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martes, 21 de septiembre de 2021

15 EUROS

 

Ese es el aumento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) para 2021. Con esta subida se alcanzan los 965€/mes. El propósito de Gobierno y sindicatos es llegar a los 1000€/mes para 2025. Aún muy lejos de los 1.589,47€/mes de Francia, por poner un ejemplo próximo. A pesar de la reducida subida, la patronal española consideró que era inaceptable y, antes de empezar a negociar, se levantó de la mesa. “Subiendo el salario mínimo, se pierden empleos”, dijo Pérez Sala, presidente del Círculo de Empresarios, sin que se le cayera la cara de vergüenza. A fecha de 1 de septiembre, la inflación estaba en el 3%, por tanto, para los sindicatos la subida aprobada se queda muy corta. Lo saben Yolanda Díaz y Nadia Calviño, las dos vicepresidentas que son como las dos almas del gobierno de coalición, la socialdemócrata y la social-liberal. Este pulso parece que ha vuelto a ganarlo Yolanda, discreta pero eficaz negociadora.  

                Próximos a superar la crisis pandémica, el balance en la distribución de la riqueza no puede ser más negativo. En lugar de acortarse la brecha entre pobres y ricos, ésta se ha ahondado más. Lo sabe Agamenón y su porquero. La desigualdad crece, aquí y en el mundo, impulsada por unas leyes (¿del mercado?, ¿del capital?) que dan facilidades a los ricos para evadir impuestos, mientras que aprietan las tuercas a quienes viven de sus sueldos. Como todas las crisis se parecen, para ésta siguen siendo válidos muchos análisis y fórmulas que se mostraron acertados en otros tiempos. Ante situaciones parecidas, parecidas soluciones. La ecuación se cumple: una sociedad pobre no consume. Y sin consumo no hay progreso económico, ni industrial, ni nada. Hay injusticia y desigualdad, antesala de malestar y conflicto.

PROVOCACIÓN

                En ese caldo de cultivo anida el odio y la intolerancia, bien lo sabe esa extrema derecha parasitaria siempre atenta a las flaquezas humanas para hurgar en la herida, ficticia y exagerada. No hace mucho lo vimos en esa bravata montada en Madrid, donde saludando a la romana, con antorchas y banderas fascistas, quisieron sembrar la inquina en calles que respiran respeto. Dice la delegada del Gobierno que autorizó la marcha porque la solicitó un vecino para protestar por la Agenda 2030 (ambicioso programa de Naciones Unidas con el fin de alcanzar 17 objetivos de desarrollo sostenible para dentro de 9 años). El vecino era Alberto Ayala Cantalicio, un conocido fascista madrileño varias veces detenido por agresiones. Y el objetivo de la marcha fascista quedó claro: provocar. En esa incubadora anida la extrema derecha.

Ahora, aunque con escaño en las Cortes, esa extrema derecha monta ensayos de pogrom, imitando los que hacían de verdad las juventudes hitlerianas. Y las teles -públicas y privadas- haciéndole gratis la propaganda. Entre antorchas y banderas asomó una valenciana, la llevaba un fascista conocido por estos lares, José Luis Roberto, propietario de la Levantina de Seguridad. Tal vez fue a Madrid a prepararse para el 9 d’Octubre, fecha en la que el fascio local hace lo que mejor sabe: provocar y agredir a demócratas. Queda poco para la fiesta nacional, veremos qué hace nuestra delegada de Gobierno.

BAJO EL VOLCÁN

Escribo estas líneas con la imagen en la retina del volcán de La Palma escupiendo lava, y lenguas de fuego arrasando lentamente y con macabra precisión todo lo que encuentran a su paso. Rememoro la novela que Malcolm Lowry escribió en 1947, y John Huston llevó a la pantalla en 1984.

Me vienen a la cabeza otras situaciones volcánicas. El bloqueo del Consejo General del Poder Judicial, por ejemplo. Con casi tres años caducado. Con un presidente, Carlos Lesmes -cuya carrera debe al PP- negándose a dimitir, y un PP -cuyo control del poder judicial debe, en gran parte, a Lesmes- negándose a cumplir la Constitución. Por cierto, la nómina de Lesmes ronda los 140 mil € al año. Comparen con la subida del SMI, por ponerme un poco demagógico.

