martes, 27 de octubre de 2020
viernes, 23 de octubre de 2020
TOQUE DE QUEDA
Couvre feu, así llaman los franceses al toque de queda. Suena igual
que en castellano, con reminiscencias bélicas. A veces no queda más remedio que
proclamarlo para que la gente cumpla las medidas sanitarias contra el coronavirus.
¿Habrá que imponer el toque de queda en Madrid para que el dúo más dinámico de
la derechita castiza deje de propagar el virus del odio? ¿Qué diría el PP si Sánchez
hiciera en Madrid lo que ha hecho Macron en 9 grandes ciudades francesas
incluida París? ¿Iría Casado a quejarse ante sus colegas de la Unión Europea y
a pedir la intervención manu militari de las instancias europeas en contra de los
intereses de nuestro país? Lo ha hecho a cuenta de la propuesta del gobierno de
coalición de modificar la forma de nombrar a los miembros del Consejo General
del Poder Judicial. Calla Casado que el CGPJ lleva dos años “en funciones”, al negarse
el PP a su renovación. A pesar de estar caducado, el CGPJ acaba de nombrar 6
presidentes de Sala (4 conservadores y 2 progresistas, curiosa nomenclatura
judicial que oculta tras un falso bipartidismo el alma reaccionaria de una
parte de los altos magistrados). Es lo más parecido al secuestro de la
democracia. El PP pide como rescate excluir a Unidas Podemos de las negociaciones
sobre el CGPJ. Lo piden quienes han corrompido la médula del sistema democrático.
Las derechas hablan sin tapujos de Estado fallido. Todo les vale con tal de
dinamitar el legítimo gobierno de coalición progresista. La presencia de UP en
el ejecutivo les hace perder los nervios. ¡Llegó la izquierda!, se quejan. O
sea que hasta ahora la izquierda nunca había gobernado. Para reflexionar.
CENSURA
La
semana que acaba ha dado mucho de sí. “Oigo la palabra democracia y saco la
pistola”, piensan y dicen los neofranquistas, marcando con su paso de oca ideológico
lo que piensa y dice el PP. No hay más que ver el acto neofascista de Almeida&Ayuso
quitando a golpe de mazo la placa que en 1981 (con Suárez presidiendo el
gobierno) se colocó en Madrid a la memoria de Largo Caballero. Urge una ley que
proteja de verdad la memoria democrática y limpie el barro franquista que atasca
los engranajes de la democracia.
Escribo estas líneas antes de que se debata la
moción de censura neofranquista contra Sánchez, pero también contra Casado. Ignoro
qué pulsión se impondrá en el PP. Ignoro qué PP sobrevivirá al envite de los nostálgicos
de Franco y a los tribunales que juzgan su financiación ilegal durante décadas.
“Partícipe a título lucrativo”, acaba de sentenciar al PP uno de esos
tribunales en los que se ven causas relacionadas con la Gürtel, la Kitchen,
y alguna otra trapacería con la que han devaluado, más si cabe, la escuálida
calidad democrática que teníamos. Vendrán más. De ahí las prisas del PP para
okupar el Poder Judicial. ¡Vaya golpe!
JE SUIS PROF
No somos la
excepción en el ascenso de la intolerancia. El asesinato en París de Samuel
Paty, profesor de historia y educación cívica, por hablar en clase de libertad
de expresión poniendo como ejemplo las caricaturas de Mahoma, que fueron la excusa
para asesinar a 12 personas en la redacción de la revista Charlie Hebdo,
es una muestra de la espiral de violencia y odio a la que algunos nos quieren precipitar.
Las palabras suelen preceder a los hechos. La técnica es vieja. Primero se
siembra el caos verbal, se deslegitima al gobierno, se dinamitan las
instituciones, se devalúa la democracia, … Luego vienen los salvadores, salva patrias
y asesinos a poner orden. La historia es conocida. Con ella se justificó el
golpe de Estado de 1936 y 40 años de dictadura. Ya sé que no es lo mismo. Que
no estamos en una Europa recorrida por el fantasma del fascismo. Pero las cosas
no suelen ser blancas o negras. Los tonos grises son infinitos.
