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miércoles, 15 de julio de 2015

DEMOKRACIA. DESPUÉS DEL REFERÉNDUM GRIEGO

 El resultado de la consulta realizada el domingo 5 de julio por el gobierno griego encabezado por Alexis Tsipras no ha dejado lugar a dudas. Más del 61% de los votantes optaron por marcar OXI (NO) en la papeleta. Mientras que un exiguo 39% sucumbió a la campaña del miedo (¿o sería más correcto hablar de terror mediático?) propiciada por las Instituciones (la antes llamada troika: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea) y amplificada por el establishment hasta niveles ensordecedores.
                  La consulta helena no era la primera vez que se planteaba. En 2011, un acorralado Yorgos Papandreu, líder del PASOK y entonces presidente del gobierno griego, ya hizo amago de convocar a sus compatriotas a que refrendaran la austeridad y los sacrificios que les recetaba la troika. Cual Sisisfo -en acertada expresión de Vidal Folch- acarreó la pesada carga de una insoportable herencia falseada por su antecesor, Kostas Karamanlis de Nueva Democracia, ayudado en el engaño por Goldman&Sachs, la agencia financiera que ha surtido de economistas neoliberales a la derecha europea. En esa nómina está De Guindos, durante años pieza clave en G&S de la península y fichado por Rajoy para granjearle al gallego el beneplácito de la troika.
                  Aquel intento de referendo terminó como el rosario de la aurora. Es decir, la troika obligó a dimitir a Papandreu e impuso un gobierno de tecnócratas, un fiel vasallo para un señor de dudosa moralidad. Y la deuda griega (antes privada y después pública) siguió creciendo a golpe del austero bálsamo de Fierabrás que imponía la troika. Mientras, los bancos –especialmente los alemanes y franceses, los principales acreedores- hacían su agosto todo el año con los crecientes intereses de la deuda. ¿Hay negocio más rentable y seguro?

LA IRA DE ZEUS
                  ¿Cómo es posible que unos ciudadanos europeos sean arrojados a las tinieblas del averno sin que se inmuten las instituciones que deben velar por sus derechos? Algo falla en la Unión Europea cuando eso ocurre. ¿Qué culpa tienen los griegos? ¿Quién falseo las cuentas del país para que fuera admitido en el “paraíso” de la Unión Europea? ¿Quién colaboró en la mentira? Desde 2001, año de la incorporación de Grecia a la moneda única europea, el país heleno se ha visto sacudido por dos grandes impactos.
                  El primero fue el producido por la transición del dracma al euro. Fue rápido, indoloro, con todo el aparato mediático continental cantando las excelencias del cambio. Todo eran parabienes. Todo eran facilidades para dar créditos, la mayoría de ellos no iban dirigidos a modernizar el país ni a su enjuto tejido industrial. Una gran parte se invirtió en las ahora casi abandonadas instalaciones Olímpicas del 2004, y en todo cuanto los inversores consideraban rentable a corto plazo para sus intereses. Grecia es un país eminentemente turístico. ¿Cuántos complejos hoteleros alemanes surgieron a orillas del Egeo? Después de Benidorm, las costas helenas son las más apetecibles para los pensionistas ingleses y alemanes. También Grecia conoció una burbuja inmobiliaria parecida a la nuestra. Y como la nuestra llegó a su fin dejando el paisaje poblado de grúas inmóviles, de construcciones inacabadas, de andamios oxidados,… Pero eso forma parte de las consecuencias. Esa es la segunda parte del drama.  
                  Y es que el segundo impacto fue mucho más traumático. La realidad se impuso cuando comenzó la devaluación del país. Cuando Karamanlis destapó la gran mentira. Cuando la gente empezó a precipitarse por la pendiente de la ruina. Cuando la crisis llamó a la puerta del paraíso. Entonces el drama transmutó en tragedia.
                  Al contagiarse la crisis financiera a la banca, los Estados salieron a su rescate. “Demasiado grandes para dejarlos caer”, dijeron algunos mandatarios. La inyección de dinero público socializó la deuda privada y endeudó más a los estados. A perro flaco todo son pulgas y los países con economías más débiles fueron los peor parados. Los despectivamente llamados PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) se llevaron la peor parte de la crisis. Justamente aquellos territorios en los que las entidades financieras no habían tenido escrúpulos para hacer todo tipo de inversiones –al margen de su dudosa moralidad- aprovechando una legislación laxa con la especulación.       

