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martes, 12 de mayo de 2020

FASES


Todo el mundo está ansioso por terminar el confinamiento. Pero hay que salir con precaución, el virus sigue ahí, como antes de la cuarentena. Con el obligado encierro hemos evitado que colapse el sistema sanitario. No es poco. Nuestra loada sanidad está escuálida tras décadas mal financiada, haber soportado recortes brutales y ser engullidas sus áreas más rentables por la insaciable sanidad privada. Ahora, más de media España anda reencontrándose en la primera fase. Y es que para los anhelados encuentros no hace falta llegar a la tercera. En la primera ya podemos encontrarnos con amigos y familiares sentados en una cafetería o en las casas. Recomponemos el distanciamiento social, mientras mantenemos el físico. Conviene no olvidar que conservar la distancia interpersonal es la mejor forma de mantener a raya al bicho de nombre SARS-Cov2, sin “d”, para evitar ignorancias como la de Santa Ayuso de IFEMA. ¡Ah!, y llevar puesta la mascarilla. Por respeto a los demás, claro. Asumiremos nuevas costumbres orientales, como asumimos en la Edad Media la higiénica costumbre musulmana de rendir culto al agua. Lo que no asumimos bien es la incertidumbre y la frustración. Nos vendieron que tras correr como si no hubiese un mañana, saldríamos del nido como recién nacidos. Pero no hemos pasado de fase. ¡Ridícula competición! La salud es lo primero.

DESFASADOS
               La peor parte se la llevan quienes estaban listos para subir las persianas y reincorporaron a muchos de sus trabajadores. El Conseller Climent ha anunciado que se corregirán los efectos negativos de la falsa salida y los ERTE anulados antes de tiempo será prorrogados. El paso de fase asimétrico abrió la caja de Pandora de los agravios comparativos. ¿Cómo es posible que el País Vasco sí y el Valenciano no? Aquí hay mejores datos que allí. La clave está en el % de población testeada. Superior en Euskadi. Dice Ximo Puig que ese dato se valoró a última hora. No lo pongo en duda. Pero llueve sobre mojado. El País Valenciano ha sido moneda de cambio demasiadas veces. Sang d’orxata, dicen. Echamos de menos un grupo parlamentario en el Congreso que haga valer los intereses valencianos por encima de otras componendas. A ver si Compromís sale de su ostracismo. Si el primer envite necesitó soluciones globales, el segundo, la desescalada, precisa un ajuste más fino. La estructura autonómica del Estado debe ser el bisturí. Pero ha mostrado sus debilidades. Federal sin llegar a serlo, el Estado también precisa un ajuste. Acabar la tarea iniciada en 1978. Ahí lo dejo. Sin olvidar el discurso del método, estaría bien mejorar la transparencia y la comunicación. Habrá que hacerlo.

LA SALUD, PRIMERO      
Tampoco es fácil gestionar las contradicciones. Ahora que el primer golpe de la emergencia sanitaria está más controlado, hay que decidir entre salud y economía. Un dilema digno del Séptimo sello. Sin olvidar la primera hay que atender la segunda. Un poco de calma no viene mal. Lo peor es precipitarse. Tras el Armagedón, las cenizas. Tras el confinamiento doméstico nos damos de bruces con el modelo económico que teníamos, pero más debilitado. La misma dependencia del sol y el turismo. La misma anemia industrial. La misma dependencia energética. Un modelo de empleo estacional y lastrado por altas tasas de paro. Las mismas ridículas inversiones en investigación y ciencia. La misma brecha salarial. Las mismas tasas de beneficios de empresas tecnológicas que cotizan en paraísos fiscales. La misma jerarquía católica que paga en rogativas, pero no en Hacienda. La misma deslocalización de industrias básicas. Los mismos desorbitados gastos militares… ¿Seguir con lo mismo o mejorar? Ese es otro dilema.
No hay que reconstruir lo inútil, ni hacer “callejones sin salida”. Tal vez sea un buen momento para invertir en proyectos con y para el futuro. Y estoy pensando en las energías renovables, por ejemplo. Y en la rehabilitación de viviendas, ahora que somos más conscientes de sus carencias. Haciéndolas más sostenibles y adaptándolas al teletrabajo, no sólo al de oficina, también al académico y escolar. Y repensar las ciudades, ahora reconquistadas por y para el peatón. Abrir más espacios verdes para su disfrute, más plazas para el reencuentro, más conectadas con su entorno, menos contaminadas. Ciudades para vivirlas más y sufrirlas menos. ¿Cuento de la lechera? Tal vez. Habrá que ponerse manos a la obra para que quienes hacen negocio a costa de nuestro futuro no se adelanten.
 URBANO GARCIA
Imagen: Encuentros en la primera fase. EFE

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