BALANCE
2020
pasará a la historia como el año de la pandemia. Hubo Crida, pero no
hubo Fallas. Se plantaron a medias y se guardaron enteras. Cuando se pueda
habrá ración doble de Cremàs. Tampoco hubo Fogueres en Alacant.
Ni Cordà en Paterna. Ni Misteri en Elx … ni tantas y tantas cosas.
El robo en la EMT sigue pesando como una losa. En medio de la Covid-19, el
ayuntamiento de València hizo balance de este atípico año en el que se
peatonalizó la plaza mayor. La oposición sacó su argumentario típico y a sus
dos fetiches, atacar a Grezzi y a Ribó. Esperemos que no haya toque de queda. Con
el del 23F tuvimos bastante.
URBANO GARCIA
Imagen: Placa recuerdo
a Indalecio Prieto en Madrid. EFE
jueves, 15 de octubre de 2020
CLASES
No es que estemos en una nueva normalidad,
es que todo es raro, muy raro. Es como si nos hubiéramos quedado con lo peor de
la antigua normalidad y aún no tuviéramos lo mejor de la que tiene que venir,
que nadie sabe si será nueva o tendremos una de segunda mano.
La banda sonora del 9 d’Octubre
salió de los balcones. El 12, en la otra cita patriótica, algunos trampearon
con un trapo presumiendo de bandera preconstitucional. Nada es lo que parece. Nos
decían que la pandemia nos igualaría y todo apunta a que ocurre lo contrario.
Si desde hace un par de décadas la desigualdad no ha hecho más que crecer,
ahora, con el virus rondando entre nosotros, se ha disparado. Más desiguales
que ayer, pero menos que mañana. Si no lo evitamos, claro. Las cosas, mientras
no se demuestre lo contrario, pueden cambiarse. Eso sí, cuesta. Dejarse llevar
por el determinismo no es un buen consejo.
IGUALDAD
La
verdad es que casi toda la gente nace y muere en la misma clase social. No es fácil
salir de pobre, suele decirse. A pocos pobres les toca el Gordo o aciertan la
primitiva. Ese señuelo mueve apuestas y casinos. Un camino de perdición al que se
quiere poner coto. Además, sabemos que los sueños, sueños son, que decía
Calderón. En casinos y apuestas es más probable encontrar la ruina que a la
diosa fortuna.
Para salvar los muebles en caso de
crisis, y sobrevivir, aunque no la haya, se conquistó el Estado del bienestar. Sanidad
y educación son sus pilares básicos. Pero también dependencia, y vivienda, y protección
social, y… la lista es larga. Si la sanidad nos iguala ante la salud, la
educación lo hace ante las oportunidades. Con la crisis sanitaria, ambos
pilares crujieron. Años de recortes y olas privatizadoras dejaron la sanidad y
la educación públicas en estado de caquexia. Vamos, en los puros huesos. Cuando
ha habido que echar mano de ellas, nos hemos percatado de lo anémicas que estaban.
Toda inversión es poca para reanimarlas.
La sanidad no ha dejado de estar sometida
a estrés desde que nos entró “el bicho”. Para la lucha contra la Covid-19 no ha
habido ni descanso ni vacaciones. No fue el caso de la enseñanza. Desde marzo
las clases presenciales se convirtieron en on-line. El experimento dejó al
descubierto importantes carencias. No todo el mundo dispone de los medios
informáticos necesarios. Adiós igualdad de oportunidades.
Conselleria y sindicatos acordaron iniciar
el curso con la máxima presencialidad. Se argumentó el papel socializador que
cumple la escuela. Pero olvidaron otras funciones. Al menos eso parece. A nadie
se le escapa la importancia de Segundo de Bachillerato como puerta a la
universidad. Su acceso, fuertemente competitivo, depende de la nota que se
saque en la EBAU, la antigua Selectividad. Desde hace unas semanas, el alumnado
de Segundo de Bachillerato del Lluís Vives de València está movilizado reclamando
todo el curso presencial. La falta de espacio y de profesorado obligó a dividir
el número de alumnos por aula, y a reducir a la mitad las clases presenciales,
obligando a recortar el programa del curso. No es el único IES afectado por
esta carencia. En otros sitios con el mismo problema ya se han encontrado soluciones.