Hace unos días, Ignacio Escolar, desde eldiario.es, diseccionó la trayectoria profesional de Lesmes, y la de algunos de sus colegas del CGPJ, por ejemplo, la de Fernando de Rosa, bien conocido por València, y cuyas entradas y salidas del PP -como las de Lesmes- siempre le han reportado suculentos ascensos profesionales. ¿Quién habla de politizar la Justicia?

También pienso en la volcánica situación en la que Juan Carlos de Borbón ha dejado a la Corona, desprestigiada por un rey emérito que antes de serlo fue comisionista, y después defraudador. ¡Caramba! Y a los empresarios les parece que subir 15€ el SMI nos llevará a la ruina. ¡Válgame dios!  

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Acuerdo ministerio y sindicatos (CCOO y UGT) para subir el SMI. La CEOE no firma el acuerdo. EFE

martes, 14 de septiembre de 2021

DE PIROCÚMULOS Y METÁFORAS

Los habíamos visto en otras latitudes. En California habían arrasado durante días enormes extensiones de terreno dejándonos la imagen de un paisaje antesala del infierno. En 2017, fue en Portugal. Hace unas semanas, en Grecia y Turquía. Incendios devastadores consumen con una voracidad nunca vista inmensas masas forestales. Los científicos ambientalistas nos lo llevan avisando desde hace tiempo. La crisis climática también es esto. Parece un guión de una de esas películas apocalípticas que tanto gustan en Hollywood. Aunque puestos a elegir apocalipsis, la industria cinematográfica tiene en el Afganistán de los talibanes nuevas/viejas fuentes de inspiración. Es amarga la verdad…

Les llaman incendios de sexta generación, en una enumeración pirómana de la que hasta hace pocos días no teníamos ni idea. Nuestro vocabulario se enriquece a golpe de tragedia ambiental. Hace un par de años, por estas fechas, añadimos a nuestro bagaje lingüístico la palabra DANA, siglas de Depresión Aislada en Niveles Altos. Lo de “gota fría” nos sonaba más esotérico y misterioso. Dicen los meteorólogos que el término DANA es más preciso y ajustado al fenómeno que tratamos de describir.

“Danas”, “pirocúmulos” y hasta “piro-cumulonimbos” han venido para quedarse. Cada vez serán más corrientes. Con la crisis climática, los fenómenos atmosféricos extremos tienden a producirse con mayor frecuencia. Grandes temporales alternarán con episodios de extrema sequía, la cual alimentará, más si cabe, los grandes incendios. Y no es que éstos formen parte del catálogo meteorológico, pero van íntimamente asociados. Hay que añadir el factor humano del que hablaba Graham Greene, que el novelista situaba en el ámbito de los espías y no en el de los pirómanos, en donde yo lo sitúo.       

                El incendio de Sierra Bermeja, en Málaga, cerca de Ronda y Marbella, ha destapado nuestra fragilidad. Una más en la larga lista de fragilidades puestas al descubierto en lo que llevamos de siglo XXI. ¿Estamos preparados para sofocar los incendios de sexta generación? Parece que no. Dicen los expertos que este tipo de incendios -como todos- hay que apagarlos antes de que se produzcan. Dicen los expertos que el abandono de los bosques forma parte del mismo paquete que la España vaciada. Se abandonan los pueblos y se deja de considerar el bosque como una fuente de riqueza o de supervivencia. Ya no hace falta leña para la lumbre, ni pastos para el ganado, ni madera para los muebles … Y sin gente, nadie vela por el patrimonio natural. La dinámica capitalista situó el foco en un tipo de desarrollo que se ha demostrado insostenible. ¿Aún no nos hemos dado cuenta? Habrá que corregir el rumbo, piensan muchos. Tengo la impresión de que se acelera la crisis climática. Habrá un punto sin retorno, no sabemos cuándo llegará. Sobran motivos para la angustia. ¡Vayan buscando un método eficaz de relajación!, nos hará falta.  

PIROCLÁSTICO

                Una palabra me lleva a la otra, como si fueran cerezas. La nube piroclástica fue lo peor. Llegó a Pompeya antes que la lava sepultara los cadáveres. Una nube de cenizas y fuego, densa como el tarquín y tóxica como el cianuro, inundó la ciudad imperial. El drama es conocido. Y vamos con la metáfora. Algunos partidos son como nubes piroclásticas, tóxicos y capaces de matar cualquier brote de democracia. Lo vemos estos días en el enésimo aplazamiento de la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Y ya van más de 1000 días y sus mil noches con el mandato caducado. El PP retuerce su argumentario más allá de lo humanamente soportable. Todo para no soltar la presa. Nos creen imbéciles. Piensan que no sabemos que secuestran la justicia para su propio interés. Para bloquearla por tierra, mar y aire. Para inclinar a su favor la balanza de la justicia. ¡Ay, la Justicia!, pobre ciega que piensa que las leyes no son del color del cristal con que las ve quien las aplica. Que los jueces elijan a los jueces. Está muy bien, pero, ¿quién elige a los jueces? ¿Realmente son imparciales?, ¿viven al margen de las condiciones materiales en las que viven? ¿No tienen amigos, socios o colegas? ¡A otros músicos con esas gaitas!

