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miércoles, 3 de julio de 2019

PUERTOS CERRADOS

Que la extrema derecha cabalga a lomos del más insolidario populismo no es novedad. Lo novedoso es que lo haga delante de nuestras narices. Desde hace tiempo, los partidos de extrema derecha pretenden dinamitar las instituciones europeas. Sus resultados electorales no les permite hacerlo, pero sus mensajes de odio están calando en el hasta ahora monolítico bloque europeísta de derechas. 
                  La Cumbre del G-20, en Osaka, fue la antesala de la cumbre europea. A caballo entre junio y julio, los mandatarios de la Unión se vieron en Bruselas para decidir el rumbo europeo. La transición del “viejo” continente no está siendo fácil. Europa trata de transitar de los arcaicos estados-nación a un poder más democrático y compartido. En esa tarea sobran voceras y faltan líderes. ¡Sí!, los liderazgos también son importantes, aunque suene a viejuno. La derecha de Orban, Salvini, y alguno más que me dejo, presionan para que el tándem Merkel-Macron deje de pedalear. A punto han estado de conseguirlo.
                  Tras maratonianas sesiones, los miembros de la Comisión Europea (jefes de Estado y de Gobierno) “consensuaron” los nombramientos para la próxima legislatura. La derecha que vio tambalear su hegemonía tras los últimos comicios, resiste. Al final ha vuelto a llevarse el gato al agua. La socialdemocracia sacrificó a su candidato, Timmermans, a cambio de colocar a Borrell. Sí, a Borrell. El Partido Popular Europeo seguirá cortando el bacalao. Ahora con nombre de mujer, la alemana Von der Leyen, y la francesa Lagarde. Con la frágil urdimbre europea, cualquier tirón desgarra la tela. Y el brexit llamando a la puerta. Una tragedia. 
                  Aunque para tragedia la que viven los migrantes en aguas mediterráneas. La última fechoría de Salvini ha sido detener a Carola Rackete, capitana del Sea-Watch, acusarla de “secuestrar” a 53 náufragos, y pedirle 10 años de cárcel por aplicar el código marino y salvar a quienes se ahogaban. Ahora Salvini va a por la tripulación del Open Arms que también salva vidas. ¿Se puede ser más infame? No creo.   

LA CINA È VICINA 
                  Igual que las antiguas polis griegas, China coloniza el Mediterráneo ocupando los puertos. El Pireo ya es suyo, y el de València está a punto de serlo, si no lo es ya. Algún día habrá que sacar la pancarta antiglobalización. Ya es hora de decir las cosas claras. El Puerto de València quiere ser etapa en la nueva Ruta de la Seda que cruzará el gran continente euroasiático y que tanto interés concita en el capital financiero. China no es mala apuesta. En la lucha por la hegemonía tecnológica, parece que va en cabeza. De ahí el ataque de celos de Trump y su intento de cortar las alas del 5G con las que vuelan los dragones chinos.     
                  Como decía Deng Xiaoping, y tanta gracia le hacía a Felipe González, blanco o negro da igual el color del gato, lo importante es que cace ratones. A China le da igual dónde esté el muelle para “sus” contenedores. A quienes no les da igual es a los vecinos del Cap i casal. Una de las principales fuentes de contaminación de la ciudad procede de su puerto. Lo lógico sería trasladar el inmenso muelle proyectado frente a la Malvarrosa al puerto de Sagunt, dependiente de la misma Autoridad Portuaria. Así el gato cazaría dos ratones en vez de uno. La contaminación producida por el transporte marítimo no iría a una zona densamente poblada, y tendría mejor solución el acceso norte al puerto que tantos quebraderos de cabeza está causando. Algo parecido decía hace poco un extenso artículo firmado por el colectivo “Terra Crítica”. No estaría de más hacer caso, aunque sea por una vez, a los sabios del lugar.  

DESCONCERTADOS
                  Por cierto, la intelligentsia progresista de la terreta anda un tanto desconcertada con el sainete que algunos medios están haciendo por el ponme una vicealcaldía. No se levantó tanto revuelo cuando Rita que era muy suya, hizo a Alfonso Grau vicealcalde –saltándose a la torera el reglamento municipal- para que se comiera todos los “marrones”. A la Doña le sirvió para decir que ella no había firmado nada, y a Grau para que le cayera un puro judicial de cuidado. Un poco de trellat tampoco nos vendría mal y menos ahora que faltan pocos días para la investidura y parece que no hay demasiado interés en mover ficha.        
URBANO GARCIA
urbanogarciaperez@gmail.com
Imagen:
1. Carola Rackete en libertad. Reuter. 

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