mortal.
“Una de las páginas más
brillantes de la Unión Europea”, dijo, en referencia al acuerdo, un Pedro
Sánchez eufórico tras superar una semana de infarto. A falta de ser ratificado
por el Europarlamento, el plan de reconstrucción, en líneas generales, supone
mancomunar parte de la deuda a cambio de caminar hacía una economía más verde y
más digital, más limpia y más eficiente. Objetivos que no deberían de estar en
contradicción con los de cualquier gobierno progresista. A pesar de los momentos
críticos vividos, aún no ha habido funeral por Europa. Esperemos que tampoco lo
haya en la letra pequeña.
URBANO GARCIA
Imagen: Cumbre Unión Europea Reconstrucción,
20 julio 2020. NEWTRAL
martes, 14 de julio de 2020
VIRUS Y VOTOS
Domingo 12 de julio. Todos pendientes de Euskadi y
Galicia. Ambos territorios decidieron elegir su parlamento autonómico en plena
desescalada de la COVID-19. En ambos países ganaron las opciones políticas con
un discurso más territorial, nacionalista y regionalista, respectivamente. En
Euskadi, el PNV ha vuelto a demostrar su hegemonía. Detrás EH-Bildu, también
nacionalista pero mucho más a la izquierda. En Galicia, Feijóo ha ganado su
cuarta mayoría absoluta, envolviéndose en la bandera gallega para ocultar la
agenda política que le marcaba Génova y Casado, o Aznar y la FAES, que vienen a
ser lo mismo. Hace tiempo que Feijóo cultiva un regionalismo conservador
parecido al que el PP valenciano lució en sus años de vino y rosas, de eventos
y corrupción. El PP vasco hizo lo que le mandó el aparato del partido: un
frente españolista con C’s. Gran apuesta de Casado, gran fracaso político.
Tarda en dimitir el líder de la diestra siniestra.
Galicia y Euskadi, dos estrategias diferentes del PP,
dos formas de entender la construcción de la derecha. Una victoriosa, la otra
un desastre. El PP mira a Galicia y calla en Euskadi. ¿Cuánto tardarán los
barones del PP en quitarse de encima ese perdedor llamado Casado? ¿Esperarán al
próximo batacazo en Catalunya? Ahí lo dejo. La abstención vasca fue mayor de la
esperada. Y afectó a los resultados electorales. El escaño neofranquista por
Álava, por ejemplo, costó únicamente 4000 votos. Todos nuestros sistemas
electorales pecan de lo mismo, son terriblemente desproporcionales. No todos
los votos valen lo mismo.
FEDERALISMO
Desde
aquí, la dirección de Compromís siguió atenta los resultados electorales. El
crecimiento exponencial del Bloque Nacionalista Gallego le transmite buenas
vibraciones. También el aumento de escaños de EH-Bildu en Euskadi. Los
ecosistemas políticos vasco y gallego tienen sus propias dinámicas, no siempre
coincidentes con las de unas elecciones generales. Una parte importante de los
votos perdidos por la marca gallega de Podemos ha ido al BNG; en Euskadi, a
EH-Bildu. El electorado socialista ha mostrado su fidelidad. También su
incapacidad de crecer a costa del socio de gobierno. En 2018, en Andalucía,
ocurrió al revés. UP, o sea Adelante Andalucía, liderada por Teresa Rodríguez,
fue incapaz de capitalizar la debacle de Susana Díaz y el PSOE andaluz. Primera
conclusión: avanzan los factores federalizantes. ¿Aprovechará el gobierno de
Pedro Sánchez la coyuntura favorable para ir hacia el estado plurinacional?
¿Corregirá Podemos su pulsión centralizadora a favor de un federalismo más
integrador? Cuando se vota de forma separada autonómicas y generales, el
electorado diferencia su voto. Tal vez por eso, Ximo Puig prefirió poner las
últimas autonómicas bajo el paraguas de las generales. Un marco claramente
favorable para los socialistas y desfavorable para Compromís. ¿Lo volverá a
hacer en la próxima ocasión? Nunca hay que descartar
nada.
BROTES Y REBROTES
Sábado 11,
jornada de reflexión, pánico ante un más que posible aumento de la abstención.
Todo el mundo miró el espejo francés. Macron separó con el confinamiento la
primera de la segunda vuelta de las municipales. Patinó en la primera, y se dio
de bruces en la segunda. La abstención creció en el país vecino a niveles
desconocidos. En Marche, su proyecto político, obtuvo un resultado
catastrófico. Édouard Philippe, su mano derecha, hizo las maletas y se fue a su
feudo de Le Havre. Macron se quedó con el culo al aire.