 ORRIOLS

                Aterrizo en este barrio de València del que sólo se habla cuando la violencia sale a la calle. El PP reduce todo a ley y orden, como si la crisis sanitaria, económica y moral pudiera ser embridada sólo con más policía. Eso pide la Catalá, olvidando decir que su partido -el PP- congeló la plantilla de funcionarios, y su alcaldesa durante 20 años -Rita- redujo el número de policías locales lo máximo que pudo. La amnesia del PP resulta insultante. Le gustaría ser como los pirocúmulos, caer del cielo y arrasarlo todo.

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Pleno del CGPJ. DANI DUCH. 

 

miércoles, 8 de septiembre de 2021

DEL ROCE AL CARIÑO

 

Uno lleva al otro. Eso dicen. Sabemos bien que no ocurre siempre. La proximidad -el roce-, si no es libre y voluntaria, puede convertirse en un calvario. No hay peor infierno que convivir a la fuerza con quien te maltrata, por ejemplo. Otra enseñanza de la pandemia. Ahí están los datos para confirmarlo.

El confinamiento obligado a causa de la COVID ha sido, para algunas parejas, el peor de los grilletes. No todas las cadenas son de metal. Ni todas las bridas, físicas. El franquismo hizo del machismo una forma de sumisión. No es el único. “La mujer, la pata quebrada y en casa”, refrán digno de talibanes, sin intención de banalizar la brutal teocracia de la secta afgana. A veces olvidamos de dónde venimos. La dictadura dejó un poso que ahí sigue. Y nosotras/os tenemos la suerte de habernos podido cepillar la casposa herencia franquista. Otras/os siguen arrastrando pesadas losas. La semana pasada, en las páginas de la Turia, hablaba de ello -del machismo talibán- la colega Anna Enguix. Poco más puedo añadir.

DIFERENCIAS

                También hay roce y cariño en política. Más si se gobierna en coalición. En mi opinión, siempre es mejor gobernar en compañía. Amplía la base de representación y favorece el debate dentro del gobierno. De monolitismos dogmáticos hemos tenido bastante, al menos yo. Es verdad que, a veces, une más la necesidad que el cariño. ¡Qué le vamos a hacer! En política, como en la vida, hay pegamentos para todo.

Las diferentes izquierdas, tras años de desencuentros, parece que por fin han dado con el adhesivo que más les une. Su programa para gobernar es su máximo común divisor. Lo mucho en lo que están de acuerdo. Fuera de eso, toca esforzarse para afinar la sintonía. Cuando hablamos de gobierno de coalición, hablamos de diferentes proyectos políticos, diferentes espacios electorales, diferentes historias y liderazgos… Los gobiernos de coalición garantizan el debate y la confrontación de ideas. De esa dialéctica surge el programa para gobernar. Otra cosa es que haya interesados en tergiversar el debate, amplificando el ruido, para que no oigamos las propuestas. Tendremos que acostumbrarnos. El tiempo de las mayorías absolutas parece acabado, también para las derechas, mal que les pese a los nostálgicos del franquismo.

Tanto el gobierno central como el valenciano son fruto de coaliciones de izquierdas y progresistas. Y dentro de ambos se visualizan últimamente algunas discrepancias. En el caso de la Moncloa, una de las más sangrantes es la tarifa eléctrica. Ni el PSOE ni, mucho menos, Unidas Podemos pueden permitirse el lujo de que las empresas eléctricas tengan, en medio de la pandemia, sus máximos beneficios económicos. ¡Es indecente! No sé si pedir empatía es lo más apropiado. El pasado agosto hicieron su agosto las empresas del oligopolio, triplicando el precio del KW/hora de hace un año. Ante ese panorama, es lógico que haya discrepancias y debate. Como los hay a la hora de fijar cuánto y cuándo subir el Salario Mínimo.

