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martes, 21 de julio de 2020

FUNERALES


La vida está llena de ritos y ceremonias. Elaboraciones culturales que nos hacen más llevaderas las mudanzas, las transiciones. Nacer y morir son nuestros tránsitos más importantes. Somos cuando nacemos y dejamos de serlo cuando se nos va la vida. A veces de forma sonora, otras “tan callando”. Para la llegada, la alegría y el gozo están más que justificados. El problema lo tenemos con la salida. Llevamos mal la muerte. Nos cuesta admitir las pérdidas. Más si son de seres queridos. La Covid-19 nos está poniendo a prueba, diría un evangelista. El patio de la Armería del Palacio Real se vistió de luto para homenajear a los muertos por el virus SARS-Cov-2. Ni cruces, ni medias lunas, ni estrellas de David, los funerales de Estado fueron laicos. Creo que es la primera vez que el Estado cumple la Constitución en un tema como éste. Siempre hay una primera vez, aunque llegue con demasiado retraso. Pocos medios de comunicación se hicieron eco de la novedad.
Los funerales en la catedral de la Almudena fueron otra cosa. Fueron unos funerales de la jerarquía católica para calmar la ansiedad de sus feligreses, pero no fueron unos funerales de Estado, por mucho que la diestra siniestra vociferara su añoranza del nacionalcatolicismo. Por cierto, ni Abascal ni Felipe González acudieron a los funerales de Estado. Ellos sabrán. Sí hubo una representación de las instituciones europeas. Aunque no vino Mark Rutte, el ministro holandés, ocupado en vendernos tulipanes como si fueran motos.      

RECONSTRUCCION EUROPEA
               Tras 5 días de maratonianas reuniones, y dejarse muchos pelos en la gatera, la cumbre de la Unión Europea dio su visto bueno a un ambicioso plan de reconstrucción. A nosotros nos tocarán 140.000 millones de €. Mitad y mitad a fondo perdido y como préstamos. No está nada mal. La ayuda está condicionada a que la Unión apruebe la próxima reforma de la mal llamada reforma laboral, la de Rajoy. Los gobiernos más neoliberales no aflojan ni en tiempos de pandemia. Veremos si son tan gallitos cuando llegue la hora de la armonización fiscal. Los Países Bajos no son frugales, son tacaños, insolidarios y hacen dumping fiscal al resto de países de la Unión. “La economía de Holanda es un parásito peligroso que desestabiliza y pone en peligro a Europa, aunque lo sorprendente no es que los holandeses se aprovechen de eso, sino que los demás países lo sigan consintiendo”, dice el economista Juan Torres en Público.
Cada vez que Europa otea una crisis, la Unión se asoma al abismo. Y es que la UE es una realidad política compleja y en permanente construcción. Más o menos despejado el futuro sin Gran Bretaña, la complejidad no ha disminuido. Las dinámicas nacionales, los programas de los grupos políticos, las presiones de los lobbies, la gestión de la moneda única, la lucha de clases, … Todas esas redes construyen una tupida malla que en ocasiones no deja pasar la luz.     
Las ayudas europeas estarán condicionadas a su rentabilidad. Nos vendrá bien fijar criterios, más allá de los ideológicos. Ahí está el eje ferroviario por el litoral mediterráneo esperando inversiones como agua de mayo. O recuperar el liderazgo en energías limpias y sostenibles. Todo muy en sintonía con los olvidados objetivos del milenio. No creo que la Unión Europea desapruebe el plan. Tampoco creo que vea mal la paralización de una ampliación norte del puerto de València, cara, innecesaria e insostenible. Hay alternativas mucho más respetuosas con el medio ambiente, otro de los ambiciosos objetivos europeos.        
Cada vez que una crisis asoma por Europa, oímos los coros acompañando los funerales por la Unión. En 2008, con la crisis financiera, los coros de góspel fueron unánimes y todas las voces cantaron acompasadas la partitura neoliberal. Con la crisis sanitaria no ha sido así. ¡Menos mal! Dos grandes, Alemania y Francia, se han puesto del lado de los países del sur. No es lo mismo una crisis desatada por la especulación y la falta de reglas, que una causada por un virus altamente contagioso y bastante mortal.
“Una de las páginas más brillantes de la Unión Europea”, dijo, en referencia al acuerdo, un Pedro Sánchez eufórico tras superar una semana de infarto. A falta de ser ratificado por el Europarlamento, el plan de reconstrucción, en líneas generales, supone mancomunar parte de la deuda a cambio de caminar hacía una economía más verde y más digital, más limpia y más eficiente. Objetivos que no deberían de estar en contradicción con los de cualquier gobierno progresista. A pesar de los momentos críticos vividos, aún no ha habido funeral por Europa. Esperemos que tampoco lo haya en la letra pequeña.      
URBANO GARCIA
Imagen: Cumbre Unión Europea Reconstrucción, 20 julio 2020. NEWTRAL

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