Mientras
el electorado vasco y gallego reflexionaba, se multiplicaron los brotes de
Covid-19. Ambos gobiernos prohibieron ir a votar a las personas contagiadas.
Una prohibición dudosamente constitucional. Aunque sólo el confinamiento, el
uso de mascarillas, el distanciamiento físico y extremar las medidas sanitarias
se han mostrado eficaces para ralentizar la transmisión del virus. Y es que
sigue tan virulento como en marzo y en abril, cuando el vértice de la pandemia
parecía no tocar nunca techo. Los brotes y rebrotes de la infección por
Sars-Cov-2 no han cesado desde que salimos del confinamiento. Sin estado de
alarma, ponerles freno es más complicado. Depende de los gobiernos autonómicos,
pero éstos no tienen todos los medios de que dispone el Estado. La Generalitat
catalana quisiera confinar la comarca leridana de La Segrià, pero una juez lo
ha impedido. No creo que sea el mejor momento para echar estúpidos pulsos.
Hasta ahora, el virus no parece influir demasiado en los votos. Esperemos que siga
así.
URBANO GARCIA
urbanogarciaperes@gmail.com
Imagen:
Elecciones gallegas del 12-J de 2020. EFE/ LAVANDEIRA JR.
Domingo 12 de julio. Todos pendientes de Euskadi y
Galicia. Ambos territorios decidieron elegir su parlamento autonómico en plena
desescalada de la COVID-19. En ambos países ganaron las opciones políticas con
un discurso más territorial, nacionalista y regionalista, respectivamente. En
Euskadi, el PNV ha vuelto a demostrar su hegemonía. Detrás EH-Bildu, también
nacionalista pero mucho más a la izquierda. En Galicia, Feijóo ha ganado su
cuarta mayoría absoluta, envolviéndose en la bandera gallega para ocultar la
agenda política que le marcaba Génova y Casado, o Aznar y la FAES, que vienen a
ser lo mismo. Hace tiempo que Feijóo cultiva un regionalismo conservador
parecido al que el PP valenciano lució en sus años de vino y rosas, de eventos
y corrupción. El PP vasco hizo lo que le mandó el aparato del partido: un
frente españolista con C’s. Gran apuesta de Casado, gran fracaso político.
Tarda en dimitir el líder de la diestra siniestra.
Galicia y Euskadi, dos estrategias diferentes del PP,
dos formas de entender la construcción de la derecha. Una victoriosa, la otra
un desastre. El PP mira a Galicia y calla en Euskadi. ¿Cuánto tardarán los
barones del PP en quitarse de encima ese perdedor llamado Casado? ¿Esperarán al
próximo batacazo en Catalunya? Ahí lo dejo. La abstención vasca fue mayor de la
esperada. Y afectó a los resultados electorales. El escaño neofranquista por
Álava, por ejemplo, costó únicamente 4000 votos. Todos nuestros sistemas
electorales pecan de lo mismo, son terriblemente desproporcionales. No todos
los votos valen lo mismo.
FEDERALISMO
Desde
aquí, la dirección de Compromís siguió atenta los resultados electorales. El
crecimiento exponencial del Bloque Nacionalista Gallego le transmite buenas
vibraciones. También el aumento de escaños de EH-Bildu en Euskadi. Los
ecosistemas políticos vasco y gallego tienen sus propias dinámicas, no siempre
coincidentes con las de unas elecciones generales. Una parte importante de los
votos perdidos por la marca gallega de Podemos ha ido al BNG; en Euskadi, a
EH-Bildu. El electorado socialista ha mostrado su fidelidad. También su
incapacidad de crecer a costa del socio de gobierno. En 2018, en Andalucía,
ocurrió al revés. UP, o sea Adelante Andalucía, liderada por Teresa Rodríguez,
fue incapaz de capitalizar la debacle de Susana Díaz y el PSOE andaluz. Primera
conclusión: avanzan los factores federalizantes. ¿Aprovechará el gobierno de
Pedro Sánchez la coyuntura favorable para ir hacia el estado plurinacional?