EURODEBATE

                También en las coaliciones que gobiernan Generalitat y Ayuntamiento hay debate interno. Son pocos temas -todo hay que decirlo- pero de calado. Al margen de la financiación autonómica, tal vez el más polémico sea la ampliación norte del puerto de València, un proyecto heredado de la etapa despilfarradora del PP, con Rita (RIP), Camps y Zaplana hipotecándonos presente y futuro de forma pluscuamperfecta. Las deudas que nos dejaron -no sólo económicas- nos lastrarán aún por mucho tiempo.

Miércoles 1 de septiembre, el Comité de Peticiones del Parlamento Europeo, a solicitud de un ciudadano, debatió sobre la conveniencia de que la UE pida una nueva Declaración de Impacto Ambiental (DIA), para seguir financiando la ampliación, dados los cambios del proyecto y el tiempo transcurrido desde la anterior. En 2006 no teníamos la percepción actual. Para algunos, la crisis climática y la sanitaria no eran urgentes emergencias a las que atender. Tres lustros después, vemos las cosas de otra manera. Las crisis que atraviesa el capitalismo -no me atrevo a decir que terminales-, nos plantean importantes retos. Uno de ellos es saber cómo luchamos mejor contra la crisis climática. La Consellera, Mireia Mollà, defendió una nueva DIA, también Urtasun, Pineda (UP) y Auken (Verdes). Rodríguez Piñero (PSOE), coincidió con el PP, y con Aurelio Martínez, presidente de la Autoridad Portuaria de Valencia, Sagunt y Gandía: todo está perfecto y no hace falta ninguna otra evaluación ambiental. La presidenta de la sesión, Dolors Montserrat (PP), zanjó el debate tras ver que PP y PSOE estaban de acuerdo con la Autoridad Portuaria en seguir adelante con un proyecto caro, insostenible, contaminante, que apenas creará empleo y que pondrá en peligro nuestro ecosistema, incluida la Albufera. ¿Roce o cariño? ¿Qué dicen los socialistas valencianos?

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Vista aérea del Puerto de València/ eldiario.es


viernes, 3 de septiembre de 2021

COLAPSO

Tan importante es el comienzo como el final del relato. Tanto hay que cuidar la primera frase como la última. Sirve para un libro, un artículo o una guerra. Aunque ninguna guerra empieza ni termina bien. Todas son igual de nefastas. Las guerras de Estados Unidos no son una excepción, no sabe empezarlas ni acabarlas. Lleva tiempo demostrándolo. El final de la guerra en Afganistán no ha podido ser más caótico. “No vinimos a hacer de Afganistán una democracia”, dijo Biden. Eso ya lo sabíamos. Entonces, si no fueron o fuimos a tierra afgana movidos por una causa humanitaria, ni democrática, ¿a qué diablos fuimos? ¿Qué llevó a EEUU a agitar más el avispero de Oriente Medio? Sus sucesivos presidentes han sido claros: para que no hubiera atentados en EEUU. De hecho, no volvió a haber un 11-S en USA. Hubo en otros sitios. No con la magnitud de 2001, pero casi igual de traumáticos. ¿Hemos olvidado el 11-M de 2004? Deberíamos recordarlo para no olvidar de qué calaña son quienes hicieron de la mentira su final de campaña. Era víspera de elecciones y el PP quería que votáramos sumidos en la confusión. ¡Malditos bastardos!

KABUL 2021/ALICANTE 1939

                Hubo antes otros aeropuertos de Kabul. Viendo las imágenes de cientos de afganos queriendo salir de un país que se precipita en su pasado, debería sernos más fácil ponernos en la piel de miles de personas forzadas a exiliarse, obligadas a dejar su casa. Hablo del final de la guerra de España, por ejemplo. No hay guerras ni exilios buenos. Drama para los que logran irse, más drama para quienes no lo consiguen. Unos y otros, infinita angustia ante un futuro cegado. Con unos y con otros, nuestra máxima empatía.

En los últimos 4 días de marzo de 1939, el puerto de Alicante fue uno de los escenarios de la tragedia. El 28 zarpó el Stanbrook con 2.638 personas a bordo. A partir de ese momento, nada. Dolor sin gloria, angustia y, más que miedo, terror. El relato del periodista Eduardo de Guzmán, una de las miles de personas -algunos cronistas hablan de hasta 40.000- que esperaron hacinadas en el muelle alicantino a ser detenidas por los franquistas, es espeluznante y da la medida de aquella tragedia. Solos y abandonados por una comunidad internacional que no hizo nada. O peor, que encerró a los refugiados españoles en campos de concentración. Los de exterminio llegaron después de la mano de los nazis. Ese dolor y ese drama forma parte de nuestra memoria democrática, de un pasado que no deberíamos olvidar.