PLAZA DE ARMAS
Casi
siempre, encontrar soluciones es cuestión de voluntad. Donde parece que no hay
demasiado interés en solucionar los conflictos es en la capital del Reino. El
menguado desfile de la hispánica jornada no sirvió para calmar las agitadas aguas.
Los medios afines a la derecha, o sea casi todos, no dejan de jalear la
desafiante actitud de la lideresa madrileña. Ya sabemos que ella no baila sola.
Su pareja de hecho, digo del líder de su partido, la tiene como ariete contra
el gobierno de coalición. El PP quisiera subirse al caballo de la pandemia como
si fuera el de Pavía. Y apoyado en sus estribos judiciales poder retorcer la
voluntad popular como si fuera un tirano banderas cualquiera. Los neofranquistas
le soplan tras la oreja. Los que añoran la dictadura celebraron su patriótico
día quemando combustible por la Gran Vía. Y en València, en el pluricultural y
tolerante barrio de Benimaclet, marcharon con cuatro antorchas y banderas franquistas
intentando emular a los nazis en su siembra de odio durante la noche de los
cristales rotos. ¡Ridículos!
URBANO GARCIA
Imagen: Alumnas 2º Batxiller del IES Lluís Vives reclamando clases presenciales. Valencia Plaza
lunes, 5 de octubre de 2020
MOTINES Y MITINES
“Acatamos, pero no aceptamos”. ¿O era
al revés? Así empiezan algunos motines. Así continuó el órdago que el PP de
Madrid tiene montado al mundo mundial a cuenta de cómo luchar contra la Covid-19.
Ayuso, heroína del barrio de Salamanca, dice que Madrid merece un trato
especial. “Madrid no se puede parar. Es el motor de la economía española. No
puede confinarse. No aguanta en estas circunstancias”, repite la jefa de la
comunidad. Es el caos, vaticina. Acatar, sí. Aceptar, nunca. Para eso están los
tribunales, y los jueces amigos, para frenar todo lo que no nos conviene,
piensa, dice y hace la lideresa del trifachito madrileño. Motines y mítines se
mezclan en los tuits de la community manager del chucho de Esperanza Aguirre. “Lo hacemos tan bien que hasta EEUU
nos copia”, insiste Ayuso. ¿Imitará a Trump y experimentará ella misma qué se
siente infectándose con el SARS-Cov2? Hay víboras menos peligrosas.
El motín de
Ayuso es el motín de los ricos, de la derecha liberticida. Bebe de la fuente del
nepotismo y la intolerancia de la que beben los déspotas millonarios. Luce
españolismo castizo como símbolo de una identidad vacía de contenido. ¿Quién
dice que lo de Ayuso no es ideología?
PATRIOTAS
“Unos
ponen banderas, mientras el Consell del Botànic pone leyes para frenar
la pandemia”, dijo Fran Ferri en sede parlamentaria. No le falta razón al
portavoz de Compromís. Sembrar la playa de banderas es un atentado contra el
medio ambiente. ¿Motín o mitin? Para ‘las-tres-derechas-en-una’ es solidaridad
con los muertos. ¡Viva la muerte!, gritan los legionarios. El neofranquismo con
sus performances neofascistas arrastra al resto de las derechas al abismo populista.
Llamarlo antisistema es piropearlo.
En
medio de la pandemia hemos llegado a otro 9 d’Octubre. Fecha emblemática de senyeres i llepolies. Día de fe patriótica y símbolos
identitarios. Este año, como casi todo, la fiesta cívica también ha sido atípica.
El coronavirus obliga a extremar las medidas sanitarias. Mascarilla y distanciamiento
físico, concentraciones limitadas e higiene de manos. La procesión cívica reducida
a una vuelta al versallesco salón de cristal del Ayuntamiento. Nos sobra ingenio.
Acció Cultural ha promovido rutas para conocer mejor nuestra historia. ¡Falta
nos hace! No hay nada como el conocimiento para combatir la ignorancia.
