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domingo, 14 de mayo de 2017

EUROPA Y LA SOCIALDEMOCRACIA (I)

Jueves, 30 de marzo. El sociólogo Axel Honneth, uno de los principales herederos de la Escuela de Frankfurt, habla en València de su último libro, La idea del socialisme, editado por la Institució Alfons el Magnànim de la Diputació valenciana. Nada más oportuno tras un fin de semana en que el PSOE inició sus primarias. En el IFEMA de Madrid, Susana Díaz, ante lo más granado del pasado y una parte del presente socialista hispano, incluido Ximo Puig, anunció que optaba a pilotar la nave socialista. “Quiero gobernar desde la victoria”, dijo la lideresa andaluza en su tránsito de costurera a piloto tras meses deshojando la margarita. “Soy de casta de fontaneros”, le gusta repetir, sin tener en cuenta la polisemia de “fontanería”. Por estas latitudes, Pedro Sánchez, arropado por una parte importante de la militancia socialista valenciana, se autoproclamaba portavoz de las bases frente a unos dirigentes con síndrome de abstinencia de pasadas glorias. En el rincón vasco, ante una auditorio convencido, Patxi López se autoerigía profeta del consenso. Pocos dudan de que de los tres candidatos en liza sólo son dos los que verdaderamente compiten. Dos modelos, dos formas de entender el papel del PSOE en el siglo XXI, incluso dos estilos de estar en política. ¿Dos socialdemocracias? Pero, ¿qué es hoy la socialdemocracia?

CLUB DE ROMA
                  El día en que el PSOE se lanzó a la búsqueda de su líder, la élite política europea celebraba en Roma el 60 aniversario de los Tratados económicos con los que nació la CEE. De aquel bautismo liberal con toques de utopía pacifista deriva lo que actualmente es la Unión Europea. Y es que en la Europa del 57 aún estaba muy presente la belicosa primera mitad del siglo XX. Las dos grandes guerras dejaron heridas profundas y la división en dos bloques repartiéndose el territorio. Al este, el socialismo real. Al oeste, el pragmatismo de la realpolitik. En medio, un movimiento obrero fuerte y un capitalismo con rostro humano condenados a entenderse. Socialdemocracia y derecha civilizada unidos por su anticomunismo. Para la primera, paz y crecimiento económico eran sinónimos de sociedad del bienestar. Para la segunda, el freno de la revolución. Hasta que la salvaguarda de los intereses económicos de unos pocos se impuso a los derechos de todos. Con esos mimbres neo liberales se hizo el cesto de la moneda única. Así empezó a joderse todo, que diría un vulgar émulo de Tony Judt. La caída del muro fue la última señal del agotamiento del sueño revolucionario. Cien años después de aquella ilusión colectiva, los partidos comunistas han tenido que reinventarse. Mientras, los socialdemócratas que se creían Fausto a salvo de la debacle, sobrevivían gracias a rentas del pasado y a pactar con el diablo. La socialdemocracia mutó en social liberalismo y sus votantes, sin saberlo, se quedaron huérfanos. Las palabras del eurodiputado laborista holandés Dijsselbloem haciéndose eco de los peores prejuicios hacía los europeos del sur, son uno de los muchos síntomas de la deriva de la socialdemocracia europea. No extraña la pérdida de apoyos en su propio país. En muchos temas, como la austeridad, los tratados internacionales de comercio y finanzas (TTIP, CETA,…) o la tolerancia con los paraísos fiscales, coinciden demasiado la derecha y la mal llamada socialdemocracia. En toda Europa palpita ese drama y el de la secesión. Gran Bretaña nunca dejó la libra, desde la City especuló contra el euro para mantener sus sueños imperiales. Ahora desconecta del todo. ¡Dios salve a los británicos que quieren ser europeos!

REINVENTARSE O MORIR
                  Desafección, cabreo, marginación, miedo, insolidaridad, sálvese quién pueda,… ¿otra vez Europa al borde del abismo? No se vislumbran en el horizonte europeo líderes como los que en los años 50’ fueron capaces de reinventarla. La globalización neoliberal es una amenaza para el planeta. El capital va dónde más beneficio obtiene, sin ninguna traba, ni política, ni moral, ni ética. Las empresas se deslocalizan y crece la desigualdad como en la Belle Époque, preludio de la gran tragedia. Nada está dicho de antemano. Hay alternativas. Hace falta más Europa, pero otra Europa. Se ha avanzado mucho en la integración económica, pero muy poco en la política. Un paraíso para el capital financiero. ¿Dónde está esa Europa de los ciudadanos de la que tanto se hablaba hace unos años? Organizar la convivencia es una de las funciones de la política. También reducir al máximo las desigualdades. Ni el mundo, ni Europa, ni nuestro país son los mismos que hace unos años. Los cambios han sido muchos y rápidos. Todo hay que reinventarlo. Hasta la socialdemocracia.

URBANO GARCIA

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