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jueves, 5 de octubre de 2017

EL DÍA DESPUÉS

El lunes 2 de octubre todo habrá pasado. ¿O no? Habrá pasado el referéndum, la votación, la movilización,… ¿Habrá pasado todo? Seguro que no. Hay que confiar en que haya pasado la tensión previa a una consulta legitimada por las urnas autonómicas, pero desautorizada por un gobierno empeñado en gobernar de forma autoritaria escudándose en legalismos hechos a su medida. Todo el mundo desea que los nacionalismos rebajen su descarga de testosterona. Que el control emocional se imponga a las pasiones desatadas. Que la violencia siga ausente de un proceso caracterizado por su ausencia. Sería deseable que el 2 de octubre se abriera paso un diálogo hasta ahora imposible. Que la negociación sustituyera a la negación. Lo más probable es que el 2 de octubre estemos en otra página. Tal vez ya en campaña electoral. Tal vez no sólo de autonómicas. La actuación del gobierno de Rajoy en Catalunya ha llevado al PNV a replantearse su apoyo a los presupuestos generales. No todo puede comprarse con dinero y hay actitudes intolerables.
                  “¡A por ellos!”, vitoreaban los hooligans, en algunos cuarteles, a policía nacional y guardia civil que partía rumbo a Catalunya. Ni iban al fútbol ni a una arcaica guerra colonial. Es lo malo de dar soluciones policiales a problemas políticos, como ha hecho el PP. Algunos dirigentes del partido de Rajoy han tirado más leña al fuego proponiendo masivas juras de bandera o actos de desagravio. Todo muy en la línea de aquella recogida de firmas contra el Estatut catalán que hace unos años encabezó el propio Rajoy. ¿Dónde está la empatía entre los pueblos y las gentes de este país de países? ¿Dónde la pedagogía del Estado plurinacional? ¿Qué hemos hecho estos últimos 40 años para estar dónde estamos? Seguro que no lo suficiente. Algunos, muy poco y muy mal.

IVO
                  Durante las últimas 4 décadas, el Instituto Valenciano de Oncología ha sido un centro de referencia para el tratamiento del cáncer. A pesar de ser de gestión privada, la Fundación del IVO ha tenido durante los últimos 40 años un trato de favor por parte de la sanidad pública. Los beneficios han sido mutuos. Más del 40% de los ingresos económicos del IVO proceden de ese contrato especial. Cualquier paciente de la Seguridad Social podía elegir ser tratado en el IVO como si fuera un hospital público. Por otra parte, algunos de los nuevos tratamientos oncológicos han llegado a la sanidad pública valenciana gracias al IVO. Con la sociedad de la información todo es más fácil.  
                  Uno de los objetivos de la Conselleria de Sanitat del Govern del Botànic ha sido revertir el máximo de servicios privatizados por el PP. En unos casos integrando centros, como el Hospital de Alzira. En otros, renegociando los convenios. Este ha sido el caso del IVO. La revisión de su acuerdo ha coincidido con la llegada a su gerencia del ex Conseller Manuel Llombart. Las interferencias políticas han sido inevitables. Manuel Llombart no quiere que el IVO siga atado a la sanidad pública. Prefiere aventurarse por un camino totalmente privado. Algunos fondos de inversiones y empresas internacionales están al acecho para hacer negocio con la sanidad valenciana. Además, Llombart, los gestores de Alzira y el PP piensan que es una ocasión para echar otro pulso a Carmen Montón y al actual Consell. No parece muy ético que el PP se rasgue las vestiduras ahora, después de dos décadas gobernando y tras dejar un desolador paisaje en la sanidad pública valenciana.

CAPITALISMO
                  Hace 40 años, el sociólogo Daniel Bell publicaba Las contradicciones culturales del capitalismo, un análisis de las relaciones entre cultura y capitalismo justo al inicio de su última transformación para adaptarse a una economía globalizada dominada por el capital financiero. Hace 40 años, nosotros transitábamos de la dictadura a la democracia en medio de una ceguera total, sin cultura política e ignorantes de nuestros propios referentes democráticos. Nuestro desfase era absoluto. Cuatro décadas después, tomando como excusa el ensayo de Bell y entrados en el siglo XXI, Ana Noguera y Enrique Herreras reflexionan sobre las relaciones entre cultura, política y capitalismo. Las contradicciones que señalaba Bell en la segunda mitad de la década de los 70’ han roto las costuras de lo que llamamos modernidad. Los Estados nación no son lo que eran. Tampoco las urnas sirven para cambiarlo todo. Como dijeron los autores en la presentación de su libro, la economía es global mientras que la política se sigue jugando en un tablero a escala nacional.
                  El 2 de octubre todo seguirá igual, excepto algunas cosas. ¿Afectará al capitalismo? No creo.

URBANO GARCIA

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