¿Corregirá Podemos su pulsión centralizadora a favor de un federalismo más
integrador? Cuando se vota de forma separada autonómicas y generales, el
electorado diferencia su voto. Tal vez por eso, Ximo Puig prefirió poner las
últimas autonómicas bajo el paraguas de las generales. Un marco claramente
favorable para los socialistas y desfavorable para Compromís. ¿Lo volverá a
hacer en la próxima ocasión? Nunca hay que descartar
nada.
BROTES Y REBROTES
Sábado 11,
jornada de reflexión, pánico ante un más que posible aumento de la abstención.
Todo el mundo miró el espejo francés. Macron separó con el confinamiento la
primera de la segunda vuelta de las municipales. Patinó en la primera, y se dio
de bruces en la segunda. La abstención creció en el país vecino a niveles
desconocidos. En Marche, su proyecto político, obtuvo un resultado
catastrófico. Édouard Philippe, su mano derecha, hizo las maletas y se fue a su
feudo de Le Havre. Macron se quedó con el culo al aire.
Mientras
el electorado vasco y gallego reflexionaba, se multiplicaron los brotes de
Covid-19. Ambos gobiernos prohibieron ir a votar a las personas contagiadas.
Una prohibición dudosamente constitucional. Aunque sólo el confinamiento, el
uso de mascarillas, el distanciamiento físico y extremar las medidas sanitarias
se han mostrado eficaces para ralentizar la transmisión del virus. Y es que
sigue tan virulento como en marzo y en abril, cuando el vértice de la pandemia
parecía no tocar nunca techo. Los brotes y rebrotes de la infección por
Sars-Cov-2 no han cesado desde que salimos del confinamiento. Sin estado de
alarma, ponerles freno es más complicado. Depende de los gobiernos autonómicos,
pero éstos no tienen todos los medios de que dispone el Estado. La Generalitat
catalana quisiera confinar la comarca leridana de La Segrià, pero una juez lo
ha impedido. No creo que sea el mejor momento para echar estúpidos pulsos.
Hasta ahora, el virus no parece influir demasiado en los votos. Esperemos que siga
así.
URBANO GARCIA
urbanogarciaperes@gmail.com
Imagen:
Elecciones gallegas del 12-J de 2020. EFE/ LAVANDEIRA JR.
lunes, 13 de julio de 2020
FOTOS
Finalmente hubo foto en la escalera del Palacio de la
Moncloa. Pedro Sánchez la buscaba desde hacía tiempo, pero la patronal se
resistía. Hubo que reducir objetivos y recortar ambiciones, pero al final hubo
firma. “Pacto para la reactivación económica y por el empleo”, así se llama el
acuerdo. No es poco. Es la llave para otros pactos, tal vez más ambiciosos. Todos,
salvo la extrema derecha y la derecha extrema, se apuntaron al festejo. Los
agentes sociales llegaron al photocall monclovita con la lección aprendida.
Nadie osó mentar la bicha en casa del ahorcado. Nadie mencionó los idealizados
Pactos de la Moncloa del 77 que propiciaron posteriores consensos. Aún no toca.
Por ahora. ¿Quién sabe si algún día volverán las oscuras golondrinas al jardín
presidencial? Las emergencias son muchas y la pandemia está lejos de haber
acabado. En la foto de familia los miembros del gobierno y los agentes sociales
mantuvieron la distancia que recomienda la autoridad sanitaria. Pero nadie llevaba
mascarilla. Mal ejemplo. No se me vayan relajando que luego pasa lo que pasa.
Ribó ha conseguido una imagen parecida en el
consistorio valenciano. Sólo los neofranquistas se han quedado fuera de la foto
de la reconstrucción. Ellos sabrán. La decidida apuesta por los servicios
públicos es un triunfo para el equipo que gobierna el municipio. Ahora la
batalla está en la política fiscal.
POBREZA
Como suele ocurrir, las
crisis desencadenadas por la pandemia se han cebado más en quienes menos
tienen. Informes como los de Oxfam o Cáritas ya lo habían adelantado. La foto
de la pobreza crece con la crisis. Y la desigualdad aumenta. Ahora ha sido Philip
Alston, ex relator de la ONU para la extrema pobreza, quien
ha puesto el dedo en la llaga: “la pobreza existe a causa de decisiones
políticas, y los gobiernos pueden optar, si lo desean, por eliminarla”. Más
claro, agua. En su larga estancia por España, Alston no dejó rincón sin
visitar. “Las autoridades hacen la vista gorda con las condiciones de los
jornaleros inmigrantes”, dijo tras ver cómo vivían los trabajadores en un
asentamiento agrícola. Si en 2018, más del 26% de la población española estaba
en riesgo de exclusión social y el 55% tenía dificultades para acabar el mes,
es fácil imaginar la situación actual. En la última década, las rentas del 1%
más rico crecieron un 24%, mientras que el 90% más pobre empobreció más si cabe.
