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miércoles, 17 de noviembre de 2021

DE AQUELARRES Y GERIGONÇAS

 

Ni lo uno ni lo otro. Para las derechas, la reunión del sábado 13 de noviembre de cinco políticas en València (Yolanda Díaz, Mónica Oltra, Ada Colau, Mónica García y Fátima Hamed) fue un aquelarre feminista (Catalá, dixit), un aquelarre izquierdista (dijo Casado), un contubernio, comunistas con burka o fiesta del pijama, apuntaron otros aprendices de brujo. A las derechas no les gusta que cinco políticas en activo, todas ellas “rojas”, todas “violetas”, cada una a su manera, queden para hablar de cómo construir una nueva forma de hacer política, menos agresiva y más empática, con menos ruido y con más nueces.

El encuentro en València levantó expectativas. Tal vez demasiadas. Tejer una alianza que vaya más allá de tomar un café no es tarea fácil. La izquierda peca de purista a la hora de unirse. Siempre hay una coma mal puesta. Queda tiempo, pero no hay que dormirse. Si alguna importancia tuvo la cita en València, es que abrió un camino. No hay más que ver las reacciones que ha provocado. Se juega su futuro no sólo el espacio a la izquierda del PSOE, sino la propia supervivencia de un gobierno progresista. Así lo entendió Pedro Sánchez, que en la clausura del congreso del PSPV en Benidorm no dudó en apostar por la consolidación de ese espacio a su izquierda. Se necesitan mutuamente, nunca está de más recordarlo.

Podemos asume el desgaste de gobernar y se sumaría a un amplio acuerdo. Izquierda Unida y el PCE reman a favor. Más Madrid parece que también. ¿Y Compromís? Sus mejores resultados en unas elecciones generales los cosechó con la fórmula “A la valenciana”. ¿Qué impide repetirla? El valencianismo es el espacio político que más ha evolucionado en los últimos años. Ha logrado cotas de representación importantes a nivel local y autonómico, pero le falta trasladar todo su potencial electoral al Congreso. Para eso tiene que ser percibido como una fuerza política útil, que sus votos sirvan, que sus diputados sumen, que un grupo parlamentario le dé visibilidad, que nadie como ese grupo defienda los intereses valencianos. No es una taifa. Se trata de defender una igualdad que ahora no existe.

 FINANCIACION JUSTA

                De eso se trata. De que los ciudadanos de València, de Requena o del Rincón de Ademuz reciban del Estado lo mismo que los de Burgos, Pamplona o Madrid. De eso va la financiación autonómica. Sin un sistema justo que atienda la población es difícil tener una sanidad o unas escuelas equiparables en todos los territorios. ¿Y la España vaciada? Pues también habrá que atender sus necesidades. El País Valenciano tiene una parte vaciada. Que se lo digan a los habitantes dels Ports, o de Ademuz. Hay zonas en las que apenas tienen un médico para atender una población diseminada en muchos kilómetros a la redonda. Pueblos en los que ha cerrado la única escuela que había por falta de alumnos. Estaciones en las que hace años que no para el tren. Pueblos en los que cerró la única sucursal bancaria que había y ahora les toca a los vecinos, cada vez más viejos, recorrer decenas de kilómetros buscando una oficina para cobrar la pensión. Por eso, y viendo el ejemplo de “Teruel también existe”, la España vaciada va organizándose.         

 FADO

                Vuelvo al acto del sábado en Valencia. Mientras aquí se visualizaba una gran sintonía, en las antípodas peninsulares, en Portugal, se oficiaba el desencuentro. En 2015, Portugal ensayó lo que llamaron la gerigonça, un gobierno de coalición del Partido Socialista (PSP), con Partido Comunista (PCP) y el BLOCO DE ESQUERDA (similar a Podemos), experiencia inédita en Europa. Cuatro años después, en 2019, las tres fuerzas no se pusieron de acuerdo para reeditar la gerigonça. El PSP, con 106 diputados de una cámara de 230 escaños, optó por gobernar en solitario con apoyos puntuales y externos del BLOCO (19 escaños) y del PCP (10). Tras controlar de forma ejemplar la COVID-19, la no aprobación de los presupuestos para 2022 ha llevado a la crisis. El presidente de la República, el conservador Rebelo de Sousa, disolvió la cámara y convocó elecciones. Aumentar las inversiones en sanidad, subir los salarios y la reforma laboral han sido tres motivos del desacuerdo. No hace falta señalar qué posición mantiene cada una de las izquierdas. Hay que saber estirar sin que la cuerda se rompa. Bien lo saben Yolanda, Mónica y Ada, las tres lideresas de tres gobiernos de coalición -estatal, autonómico y municipal-, obligadas en ocasiones a mantener difíciles equilibrios. Portugal es un magnífico espejo. Circunstancias históricas hicieron que el territorio luso construyera su propio Estado. Se habla gallego en ambos lados de la frontera norte. Antes que nosotros, fueron nuestros vecinos quienes exploraron las posibilidades de un gobierno de izquierdas, ahora se enfrentan al resultado incierto de las urnas. No somos iguales. Ni el país ni las izquierdas lo son. Atentos a lo que ocurra en Portugal y atentos a lo que ocurra aquí.

URBANO GARCÍA

urbanogarciaperez@gmail.com

Imagen: “Otras políticas”, sábado 13 de noviembre en el teatro Olympia de València. Ana Escobar/ EFE.   


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