                La comunidad internacional no es la misma ahora que en los años 30. Aunque, cuando se trata de solidaridad con población migrante -todos los que migran huyen de algo: del hambre o de la guerra-, sigue dejando mucho que desear. A todo colapso le sucede una crisis humanitaria. La hubo en 1939, y la habrá en 2021. “Llega el tiempo de la diplomacia”, dice el gobierno de EEUU. Veremos si es suficiente para ayudar a salir de Afganistán a todos los que quieren abandonar un país en manos de fanáticos talibanes. Y la Unión Europea, ¿qué dice? Por ahora, poco. Acoger acogerá, pero menos de lo que permiten sus posibilidades. La Unión no puede seguir confiando todo en unos EEUU que sólo velan por sus intereses. Estas son asignaturas pendientes que la Unión debe abordar con urgencia. Pero ahora, algunos países de la Unión entran en ciclo electoral, con la parálisis y el incremento de la demagogia que eso conlleva. Y con una extrema derecha siempre dispuesta a sacar rédito político de los peores instintos humanos.   

 MAR MUERTO/MAR MENOR

                Algunos ven tan próximos los términos que confunden el adjetivo. El mar de Aral es un mar menor y se ha muerto en apenas medio siglo. El colapso de la laguna salada de la costa de Cartagena es un hecho denunciado desde hace años por las organizaciones ecologistas. Este verano volvieron a encenderse todas las alarmas al aparecer toneladas de peces muertos en sus orillas. A finales de los años 60’, en pleno desarrollismo franquista, sobre imágenes aéreas del Mar Menor, contaba el NO-DO: “La mano del hombre con su iniciativa y tesón ha hecho habitable esta superficie estéril y desaprovechada”. Medio siglo después, el colapso. En 1994, la Confederación Hidrográfica del Segura autorizó la explotación del acuífero salobre del Campo de Cartagena, los terrenos que rodean el Mar Menor. Hoy hay 42.000 hectáreas de cultivos con hasta 3 cosechas al año, más de 10.000 regantes, el 20% de la superficie cultivada tiene riego ilegal, se utilizan todo tipo de fertilizantes, no se depuran las aguas, … ante la pasividad, cuando no la tolerancia, del gobierno autonómico, competente en la materia. Resultado: la muerte del Mar Menor. El ecocidio de todo un ecosistema marino original y único. ¿Seremos capaces de parar y revertir este colapso?    

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Peces muertos en el Mar Menor/ Marcial Guillén EFE.

 

jueves, 26 de agosto de 2021

BOCHORNOS AGOSTEÑOS

 

Nunca hay dos sin tres. Desde que la Covid-19 nos tiene acogotados, las buenas noticias escasean más que los hipocampos en el Mar Menor. Las malas se suceden en agosto dejándonos sin resuello. El regreso de los talibanes al poder en Afganistán se convirtió en la pesadilla del mes, del año y casi con toda seguridad en una de las imágenes que mejor ilustran el declive del imperio americano. Lo que empezó como una vendetta de Bush Jr. por los atentados del 11-S (2001), terminó como el rosario de la aurora en versión talibán. “Libertad duradera”, bautizó Bush la campaña. ¡Vaya visión! Dos días antes de que Al-Qaeda estrellara cuatro aviones llenos de pasajeros contra el World Trade Center de Nueva York y el edificio del Pentágono en Washington, asesinando a casi 3.000 personas, Ahmad Shah Massoud, comandante de la coalición opositora a los talibanes fue asesinado (9 de septiembre de 2001) por orden de Osama bin Laden, líder de los terroristas, como preámbulo del 11-S. Han pasado dos décadas y cientos de miles de muertos en las lejanas montañas afganas, 75 de ellos en el mortal accidente del Yak-42 (26 de mayo de 2003), cuya responsabilidad el PP de Trillo/Aznar nunca asumió. Diez años después de la invasión, el 1 de mayo de 2011, las tropas imperiales cumplieron su misión de acabar con la vida de Bin Laden (oculto en Paquistán). Las tropas del imperio americano acompañadas por las de los países aliados en la nueva cruzada, permanecieron en el país en el que nunca pudieron reinar ni Sean Connery ni Michael Caine (El hombre que pudo reinar, de Huston, basada en un relato homónimo de Kipling, transcurre en tierras afganas). Trump negoció con los talibanes la salida de las tropas americanas, y puso fecha al abandono. America First! Y así nos va. Las imágenes de los helicópteros sobrevolando Kabul rescatando diplomáticos remitía a las de la caída de Saigón en 1975. Demoledoras para un imperio en declive. Más claves del desastre afgano en la serie Homeland y en La guerra de Charlie Wilson, entre muchas otras. EEUU armó a los talibanes en los años 70, para combatir a los soviéticos. Desde entonces no ha dejado de armarlos. No hay más que ver el arsenal que ahora heredan. Otra bomba de relojería a las puertas de Europa, por si teníamos poco con nuestros propios talibanes. ¡Caramba con el amigo americano!  