Las bases de ese incremento de la desigualdad están en un sistema fiscal
injusto mantenido en el tiempo. Por eso Alston sugiere en su informe cambios de
gran calado en la fiscalidad que garanticen un “fuerte efecto redistributivo,
reducir el fraude y evitar la elusión de impuestos”. Elusión y evasión, claro.
LOS
MÉRITOS DEL EMÉRITO
La foto de la monarquía
reinstaurada por Franco está virando a sepia a velocidad supersónica. En 1976,
Juan Carlos I pudo, supo y quiso apostar por transitar a un régimen democrático
homologable. O no le quedó más remedio. Renovó su legitimidad como jefe del Estado
con su actuación oficial en el golpe del 23F. ¿Es suficiente para consolidar
una dinastía? No creo. La historia de los borbones está plagada de corruptelas,
exilios y restauraciones. No hay más que repasar los últimos siglos. El rey
emérito no es el primero. Debe ser duro para cualquier monarca mirarse en el
espejo de la corona británica. Pocas hay en el mundo tan ricas y con tanto
lustre. Su Graciosa Majestad es la excepción, no la regla.
La monarquía fue el peaje que pagamos por la
Transición, dice Javier Pérez Royo. ¿Hasta cuándo durará la deuda? Terminada la
cuarentena, Felipe VI y Letizia han emprendido una visita por los rincones del
reino. Nada que ver con la excursión a las Hurdes del bisabuelo Alfonso.
Aquello fue más épico. El heredero de la corona llegó a València, poco después
de que Sandra Gómez, concejala socialista, declarase su fervor republicano. Más
de uno contuvo la respiración en el PSOE. La investigación de la fiscalía suiza
sobre los negocios del emérito en paraísos fiscales nos dará más de una
sorpresa. Los tiempos han cambiado, y la tolerancia del personal no es la misma
que tras la muerte de Franco. Y menos en época de tributación.
Tampoco los méritos de la
jerarquía eclesiástica durante la crisis son para tirar cohetes. El chiringuito
de las rogativas no da más de sí. Lo único que le queda a la cúpula católica es
tapar con el humo de sus botafumeiros la vergüenza de una actuación que ha
brillado por su ausencia.
URBANO GARCIA
Imagen: Juan
Carlos I y el jeque. www.wordpress.com
martes, 30 de junio de 2020
CONSENSOS
En apenas unos días, todo pareció cambiar. Hay tantas
ganas de que ocurra, que, con frecuencia, confundimos deseos con realidad. Pero
sí, hubo síntomas, indicios, señales de humo en la lejanía. La convocatoria
electoral en Galicia y en el País Vasco amansó a las fieras. No son sólo percepciones.
Los primeros en dar el paso fueron sindicatos, patronal y gobierno prolongando
los ERTE. Delante y detrás de los consensos siempre hay estrategias y
declaraciones… Las hubo hasta en los mitificados Pactos de la Moncloa, y eso
que en 1977 todo el mundo sabía de donde veníamos. Ahora también, pero se
disimula más. La patronal reunió su cónclave para poner altavoces a la
polifonía empresarial. “No desmontar lo que está funcionando”, dijo Pablo Isla
de Inditex en referencia a la mal llamada reforma laboral del PP, aún vigente.
“No introducir rigideces”, “más seguridad fiscal”, “no subir impuestos”, o “la
economía española debe ser más competitiva”. ¿Les suena? Son algunas de las
recetas de la CEOE. El discurso hegemónico del empresariado. Eso sí, hubo un
llamamiento general al consenso. No parece mala idea con la que está cayendo
desde la diestra siniestra. Pero la derecha, la de aquí y la europea, está en
otra cosa. Los posicionamientos respecto al nombramiento de Nadia Calviño lo
dejan claro. Casado dice sí con la boca chica a Nadia. Pero el Grupo Popular en
el Europarlamento tiene otro candidato, y en Bruselas, el PP de Casado pinta
poco. Eso sí, para dar pasta, aquí y allí, la derecha pone condiciones. Nada de
dar cheques en blanco para salvar personas. A la derecha no le gustan esas
zarandajas.
