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viernes, 13 de junio de 2014

SUCESIÓN


http://youtu.be/l5eTwHV-CWI
19 de junio de 1707, las tropas de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y coronado como Felipe V, saquean y queman la ciudad de Xàtiva, una de las plazas fuerte del ejército del otro candidato a la Corona de los Reinos de España, el archiduque Carlos, de la casa Habsburgo, o sea de los Austrias. Fue uno de los muchos episodios sangrientos de aquella contienda internacional que se libró en suelo hispano como guerra civil y que enfrentó a las dos dinastías más poderosas en la Europa de principios del XVIII. Fue la llamada Guerra de Sucesión, así con mayúscula. En los aledaños valencianos también se libró una de las batallas más decisivas de aquella disputa dinástica causada al morir sin descendencia Carlos II, el Hechizado, último Austria. Fue en la llanura de Almansa. Allí se desarrolló una de las batallas definitivas, la que le dio todo el poder a la familia borbónica que ya gobernaba con absolutismo -aún sin ilustrar- en los territorios de Francia. Consecuencia de aquella derrota de los Austrias y sus aliados fue la pérdida de los Fueros, la desaparición de las instituciones propias y los Decretos de Nueva Planta. Aquel juego de tronos entre Austrias y Borbones aún colea.

LA CORONA
                  19 de junio de 2014. Todo está preparado para que Felipe de Borbón y Grecia sea entronizado con el nombre de Felipe VI. Del 5º al 6º han pasado más de tres siglos. Una eternidad. Durante ese tiempo, la dinastía borbónica se ha interrumpido varias veces, volviéndose a reinstaurar, casi siempre mediante golpes de Estado más o menos cruentos, más o menos duraderos. El último, no hace falta recordarlo, protagonizado por el general Franco, frenó la evolución democrática del país e instauró una dictadura con tintes fascistas que duró 36 años. Otra eternidad. Sobre ese golpe de Estado se asienta la actual legalidad borbónica. Pero Juan Carlos supo labrarse un prestigio y ganarse una cierta legitimidad optando por ser rey constitucional en vez de dictador coronado. Nada que no sepamos. Pero, ¿es mérito suficiente como para convertir su dinastía en hereditaria? Esa es la cuestión. Felipe V tendrá que ganarse su legitimidad. Lo tiene fácil. La lista de asignaturas pendientes es larga. Empezando por Catalunya. Salvando las distancias, hace tres siglos se planteó un dilema similar. Mientras los Austrias defendían algo parecido a una monarquía federal, los Borbones eran partidarios del centralismo absolutista. Dos monarquías, dos formas distintas de abordar la construcción de un Estado moderno.
                  Felipe V tiene que hacer frente ahora el encaje territorial. Algo que sólo podrá abordar con una profunda reforma constitucional. También tendrá que eliminar de la Carta Magna esa absurda ley  que dificulta el acceso al trono a las mujeres. Felipe V tiene dos hijas. Son algunos de sus retos.
                 
LEGITIMIDAD
                  Como hizo su padre, el nuevo rey también tendrá que ganarse la suya. Tendrá que sacar al país del callejón sin salida en el que se encuentra. Tendrá que impulsar una nueva transición para avanzar en las reformas institucionales iniciadas tras la muerte del dictador. Que se reforme la Constitución del 78 o que se abra un proceso Constituyente dependerá de cómo evolucione el país. De la capacidad de la ciudadanía de coger las riendas de su futuro. Del comportamiento de esas élites empeñadas en que algo cambie para que todo siga igual. De la consolidación de fuerzas políticas no hipotecadas por la Sacrosanta Transición. Felipe V apoyará su legitimidad en su capacidad para acometer los cambios necesarios. La legitimidad republicana surgirá, como tantas veces en nuestra historia, de la incapacidad monárquica para resolver estos retos. Ahora no se trata, como en el 78, de la trágala entre democracia o dictadura. Lo que en estos momentos está sobre la mesa es la calidad de la democracia. O tenemos un Jefe del Estado hereditario o también él tiene que ser elegido en las urnas. Ni más ni menos. De nuevo, la democracia vuelve a estar en juego.
NOTA: En democracia, la legitimidad se gana en las urnas. Pero hay que mantenerla. El mal gobierno y el nepotismo la arruinan. Le ha pasado a Juan Cotino, suspendiendo como diputada a Mónica Oltra. Un abuso.

URBANO GARCIA


VIDEO: Urbano Garcia

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