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jueves, 17 de enero de 2013

EL HUNDIMIENTO


Pasaban unos minutos de las 9 de la mañana. De pronto, el suelo del aula se abrió engullendo a nueve alumnos y una profesora de cuarto de Primaria del colegio público La Hispanidad de Santa Pola. ¡Sí!, en la misma localidad en la que tiene plaza como registrador de la propiedad don Mariano Rajoy. Ocurrió el viernes 11 de enero. Por suerte, sólo hubo heridos. El siniestro podía haber sido peor. “Como caímos de pie, nos salvamos”, dijo uno de los alumnos accidentados. Una semana después, nadie había presentado la dimisión. Hasta ahí los datos de la noticia. Pero la crónica del apocalíptico suceso puede tener también una lectura metafórica.

            Tras muchos años de gobierno del PP, la escuela pública valenciana se hunde. O mejor habría que decir: el PP hunde la escuela pública valenciana, ya que hay un sujeto responsable y no hace falta recurrir a una forma pasiva que diluye la búsqueda de culpables. Claro que el PP valenciano es experto en eso de escurrir el bulto de las responsabilidades. No hay más que recordar qué hicieron y hacen con el mayor accidente del metro ocurrido en Europa. Aquel trágico 3 de julio de 2006, con sus 43 muertos, 47 heridos, y sus 0 responsables, nos colocó en el mapa de la infamia política. ¿Cómo es posible tolerar tanta irresponsabilidad?



MADRES

            La educación pública no es una prioridad para el PP. No es novedad. Su aparente interés terminaba en la cuenta de resultados –económicos, por supuesto- de las empresas constructoras, que con la excusa del mapa escolar hicieron su agosto los doce meses del año. Aquel chollo acabó de forma chapucera, no sin antes haber endeudado las arcas públicas con sobrecostes inasumibles para cualquier economía saneada. CIEGSA (Construcciones e Infraestructuras Educativas de la Generalitat, SA) cerró por falta de fondos –del gobierno valenciano-, más que por no tener ganas de seguir con el momio. Pero la tarea encomendada quedó a medias. Y los barracones siguen presentes en nuestro mapa escolar. Ahora a esta escolarización precaria –por lo del techo, no por la magnífica calidad del personal docente- se suman otras penurias. Con la excusa de la crisis -mantra que igual sirve para justificar un roto que un descosido- se han recortado servicios de comedor y de transporte escolar. Un abandono institucional que se nota especialmente en Primaria, ese tramo educativo que la Consellera Catalá deja a su suerte argumentando que “no es  obligatorio”. Ante esta actitud del Consell, no es raro que las familias levanten un muro de indignación y llenen de ingenio su malestar. Un ejemplo: el colegio Evaristo Calatayud, en la localidad valenciana de Montserrat, ha reducido su servicio de 4 a 2 autobuses, dejando a 83 niños de entre 3 y 10 años sin transporte. Las madres, después de haber hecho varias marchas a píe con sus hijos hasta el centro educativo, han posado en un calendario para recaudar fondos con los que pagar el servicio de autobuses. Carencias similares afectan a pedanías de Valencia como Pinedo o El Saler. En Santa Pola se hunde el suelo, mientras que en el Colegio Público Luis Vives de Valencia se cae el techo. ¿Alguien duda de que al PP le importa un bledo la enseñanza pública? ¿Y a Rita? ¿Le importa a ella cómo están las escuelas públicas del municipio? Creo que no.



BARAKA

            A Rita lo único que le importa es no irritar a Rajoy. Por otra parte, su vasallaje y tolerancia para con la corrupción han convertido la gestión municipal de Valencia en una fosa séptica. La penúltima prueba han sido esos mensajes cruzados entre algunos de los principales actores del caso Noos. Unos correos que dejan bien claro que los negocios en Valencia del yerno de don Juan Carlos, Iñaki Urdangarín, tenían proyección de futuro. Todo apunta a que en los últimos meses la baraka de la alcaldesa se está agotando casi a la misma velocidad que se hunde la de Rajoy. Lo dicen las encuestas. Claro que se trata de un estado de opinión alejado de la próxima cita electoral. A poco que la oposición actúe con inteligencia y sepa ilusionar a la ciudadanía, la era Rita puede llegar a su fin. Figuras como la de Joan Ribó destacan en un cap i casal necesitado urgentemente de una revitalización que lo saque de la crisis y lo ponga de nuevo en la senda de la modernidad.

NOTA: La absolución de Mónica Oltra y Faustino Villora de las acusaciones de resistencia a la fuerza pública por su oposición a los derribos en el Cabanyal, son un nuevo varapalo a la política demoledora de Rita en el barrio marinero.

URBANO GARCIA

FOTO: Diario Información


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