 DE CRISIS EN CRISIS

                Nuestros aprendices de talibanes están acojonados desde que sienten el aliento de los neofranquistas en la nuca. Desorientados, les falta un Pablo Iglesias al que crucificar día sí, día también. Mientras se fijan en las babuchas del presidente, les roban la luna. No saben qué cámara de TV mirar. Critican por criticar, mientras los mandatarios de la Unión Europea glosan el buen hacer del gobierno de coalición. No lo tienen fácil, en el PP, digo. Gestionar la complejidad requiere algo más que aplicar el catón que nos dejó el franquismo. Le pasa también al Gobierno, todo hay que decirlo. Predica el acogimiento con los afganos, pero hace devoluciones en caliente o en semifrío de niños marroquíes que no quieren volver a su país. La complejidad también está plagada de contradicciones. Los movimientos migratorios van a más. Y no sólo por la crisis humanitaria en ciernes a causa del carcinoma talibán.

Todo apunta a que la climática superará a todas las crisis anteriores. Agosto nos ha traído algunos ejemplos extremos. Tifones deslocalizados, tormentas apocalípticas e incendios como antesala del infierno. Nada que no hubiera predicho la ciencia. El tiempo de rectificar se acaba. Los que tienen más responsabilidad en cambiar los comportamientos colectivos deberían variar su orden de preferencias. De eso se trata. No basta con avisar que viene el lobo, a veces es mejor no gritar tanto y hacer más.

En medio de la pandemia, y con olas de calor cada vez más intensas y frecuentes, las compañías eléctricas han hecho su agosto. Las privatizaciones que hizo el PP y que el PSOE no pudo o no quiso revertir, nos están costando un ojo de la cara. La factura eléctrica no para de subir, y todos se apuntan al carro de especular. Es lo que ha hecho Hidroeléctrica Española vaciando algunos pantanos para llenar sus bolsillos. Algunas formas de producción de energía son muy baratas. Los costes de sus instalaciones están amortizados y ahora para ellas, todo son beneficios. Pasa con las hidroeléctricas y con las nucleares.

Un gobierno de coalición tiene sus ventajas, incentiva la competencia interna para buscar las mejores soluciones. No basta con quejarse de las puertas giratorias, hace falta aplicar planes de choque para que la factura eléctrica no arruine familias y eche al traste la ansiada recuperación económica.

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Mujeres bajo el burka en Kabul. Hedayatullah Amid/ EFE.


miércoles, 28 de julio de 2021

FALLES FETES FOC

 

En vísperas de la pandemia que aún nos acogota, volvió a editarse la novela de Amadeu Fabregat Assaig d’aproximació a “Falles Folles Fetes Foc”, premio Andròmina de narrativa dels Octubre de 1973. El relato de Fabregat era un ingenioso ensayo-reflexión sobre la valencianía, lo suficientemente críptico y distanciado como para que entonces nadie se sintiera aludido. Mucho ha llovido en los 47 años pasados. Poco queda de aquellas polémicas del tardofranquismo en las que todo estaba por hacer y pensábamos que todo era posible.

Hace unas semanas, el valencianismo volvió a reinventarse, al menos una parte importante de él, la representada por el Bloc, parte contratante de la primera parte de Compromís. El nombre no hace la cosa, pero ayuda. Ahora se llama Més Compromís. Una forma de integrar el todo en la parte diluyendo un poco el esencialismo que en otros tiempos caracterizó al Bloc. Entrados en el siglo XXI, parece oportuno preguntarse, ¿qué es ser valencianista hoy en día? No es fácil la respuesta. Ese debate sobrevoló el congreso de Més Compromís y no está, ni mucho menos, resuelto.