EL PODER DEL DEMOS
                  “Grecia es, y continuará siendo, una parte indisoluble de Europa. Pero una Europa sin democracia es una Europa sin norte. Europa es la casa común de nuestros pueblos, una casa que no tiene ni propietarios ni inquilinos”, con esas palabras terminaba Alexis Tsipras el discurso en el que convocó a los griegos a manifestar en las urnas su opinión sobre las exigencias de la troika. Era el 26 de junio de 2015. Nueve días después se celebraba la consulta. Periodo breve, sí, pero suficiente para que los bancos griegos y el BCE reaccionasen al referéndum intentando colapsar el país. En el siglo XXI, en la Unión Europea, los golpes de fuerza no tienen que ir necesariamente acompañados de ruido de sables.

                  A finales del siglo XX, el capital financiero impuso en Europa su modelo de unión monetaria. Los pocos países que consultaron a su ciudadanía optaron por mantener sus monedas nacionales. Nadie está dispuesto a ceder soberanía económica –la madre de todas las soberanías- a cambio de nada. Una receta lógica que tiene más que ver con la supervivencia que con el egoísmo. Justo lo contrario que esgrime Rajoy para justificar su beligerancia contra los griegos. “Una cosa es ser solidario y otra ser solidario a cambio de nada”, dice un Mariano paladín de la insolidaridad. 
                  El modelo económico europeo nació con un grave déficit democrático y con una total sumisión a los intereses del capital privado. El BCE, órgano no electo, es el único con competencia para la emisión de moneda. Tiene prohibido prestar a los estados. Sus clientes son los bancos privados, a los que facilita créditos a bajo interés. De este modo, la banca privada financia a los Estados a cambio de un suculento peaje. Poco que objetar si no fuera por que los fondos del BCE proceden fundamentalmente de los propios Estados. De este modo se ha construido un mecanismo perverso para someter el poder político al económico, reduciendo la legitimidad democrática a su mínima expresión. Reformas constitucionales, como la del artículo 135 de la Carta Magna Española, ponen la devolución de la deuda por delante de la satisfacción de las necesidades de las personas. No hay mayor inhumanidad. Por no hablar de la tolerancia de la UE con los paraísos fiscales. O de la esquizofrenia de los partidos socialdemócratas europeos condenados a ser comparsa del Partido Popular Europeo y del capital financiero. 
    
GREXIT
                  La inestabilidad del actual puzle europeo se basa en la existencia de una moneda única en un mercado único, pero con 19 diferentes políticas económicas y fiscales. Cada país tiene la suya. Ese hecho, unido a la asimetría y a las grandes diferencias regionales, eleva el grado de incertidumbre sobre el futuro de la Unión. Aparentemente, la salida más fácil para un país como Grecia, condenado a pagar una deuda que supone el 175% de su PIB, sería salirse del euro y volver al dracma. Recuperaría la capacidad de emisión de moneda. El mercado interno se estabilizaría, se crearía empleo, el turismo acudiría ante la llamada de unos precios muy competitivos, pero Grecia se convertiría en el Reino Unido pobre de Europa. Aunque no temen ese futuro, la mayoría de los griegos prefieren seguir en la Unión y con el euro como moneda.
                  La otra opción es que las instituciones europeas comprendan que el camino de la colaboración y la solidaridad es mucho más rentable que el de la competencia interna. Como apuntan Colletis, Rosé y Salais, en un reciente artículo publicado en Le Monde Diplomatique, se trataría de convertir a los acreedores en inversores, reinvirtiendo los intereses generados por la deuda en el desarrollo griego, ayudando desde las instituciones europeas a modernizar el tejido industrial del país, al tiempo que Grecia reformaría sus estructuras públicas y su sistema fiscal, “así se crearía un círculo virtuoso exactamente opuesto al vicioso que trazan las políticas de austeridad (…), la reactivación de la Europa endeudada sería fructífera para la UE en su conjunto”, dicen estos tres economistas.

                  El empecinamiento de la troika y las derechas europeas, con el PP y el gobierno de Rajoy a la cabeza, en satanizar al gobierno griego de Alexis Tsipras, por temor a que cunda el ejemplo de SYRIZA en los países más endeudados, sólo conduce al lento suicidio de una Unión Europea muy alejada de la que soñaron sus padres fundadores.  

URBANO GARCIA 
urbanogarciaperez@gmail.com

FOTOS:
1. Mapa Grecia. www.siemprehistoria.com
2. Cerámica griega. www.diariodelviajero.com
3. Escena de la Odisea. Ulises y las sirenas. www.luzcultural.com
4. El euro rompe Grecia. www.euribor.com
5. Varoufakis. www.lavanguardia.com



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