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jueves, 29 de marzo de 2012

EL RELATO

Para entender mejor lo que ocurre a nuestro alrededor siempre viene bien un buen relato. Dicen que eso -un buen relato- es lo que le falta a esta mal llamada crisis, que empezó siendo financiera y ya es sistémica. Digo bien, sistémica, del sistema. Y es que no sólo afecta al bolsillo de ciudadano, que también, es que su partitura toca demasiadas teclas como para ser interpretada por un solista. Un detalle, el precio del litro de gasolina en Francia ya ha llegado a los 2 euros, y nosotros vamos a la zaga. Sabemos que el precio de los carburantes afecta al precio de todas las cosas. Por tanto, el exponencial aumento del coste de la vida parece que apenas ha comenzado. A pesar de la complejidad de la cuestión, hay relatos que nos dan cumplida explicación de lo que ocurre en nuestro pequeño mundo. Uno de los últimos lo ha escrito el biólogo valenciano Ricardo Almenar. Se titula “El fin de la expansión. Del mundo-océano al mundo-isla”. ¿Qué nos cuenta Almenar? Pues ni más ni menos que o cambiamos la idea dominante de desarrollo depredador de los recursos naturales, incluidos los medioambientales, o nuestra civilización está abocada al colapso. No es ser agorero ni apocalíptico, sólo hay que saber mirar y ver.

PROSPECCIONES
                La extracción del petróleo que almacena el planeta cada día es más difícil. Dicen los entendidos que hace tiempo que extrajimos la mitad del volumen de hidrocarburos contenidos en el subsuelo terráqueo. Desde los años 80 del siglo pasado, más o menos, hay que buscarlo a mayor profundidad y con tecnologías más costosas y agresivas. Sólo es rentable por su elevado precio. Buscar petróleo, sea donde sea, es la apuesta energética del PP. Y quiere hacerlo en Canarias y en la costa valenciana. No le importa a la derecha hispana matar a la gallina de los huevos de oro, digo del turismo, con tal de satisfacer la avidez de las compañías petrolíferas. Tampoco le importa que abandonemos el liderazgo europeo en energías renovables. Ese no es su relato, el suyo es el del colapso. Metidos en esa dinámica, el PP valenciano ya no ve objeción alguna a que las plataformas petrolíferas se recorten en nuestro horizonte. ¿Dónde están las voces del PP que clamaban a ZP para que no se hicieran estas prospecciones?    

LA PEPA
                El anticiclón dejó paso a la borrasca y con ella la lluvia. Así fue como el despotismo ilustrado borbónico dejó vía libre al constitucionalismo de La Pepa. Nuestra primera constitución -la de 1812-, a pesar de no ser perfecta, era la mejor a la que podíamos aspirar en un país ocupado por tropas extranjeras y con un imperio en declive. Con La Pepa pasamos de súbditos a ciudadanos. Pero la dicha duró poco, apenas un bienio. Ni Fernando VII ni la jerarquía eclesiástica estaban dispuestos a perder sus privilegios. Y volvieron las cadenas y con ellas la Inquisición. El relato democrático no cuajó y quedó aplazado. Al menos en la primera mitad del XIX. Hubo que esperar hasta la Primera República para ver cumplidos los sueños más importantes forjados en Cádiz. Hubo que esperar a la Segunda para que los anhelos de libertad se impusieran al deseo de los Borbones. Nuestro relato del XIX es el de un país colapsado.

INFAMIA
                Dice el Ministro del Interior que la #PrimaveraValenciana fue una provocación de los violentos. Y en su infame relato exculpatorio echó mano del performance de Dolors Folch, una aspirante a actriz que simuló morir ante la policía. Los relatos del poder suelen ser chocantes. En este caso, ridículos. Tanto como las excusas de Rita para no afrontar su responsabilidad política en el nombramiento de los chorizos que han saqueado la Empresa Municipal de Reciclaje de Aguas de Valencia, o las de Blasco para escurrir el bulto como máximo responsable político del saqueo perpetrado por sus conmilitones en la cooperación para el desarrollo. Matas, Camps, Gürtel, Brugal, …También la corrupción necesita un buen relato.
URBANO GARCÍA

Imágenes:
URBANO GARCIA 

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