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jueves, 25 de marzo de 2010

FALLES 2010


Trenta contenidors cremats en menys de huit hores durant la nit del 19 al 20 de març.

Al llarg dels dies fallers, altres 103 contenidors més han sigut past de les flames a la ciutat de València.

A més, centenars de papereres s'han convetit en pelleringues de plàstic fos...

Es el balanç de les falles de 2010.

FOTO: Urbano Garcia

MULETA Y ESTOQUE

Ante el debate democrático y plural, auspiciado por el Parlament catalán, sobre el mantenimiento o no de la fiesta de los toros en Catalunya, la España más rancia alza el muro del decretazo. ¡Queréis debate!, pues ahí tenéis declaración de Bien Interés Cultural, para que no quede duda de con quién están los del PP. Y se acabó el debate, al menos aquí.

Se levanta la veda identitaria. No vamos a ser menos que Francia. Si los gabachos renuevan su paternidad sobre Liberté, égalité et fraternité, el trípode que sustenta la democracia moderna, la derecha hispana hace suyos los toros y las cadenas.

Es la vuelta a los tópicos. La tradición como excusa para todo tipo de excesos. Aquí, el Consell de Camps -con Serafín, el del parany, a la cabeza- va más lejos, quiere proteger todo tipo de festejo que haga de la tortura espectáculo. Digo tortura, sí. Porque tortura es embolar con brea incandescente las astas de un toro para que embista con más rabia. Porque tortura es banderillear, rejonear y estocar, por muy creativo que nos parezca el léxico taurino. Convertir en disfrute el dolor ajeno, aunque sea de un animal, no parece muy civilizado. Pero en todo caso, nunca prohibir el debate, nunca coartar la libertad mediante un decretazo. Queremos tener la libertad de poder decidir.

FOTOS
Prohibir es lo que ha hecho la Diputación de Valencia, presidida por Alfonso Rus con la exposición “Fragments d’un any. Fotoperiodistes valencians 2009”, organizada por la Unió de Periodistes. Tres décadas después de su nacimiento, la organización de periodistas se ve obligada a defender la libertad de expresión -derecho constitucional- de los políticos que la pisotean. ¡Qué triste! A nadie se le escapa que detrás de la censura de Caturla y Rus está el propio Camps, el más interesado en romper el espejo del 2009. ¡Qué es eso de poner fotos del caso Gürtel en un espacio público!, deben pensar. Confunden gestión con apropiación. No les vendrían mal unas lecciones de democracia.

Vivimos en una cultura de la imagen. La foto, impresa o colgada en la pared, tiene gran poder comunicador. Más que la palabra. Es una ventana a la reflexión fácil de abrir. Entra por los ojos sin apenas esfuerzo. Por eso los tiranos no la quieren libre. Prohíben las que reflejan sus miserias, y fomentan las complacientes. Sólo aceptan las que enseñan su lado amable. Las otras, a la hoguera.

La dimisión de Román de la Calle, director del MuVIM, por ética y estética y por estar en total desacuerdo con el ataque perpetrado contra la libertad de expresión, deja a los actuales gestores de la Diputación valenciana en muy mal lugar, sin coartada ni complicidades. Los deja como son, ni modernos, ni ilustrados, unos zopencos con un inmenso poder. Maestros en matar la libertad. Sátrapas sin ética. Ninots en una feria de vanidades.

FIESTA
En víspera de Fallas, el diario inglés The Financial Times publicó un duro editorial sobre nuestra economía. Calificaba el modelo seguido en la última década por el Partido Popular en esta tierra como paradigma de la vieja economía. Un modelo insostenible, apoyado en sectores con poco futuro, necesitado de mano de obra intensiva y no muy cualificada. La industria tradicional se marchita ante la pasividad del PP. Una estocada. Mientras el peripatético poder judicial deshoja la margarita del caso Gürtel, Camps, el eterno ausente, huye de Les Corts con una agenda de viajes poco justificada.

Pero a las calles de Valencia vuelve la fiesta, el olor a pólvora, el estruendo de las tracas, y el áspero tufo del aceite requemado en el que se fríen bunyols y churros. Las endorfinas falleras impregnan el ambiente y el coso de la calle Játiva vibra otra vez con el espectáculo de la sangre. Pocos se acuerdan en momentos de jolgorio que la fiesta termina, que la vida sigue y con ella la crisis.

Tras la estocada, el toro aún en pie, la cabeza gacha. El torero frente al bicho. La muleta pegada al hocico, quieta como una foto. La puntilla en un puño, asomando entre los dedos índice y corazón. Con un golpe seco, el matador la clava en medio del testuz, junto a la raíz de los cuernos, cortándole la médula y causando la muerte instantánea del morlaco. No es el garrote vil, es una tarde de toros. ¡Viva la fiesta!

Foto: Vicent Bosch EL MUNDO