Ahora le queda al ex Bloc y a Compromís lo más difícil, convencer a la mayoría del electorado de que la propuesta valencianista es la más adecuada para gobernar el país que tenemos. Ni más ni menos. La identidad también es lo que los demás piensan que somos. De ahí el interés de algunos sectores reaccionarios en poner etiquetas, hacer creer a los demás que somos lo que no somos. Así fue como, durante la Transición, el blaverismo convirtió, a ojos del personal, el valencianismo político en catalanismo. Con la inestimable ayuda de Las Provincias, todo hay que decirlo. Muchos años después, aún sigue pesando la losa del estigma catalanista. No hay más que ver el rédito que siguen sacándole las derechas. Faltas de programa, rascan de fobias incrustadas en el subconsciente. Rebañan el tarro de las esencias, buscando un resto, por mínimo que sea, al que aferrarse.      

Pero la realidad es tozuda. No hay más que mirar al Cap y casal para ver los buenos resultados. No parece que a las vecinas y vecinos de València les vaya mal con Ribó en la alcaldía. Una de las principales ventajas de ser una coalición, como Compromís, es que permite una pluralidad que quedaría laminada siendo un único partido. Sobran ejemplos. Compromís tiene abierto su futuro, definir qué quiere ser de mayor. Un debate que afecta a cómo las izquierdas hacen frente a los nuevos retos del siglo XXI, con la crisis climática ocupando un lugar preferente. Los partidos del siglo XX asumían todas las reivindicaciones, aunque luego sólo sobrevivían las que tenían el visto bueno de la mayoría. El resto era agua de borrajas.

La política y el valencianismo del siglo XXI pasan por respetar escrupulosamente la pluralidad y defender con uñas y dientes las mejores condiciones para el pueblo valenciano. Por ejemplo, reivindicando con todas las fuerzas una financiación más justa que la actual; o un mayor respeto al medio ambiente.  

FIESTA Y VIRUS

                A menudo surgen contradicciones en la gestión de los asuntos públicos. La política es eso, optar, decidir entre diversas opciones. Entre salud y negocio, entre virus y fiesta, por ejemplo. Es una de las cuestiones que tienen el alcalde y todo el Consistorio encima de la mesa. Las fallas se hacen para ser quemadas. Esa verdad de Perogrullo, ese elogio de lo efímero, de lo caduco, ronda la cabeza de muchos visitantes que lamentan ver los monumentos de cartón piedra convertidos en pasto de las llamas. Tanto dinero gastado, tanto esfuerzo para nada. Combustible per a falles, escribió Fuster en una satírica reflexión, pocos años después de verse él mismo convertido en ninot, en 1963, y ser quemado por pirómanos fascistas disfrazados de falleros. Eran tiempos de intolerancia que unos pocos siguen añorando.  

Ahora toca ver qué hacemos con el combustible para fallas acumulado. A las no-fallas de 2020 le siguieron las no-fallas de 2021. Los monumentos de cartón piedra siguen almacenados en Feria Valencia. Para que la fiesta rebrote en 2022 es necesario quemar lo antiguo, lo viejo. Para que resurja el ave Fénix es necesario cerrar el ciclo. Ese es el tema. Claro, que algunos tienen la cabeza más en el negocio que en la tradición. Ya que las quemamos, aprovechemos para desestacionalizar las Fallas, piensan.

Pero las circunstancias mandan y la cuarta ola de la pandemia se está cebando en quienes aún no están vacunados. Justo quienes más cuerpo de fiesta se les pone cuando se acercan las Fallas. Un poco de trellat nunca va mal. El SARS-Cov-2 sigue suelto y mutando, buscando sobrevivir a unas vacunas que han demostrado ser la mejor barrera contra la primera peste del siglo XXI. Volveré en septiembre.

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Fallas almacenadas en Feria Valencia. G. CABALLERO.


miércoles, 21 de julio de 2021

ESTADO DE SITIO

 

La sentencia del Tribunal Constitucional (por 6 votos contra 5, hay un juez suspendido por una denuncia de malos tratos) contra el estado de alarma ha sacado a la luz algunas de las luces -pocas-, y sombras -muchas-, del alto tribunal. Todo el mundo está alarmado ante una sentencia que declara inconstitucional una declaración de estado de alarma de hace 16 meses. ¡Sí!, 16 meses. Para unas prisas.