Para
abrir boca, la tele de aquí, À Punt TV, junto con TV3 e IB3, emitió La mort de Guillem, una recreación sobre cómo alteró
la vida familiar el asesinato de Guillem Agulló, el 11 de abril de 1993. El
fascista que lo mató apenas estuvo 4 años en la cárcel. “¡Qué poco vale una
vida!”, dijo la madre de Guillem. El juez no encontró motivos ideológicos en el
asesinato. En 2005, el asesino Pedro Cuevas, alias “el ventosa”, fue detenido por
estar implicado en la operación Pánzer. La policía desmanteló un arsenal de la
extrema derecha en una planta baja de Valencia. Un lugar de reunión de lo más
granado del neofascismo valenciano que, desde la Transición, pone su macabra
nota de violencia los 9 d’Octubre, amargando la jornada de recuerdo, reivindicación,
fiesta y alegría.
FRACTURAS
Julián
Casanova acaba de publicar Una violencia indómita, incursión en el violento
siglo XX europeo. Para el historiador, países como el nuestro con “un pasado fracturado”
corren el riesgo de no cerrar las rendijas por las que se cuela el chapapote
fascista. El peligro no está sólo en la ignorancia, lo peor es despreciar el conocimiento.
Ambos se combaten con educación y leyes. A pesar de que han pasado 45 años de la
muerte de Franco, nuestro sistema educativo da poca importancia al siglo XX. La
rebelión militar en contra de la II República, la guerra y los 40 años de
dictadura franquista no fueron accidentales, ni fruto de la libre elección de la
ciudadanía. La anunciada reforma de la ley de memoria democrática servirá para
corregir algunos fallos de la legislación de ZP. El Estado creará un banco de
ADN y asumirá las exhumaciones. Sellará algunas grietas por las que se cuela ahora
la cínica equidistancia de considerar igual a víctimas y verdugos.
NOTA: Gran parte de los brotes de
Covid-19 surge en el ámbito social. Una fiesta en el Colegio Mayor Galileo Galilei
ha obligado a suspender las clases presenciales de la Politécnica. Hay juergas
que parecen motines.
URBANO GARCIA
Imagen: Manifestación recuerdo
Guillem Agulló/ Viento Sur.
martes, 29 de septiembre de 2020
DE LOS ERTE A LA PRIMARIA
Cuando estalló la pandemia, todo el
mundo se llevó la mano a la cabeza, al corazón y a la cartera pensando en cómo
iba a repercutir el virus en su economía doméstica. Los Expedientes de
Regulación Temporal de Empleo (ERTE) llegaron como tabla de salvación. Aún
permanece en la memoria el desastre de 2008, cuando miles de familias vieron
sus vidas truncadas por las medidas del gobierno. Había que reflotar la
economía -es decir la banca- a costa de lo que fuera. Y pagó el pato poca ropa.
Ahí está Bankia saliéndose de rositas sin devolver el generoso préstamo de 24.000
millones de € que le dio papá Estado. La banca era demasiado grande para caer,
y las que cayeron fueron las personas y las familias más vulnerables. Entonces
se aplicaron recetas neo liberales propias de un capitalismo de rapiña. “¡Es el
mercado!, amigo”, dijo Rato sacudiéndose las culpas por la salida a Bolsa de
Bancaja. Por ahora, nada de eso volverá a ocurrir.
Pero la negociación de los ERTE no ha
sido fácil. Demasiadas necesidades que atender para un Estado tan escuálido. Demasiados
sectores damnificados para satisfacer a todos. Una economía demasiado dependiente
y con poco valor añadido para resolver en un plis plas sus deficiencias
estructurales. A perro flaco todo son pulgas, y más en tiempos de pandemia. El
turismo es nuestro salvavidas cuando todo va bien. Nuestro talón de Aquiles,
cuando la cosa se tuerce. Algo habrá que hacer para romper esa inercia, digo yo.
TRABAJO Y SALUD
Contrariamente
a lo que pensábamos, la vuelta al trabajo no supuso un exagerado incremento de
contagios. Tampoco parece que la vuelta al colegio haya influido. ¿O sí? Las cifras,
no los datos, son tan elásticas que hasta Ayuso vende las suyas como si Madrid
fuera el desierto de Gobi y no la megalópolis que es, una ciudad aluvión al
borde del colapso hospitalario y ella, la supuesta timonel, jugando a la ruleta
rusa con la salud de sus conciudadanos. Las banderas no la dejan ver el bosque.