SINDICATOS
Los dirigentes sindicales
saben que tienen un aliado a tiempo parcial en el gobierno de coalición, pero
van con tiento. No es la primera vez que fuego amigo les ha pillado fuera de
las trincheras. Guardan sus fuerzas para oponerse a falsas salidas como las de
2008. Aquel desastre financiero cayó casi exclusivamente sobre las espaldas de
los currantes. El rescate de la Banca, sin contraprestaciones y con dinero
público, dejó el paisaje lleno de cadáveres proletarios. Y los responsables del
latrocinio salieron de rositas. Los sindicatos lo recuerdan con declaraciones y
en la calle. Y es que la pandemia también afecta a unas clases más que a
otras.
Poner al ralentí la actividad social ha dado algunos beneficios.
Frenó el exponencial aumento del contagio vírico y mejoró la calidad del aire. Esto
último duró poco. Con la vuelta a la antigua anormalidad han aparecido repuntes
y ha vuelto la contaminación. La economía regresa donde estaba, pero renqueante
y quejumbrosa. Algunos cambios llegaron para quedarse. El teletrabajo, por
ejemplo. Habrá que luchar para impedir que empresarios con pocos escrúpulos
resuciten fórmulas laborales del siglo XIX. Y habrá que mejorar y abaratar la
red informática, una de las más caras de la Unión Europea. En eso también
tienen mucho que decir los sindicatos. Y en reducir la precariedad y el trabajo
temporal, fuentes de importantes plusvalías. La tercera revolución industrial
está en marcha, habrá que hacer todo lo posible para no perder el tren como en
las otras dos anteriores. El Ingreso Mínimo Vital era necesario, pero
insuficiente. Hacen falta más medidas.
MAREA VERDE
Temerosos ante la
pandemia vírica, nos olvidamos con frecuencia de otras emergencias menos
inmediatas, aunque no menos urgentes. Pienso en la crisis climática y sus
desastrosas consecuencias. Hace poco supimos que una parte importante del permafrost
siberiano se había descongelado. Eso ha liberado gran cantidad de metano a la
atmósfera, incrementando el efecto invernadero. La espiral del cambio climático
va camino de incrementarse exponencialmente, como si fuera la Covid-19. Y no hay
suficientes UCI para atender una crisis ambiental planetaria de la magnitud de
la que se avecina. El Sars-Cov-2 podría ser el aperitivo.
En Francia parece que
lo han tenido claro. El voto verde ha sido fundamental para frenar a la extrema
derecha. Con la popularidad de Macron a la baja y una izquierda desorientada,
el ecologista es el único voto que parece tener un proyecto de futuro para Francia
y para Europa. El inquilino del Elíseo se ha percatado enseguida. Le ha faltado
tiempo para convocar unos “estados generales verdes”. En lenguaje del
republicano, un grupo de ciudadanos elegidos por sorteo que darán diagnóstico y
aportarán soluciones. ¿Y los expertos?
Aquí,
EQUO, el partido que fundó López de Uralde en 2011, lleva años intentado aglutinar
el voto verde. Ante el fracaso de tan ardua misión, los ecologistas hispanos
han vuelto a la antigua táctica del contagio. Con mayor o menor suerte, lo
hacen en Compromís, en IU y en Podemos. Y ahora en el gobierno de coalición de
Pedro Sánchez. Una parte importante de la reconstrucción debería llevar su
sello. ¿Hay consenso?
URBANO GARCIA
Imagen: Concentración sindical ante las Cortes Valencianas. EDUARDO RIPOLL
miércoles, 24 de junio de 2020
DE LA ALARMA A LA ALERTA
Salir del confinamiento. Poder viajar más allá del
patio de nuestra patria chica. Reencontrar los espacios de sociabilidad aparcados
durante la pandemia. Recuperar una movilidad oxidada por el desuso. Hacer
recuento de pérdidas. Retornar a una nueva normalidad demasiado parecida a la
vieja anormalidad que dejamos en barbecho. ¿Qué hay de normal en ese retorno?
Todo y nada. Dejar de estar en estado de alarma no es dejar atrás el peligro.