Y es que los jueces son seres humanos, con sus tiempos y sus pautas, con sus filias y sus fobias, con sus mochilas cargadas de buenas intenciones, pero también de prejuicios, que se convierten en perjuicios cuando aplican leyes injustas. ¿Quién dice que algunas sentencias judiciales no tengan sesgo? ¿Tan imparciales son las leyes? Si Lacan levantara la cabeza miraría debajo de las togas de los magistrados para ver el pedigrí de cada uno de ellos. Son hijos de su padre y de su madre, como todo dios. Hijos de sus circunstancias, con las que les ha tocado bregar. De sus muchos años enclaustrados preparando unas oposiciones más basadas en memorizar que en la empatía. ¡Sí!, los jueces también deberían ser empáticos. No se trata de que sean Perry Mason ni el juez de la horca, basta con que sean un poco humanos, que piensen que sus decisiones afectan a personas, a sus vidas, a su presente y a su futuro. ¿Cómo se puede discutir sobre el color de los grillos en un edificio en llamas? Se lo preguntaba Wilhelm Reich cuando muchos psicólogos se dedicaban al onanismo intelectual mientras que Hitler ocupaba media Europa. Los libros de W. Reich merecen una relectura, sobre todo La psicología de masas del fascismo, con las cautelas propias de saber que la historia nunca se repite exactamente igual que la primera vez.

Conocemos la sentencia del TC, también algunos votos particulares. El más crítico ha sido el ex fiscal general del Estado Cándido Conde-Pumpido, quien ha calificado la sentencia del TC como política, además de desmontar el argumentario del juez ponente, el ultra conservador González-Trevijano, famoso por no haber encontrado indicio de delito en la falsificación de los másteres de la Universidad Rey Juan Carlos. Trevijano, un asiduo de la fundación FAES, avaló las tesis de los neofranquistas, quienes recurrieron al TC, tras votar a favor del estado de alarma. ¿Cínicos?, seguramente algo peor. Algunos de los otros magistrados que votaron en contra del estado de alarma también frecuentan los cursos de la FAES. Un panal del que fluye la miel y la hiel ultra conservadora. Entre ellos también hay algún magistrado de la llamada cuota progresista, un poco menos conservadora que la cien por cien conservadora. Paradojas.

En marzo de 2021, ante una pandemia desbocada, con el SARS-Cov-2 cobrándose cientos de vidas diariamente, ¿qué querían los miembros del TC? ¿Les parecía poco la limitación de derechos?, ¿querían suspender libertades declarando el estado de emergencia?, ¿hubieran preferido la declaración de estado de sitio? O, ¿añoran la suspensión de derechos que hizo Milans del Bosch el 23F en la III Región Militar?

Los currículos de sus señorías los miembros del TC son públicos, sólo hay que asomarse a la web para conocerlos. No destacaron en su lucha por las libertades, ni los votamos, pero sus tardías decisiones ponen en jaque nuestra democracia. ¿Conocen sus señorías los debates constitucionales que llevaron a la incorporación en la Carta Magna del estado de alerta? Seguramente no. Eso explica que su sentencia no contemple esas circunstancias. ¿Qué hacer con unos magistrados del TC que no conocen la gestación de las leyes que aplican? No contenta con judicializar la política, la derecha judicializa hasta la pandemia. ¿Por qué esa pertinaz insistencia en judicializarlo todo? Nuestra sospecha está más que fundada. 

MEMORIA

                En medio del debate constitucional, se cumplieron 85 años del golpe de Estado contra la II República. El olvido es una pesada losa. Hace unos días, el martes 20, el gobierno aprobó la Ley de la Memoria Democrática. Aunque tarde, es un instrumento necesario -aunque insuficiente-, para impulsar y defender la democracia. Pero, sobre todo, necesario para dar dignidad y justicia a los muertos que aún yacen en miles de fosas. El franquismo nació como murió, matando. Por muy crispado que fuera el debate democrático, y por mucha violencia que hubiera, Franco y sus compinches rompieron violentamente la baraja de la democracia con la voluntad de no reconstruirla nunca. Entre demócratas y antidemócratas no hay equidistancia posible. Franco dio un golpe de Estado, y encabezó una guerra de exterminio. Ignacio Camuñas junto a Casado reivindicó a Franco y volvió a ciscarse en la democracia. ¿Dónde están algunos?

Sin ser lo mismo, ni mucho menos, ¿qué ha sido la sentencia del TC declarando anticonstitucional el primer estado de alarma aprobado por el gobierno? ¿qué alternativa había? Y ahora, ¿qué?

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: Puñetas de magistrado. EFE