El pulso de Madrid al resto del Estado merece figurar en el catálogo de “segregacionismos
de los ricos” del que hablaban Ariño y Romero. No hay trabajo sin salud. Lo que
hay que garantizar es la salud. Y unos ingresos mínimos para sobrevivir, para
eso están los ERTE. No dice la Biblia que el trabajo es una maldición divina,
¿en qué quedamos?
La
segunda ola de la pandemia llega con el otoño, estación de resfriados. La
Covid-19 y la gripe tienen síntomas parecidos. Vacunarse contra la gripe es una
forma de descartar el Sars-Cov-2. La infección vírica hay que pararla en los
ambulatorios. ¿Cómo está nuestra atención primaria? Pues parece que no goza de
muy buena salud, opinan muchos de sus obligados usuarios. ¿Falta de personal y
medios? Eso seguro.
La
crisis sanitaria puede ser una oportunidad para ajustar cuentas con el déficit
que arrastramos. En el debate sobre el estado de la comunidad se habló del
horizonte 2027, y de la “vía valenciana del siglo XXI”. Mejorar la sanidad y la educación públicas parece
un buen destino para una parte de los 21 mil millones de € que nos tocarán
gracias a las políticas europeas anti-Covid. Reformar el funcionamiento de las
residencias también debería figurar en la lista de inversiones. Por no hablar
del necesario cambio del modelo productivo, con ese New Green Deal que tanto
se anuncia y que tan poco avanza. Eso es patriotismo.
PATRIA
Había expectación
ante el anunciado estreno de la versión televisiva de la exitosa novela de Fernando
Aramburu. La cita no defraudó. El día de la Patria valenciana también llega en
medio de la pandemia. ¿Defraudará? Nunca contenta a todos. Este año la sorpresa
la protagoniza Compromís. El reparto masivo de senyeras para colgar de los balcones es un cambio en el paradigma
valencianista. Hace tiempo que el valencianismo dejó de mirar el retrovisor y pasó
a pensar en cómo construir futuro. Nada peor que enrocarse en la melancolía de
los paraísos perdidos. En el 82 se frustró la patria por la que muchos
demócratas lucharon. Pero la patria no es sólo un himno y una bandera. “Mi
patria son mis hermanos…”, cantaba Chicho Sánchez Ferlosio. Este 9 d’Octubre
será atípico, como lo es todo desde que el virus Sars-Cov2 irrumpió en nuestras
vidas, trastocándolo todo y obligándonos a recluirnos en nuestro caparazón. El
virus pasará porque todo pasa. Tarde o temprano llegará la vacuna. Y la
pandemia nos dejará un recuerdo de muertes, cuarentenas y mascarillas. Mientras
tanto, bienvenidos los ERTE y a mejorar la atención primaria.
URBANO GARCIA
Imagen: Concentración sanitarios en defensa de la Sanidad Pública. TRIBUNA MÉDICA.
sábado, 26 de septiembre de 2020
OTOÑO VÍRICO
En marzo se congelaron las estaciones.
Se congeló el tiempo y se confinó la primavera. Cuando cambiamos de estación, volvieron
a sonar ecos de confinamiento. A veces, la segunda ola es peor. ¿Lo está
siendo? No creo, aunque lo parece. Estamos más prevenidos. Y quisiera creer que
los servicios sanitarios están más preparados que cuando la Covid-19 demostró
ser mucho peor que una gripe. Las imágenes que nos llegaban de China nos
parecían exageradas y dignas de una “dictadura comunista”. Las medidas nos
recordaban demasiado el universo distópico que tan bien describió Ray Bradbury
en Fahrenheit 451. Nadie deseaba sumergirse en ese mundo de pesadilla. Los
chinos parece que han dejado atrás lo peor de la pandemia. O eso nos venden. Ya
se han puesto manos a la obra para liderar la próxima revolución industrial, ecológica
y sostenible.
La traumática primera ola del
Sars-Cov-2 la combatimos con una buena dosis de Estado de alarma. La decisión tardó,
pero llegó. La fórmula mostró su eficacia. Nada mejor que el distanciamiento
físico para combatir la angustiosa incertidumbre causada por el pánico a lo
desconocido. Descubrimos que en la retaguardia había hogares desabastecidos, poco
preparados para aguantar un “apocalipsis” vírico. Algunos neandertales tenían
cuevas más cómodas.