El virus no se ha ido, y por ahora no hay remedio para combatirlo. Su capacidad
de infectar sigue siendo la misma que cuando nos confinamos en marzo. ¿Qué ha
cambiado? Todo y nada. El Sars-CoV-2 sigue ahí, tan peligroso como cuando la
OMS declaró la pandemia. Pero hemos logrado frenar el crecimiento exponencial
de contagios. El personal de las UCI puede rebajar su nivel de estrés. Y hemos
detectado algunos fallos del sistema. Tal vez los peores. Por ejemplo, nos
hemos percatado que el funcionamiento de las residencias para personas mayores
es francamente mejorable. No es un problema sólo nuestro. También ha ocurrido
en otros países de la egocéntrica Europa. Pero no consuela. El modelo neo liberal
de gestión de las residencias es el que está en crisis. Como lo está el
sanitario. Los dos hacen aguas por todas partes. Hacer negocio de las
necesidades vitales es la ruina de la humanidad. A eso hemos llegado. Apenas
una década después del financiero, nos topamos con otro crack. El de 2008 fue
del bolsillo a la salud. Este ha ido al revés. En ambos, tanto la salud como el
bolsillo han salido malparados. Más la primera, claro. Y aún no ha terminado. Viejos
y pobres, primero. Es el dramático triaje de la Covid-19. Por eso la percepción
del riesgo no es la misma en todo el mundo, aunque corra el mismo peligro. Sólo
hay que dar un garbeo para ver cómo responden unos y otros a la silenciosa
amenaza vírica. Ahora toca estar alerta, más que nunca. Y mascarillas.
RECONSTRUCCIÓN
Suena bien. Pero es lo
más difícil tras una devastación como la que estamos viviendo. No es sólo
cuestión de voluntad. Hacen falta muchos recursos económicos. Tras la hecatombe
europea que supuso la II Guerra Mundial, los EEUU acudieron raudos a reflotar
un mercado necesario para sus exportaciones. Ahora, Europa tiene que salvarse
sola. ¿Lo hará? No le queda otra. Una vez cedidas las soberanías monetarias
nacionales al Banco Central Europeo, es éste el que tiene que apechugar con la
crisis. Las dos principales opciones que se plantean son ideológicas:
mancomunar la deuda o hacer un préstamo a cambio de recortes que llaman ajustes.
La decisión es política. No es cuestión de norte y sur. Por eso el PP no ha
dudado en sumarse a los gobiernos que piden condicionar los préstamos. Ha
vuelto a hacer lo que siempre hizo, traicionar a su país, a su gente. Los
países de la Unión tienen recursos de sobra para hacer frente a la crisis
derivada de la pandemia. ¿Serán capaces de anteponer el esfuerzo solidario al
egoísmo nacional? Esa es la cuestión. La UE se juega su futuro. Volviendo a la
crisis financiera de 2008, entonces la UE sacrificó los servicios públicos y a
las personas en aras de salvar la Banca. ¿Volverá a hacerlo? Sería un grave
error. La actual crisis no tiene nada que ver con la que inauguramos el milenio.
Lo sabe Ángela Merkel y su porquero.
La complejidad de la realidad
política, obliga a adoptar medidas a diferentes niveles. Les nostres Corts han creado una
Comisión para estudiar posibles soluciones autonómicas. Por ella están pasando algunas
de las mentes mejor dotadas del País. El pasado 12 de junio, Joan Romero
desgranó su diagnóstico. Desde mejorar el sistema de financiación, a reforzar
la sanidad y la educación, pasando por apostar por el necesario cambio del
modelo energético y productivo. Pocas cosas quedaron en el tintero. Tal vez la
cultura, pariente pobre de todas las crisis, merecería mayor atención. ¿Cómo es
posible poder ver una corrida de toros y no un concierto en la misma plaza? Todo
el mundo coincide en que es necesario invertir más en sanidad, en educación y
en I+D+i, o sea en investigación y ciencia. Pero invertir de verdad, no hacer
el juego trilero de dar el dinero a concesiones privadas y recortar en
servicios públicos. Esa fórmula ya ha demostrado su rotundo fracaso. ¿O hace
falta una prueba más contundente? También habrá que poner límites a la
deslocalización de industrias básicas. No puede ser que la UE haya cerrado
todas sus fábricas de mascarillas, respiradores o geles hidroalcohólicos, por
poner unos ejemplos que todos tenemos presentes. Claro que para que eso se
produzca hace falta que la UE sea algo más que un club de jugadores de Bolsa. Habrá
que hacerlo posible.
Y eso, ¿cómo se paga? Pues con una fiscalidad más
justa. Por ejemplo, pagando impuestos las plataformas digitales que han hecho
su agosto con la pandemia. Tasa Tobin o Covid da igual como se llame.
URBANO GARCIA
Imagen: Equipo médico de una UCI con un enfermo por Covid-19. OMS
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