El confinamiento fue eficaz, pero tuvo
consecuencias mentales y económicas. Las primeras aún están por evaluar. De las
segundas no se cansan de hablarnos los medios de comunicación. Los humanos
somos una especie social. Nos realizamos estando en contacto, hablando, riendo,
jugando todo tipo de juegos -sin descartar los más arriesgados-, y fomentando
todo tipo de amistades, incluso las más peligrosas. Nuestra salud mental
depende de ello. La solvencia económica también afecta a nuestro estado de
salud. No hay más que ver como una y otra se influyen y condicionan. La
pandemia no está afectando a todos por igual. Como siempre, los pobres son los más
perjudicados. No todo el mundo puede reducir su movilidad sin que se resienta
su economía. La desigualdad también cruza la pandemia con su injusta y sangrienta
navaja.
MADRID
¿Economía o salud?, ¿ese es el
dilema? “Pongamos que hablo de Madrid”, como canta Sabina. La derecha
gobernante en la capital del Reino lo tiene claro: money, money... Es
cuestión de optar, de decidir prioridades. En eso consiste también la política.
El PP pone su ideología en el puesto de mando allá donde gobierna. Su
neoliberalismo le lleva a hacer negocio con todo cuanto gestiona. También con la
salud. Por eso no cree en la sanidad pública y universal. Con ella se acaba el
chollo. La sanidad valenciana fue laboratorio de los experimentos neoliberales
del PP. Ahí están el modelo Alzira y Ribera Salud como buena muestra. Una vez
cerrado el grifo valenciano, Ribera Salud acudió al manantial de la doncella
Ayuso. Fuente de la que ha obtenido más de 73 millones de € de dinero público
por hacer test y seguimiento de la pandemia.
Vivir mata. Cómo y dónde se vive, también
influye. Bien lo sabe la community manager de El Pecas (el chucho de
Esperanza Aguirre), que aplica en Madrid unas medidas anti pandemia con cierto tufo
clasista. El PP hace de la aporofobia su seña de identidad. Es verdad que las
condiciones de vida condicionan la vida que vivimos. Por eso es importante
mejorar las condiciones de vida en los barrios más humildes. Un tema muy alejado
de las preferencias políticas del PP. Aún no se ha oído ninguna voz en el
barrio de Salamanca pidiendo libertad para sus conciudadanos de las 37 zonas
madrileñas que desde el lunes 21 han tenido que restringir su movilidad. Ni se
oirán. Algo tendrá que ver la segregación social que se produce en las
ciudades.
PLA DE
XOC
El Estado autonómico permite comparar.
Hace unos días, en el debate sobre el estado de la comunidad, Ximo Puig anunció
un plan de choque para hacer frente a la pandemia. Más de 21 mil millones de €
para 410 proyectos de reconstrucción. El govern de coalició
del Botànic II -PSPV, Compromís, Unides
Podem- está mostrando su capacidad de llegar a consensos. Salir
de la crisis causada por la Covid-19 bien merece el esfuerzo. No es fácil teniendo
en cuenta que la valenciana es la comunidad peor financiada. Mientras tanto, llegó
el otoño y el virus sigue.
URBANO GARCIA
Imagen: Concentración en Madrid en
defensa de la sanidad pública.JAVIER LOPEZ (EFE)
martes, 15 de septiembre de 2020
KITCHEN
¡Oído, cocina! Pocas veces la opinión
pública conoce lo que se guisa en la trastienda de la política para formarse
una correcta idea sobre la gestión de lo público. Valga esta introducción como
aperitivo al último escándalo protagonizado por el Partido Popular. El río sonaba,
señal de que llevaba agua, pero nos resistíamos a creérnoslo por el ruido
mediático que nos llegaba desde Catalunya. Y es que la formación de la opinión
pública suele estar mediatizada por factores mediáticos, en demasiadas ocasiones
sesgados. El eco mediático de cualquier movimiento del soberanismo catalán es
ensordecedor. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que tanto ruido es malo para la
democracia?
Oímos hablar de la policía patriótica,
que a algunos amantes de la ley y el orden le sonaba a música celestial, y no
nos sentimos amenazados. Oímos hablar de espionaje a dirigentes de Podemos,
esas moscas cojoneras que cuestionan las bienaventuranzas de la Transición, y
no nos dimos por enterados. Ahora la justicia, que a veces llama dos veces, ha
vuelto a poner en tela de juicio la palabra de los dirigentes del PP. “No es
una conspiración del PP, es una conspiración contra el PP”, dijo Mariano Rajoy
rodeado de toda la cúpula de su partido exculpándose de cualquier implicación
en el asunto de los ‘papeles’ de su ex tesorero. La historia, que doy por conocida,
parece sacada de las viñetas del TBO. No le falta detalle. Desde el ordenador
machacado, hasta el conductor espía, pasando por el falso confesor. Toda una
trama para extorsionar a quienes, por posición y rango, eran conocedores de
todas las tretas tejidas por el PP con el fin de sobre financiarse. Y eso no es
broma. Tampoco lo es que la línea Maginot del PP fuera a cargo del erario.
DEL
HILO AL OVILLO
Tirando de un cabo llegamos a la
madeja. La Kitchen y la Gürtel parecen unidas por el cordón
umbilical de la corrupción impune. ¡Impúdica corrupción! Antes que el fuego abrase
al jefe siempre hay un chico de los recados que actúa de extintor, al que se
puede sacrificar sin que nadie llore su pérdida. Jorge Fernández Díaz, ex
ministro del Interior, tenía a Francisco Martínez, ex secretario de Estado de
Seguridad, como su mano derecha, dispuesto a inmolarse en el altar de la patria.
“No me dejéis tirado”, dijo el único imputado por ahora en esta causa antes de
cantar la Traviata. A Jorge Fernández no le bastaba con tener un ángel de la
guarda a su disposición, necesitaba un chivo expiatorio. Así de acaparadores son
los del Opus. Ahora hemos sabido que el excomisario Villarejo está en todas las
salsas. Hasta en el all i pebre valenciano.
Zaplana primero, Camps después,
tuvieron a Ricardo Costa como cortafuegos. Les fue bien mientras el vino y los eventos
corrían a raudales. ¡Qué placer navegar entre los veleros más veloces del
mundo! ¡Qué vértigo dejarse mecer por el estruendoso rugir de cientos de
motores de Fórmula 1! Rajoy aceptó la invitación de Rita y de Camps. ¿Quién renuncia
a semejante bicoca? Todo era excesivo en una Valencia en la que nunca paraba la
fiesta. Hasta el censor González Pons se permitía el lujo de recetarnos ética y
moralina. Tiempos de mayorías absolutísimas que permitían al PP hacer de su
capa un sayo y vendernos la moto como si fuera un Mercedes. El PP ponía la
juerga y Canal 9 la venda en los ojos. Así nos iba.
AHORROS
Cambiando de hilo y madeja, cuando
llegaron las vacas flacas, Montoro y Rajoy encontraron la fórmula para llenar
la despensa del gobierno central: expropiar los ahorros municipales. De Montoro
a Montero. La actual ministra se resistía a ceder a los Consistorios lo que es
de la ciudadanía. El Parlamento forzó la rectificación. El gobierno Sánchez suspenderá
la regla de gasto para que los ayuntamientos puedan disponer de lo que hayan ahorrado
en 2019 y 2020 únicamente, y lo que ahorren en 2021. La crisis sanitaria y sus derivadas
obligan a aflojar el monedero de la hacienda pública. Poco se puede hacer sin invertir
dinero. Bien lo saben los ayuntamientos. Ahora podrán disponer de una parte de
su hucha. ¿Será suficiente? No lo creo. Las arcas públicas no son un pozo sin
fondo. Tras el primer envite de la pandemia están vacías. La única forma de
llenarlas es con nuevos impuestos. Ahí están las empresas tecnológicas sin
cotizar en el país del que sacan los beneficios, o las grandes fortunas. El
debate está abierto. Atentos a las pantallas.
URBANO GARCIA
Imagen: Fotograma de “El cocinero,
el ladrón, su mujer y su amante” de Peter Greenaway.
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